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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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Tensión y amenazas de muerte

En el banquillo de los acusados, seis integrantes de una misma familia, conocida policialmente como el Clan Madriles y acusados de haber retenido contra su voluntad a una joven

Un momento de la primera jornada del jucio celebrado en la Audiencia provincial de Ourense /

Un rapto durante el cual la víctima sufrió todo tipo de vejaciones, o una estancia voluntaria a la que la denunciante podría haber puesto fin en cualquier momento. Son las tesis opuestas sobre los hechos que tuvieron lugar entre el 7 y el 26 de enero en una infravivienda de la capital ourensana y que desde este miércoles se juzgan en la Audiencia Provincial de Ourense. En el banquillo de los acusados, seis integrantes de una misma familia, conocida policialmente como el Clan Madriles y acusados de haber retenido contra su voluntad a una joven con la que uno de ellos, Javier G. J., había pasado una noche. Tras aquello, el 6 de enero volvieron a coincidir, pero ella cree que él le echó droga en la bebida para forzarla sexualmente y, después, llevarla a su casa, en la rúa Dalia. «Me desperté en la cocina, llena de golpes y rodeada de toda la familia», explicó. Contó que Javier le quitó el móvil y que, en los días posteriores, sufrió todo tipo de abusos. Le daban alcohol y drogas y la obligaban a salir a robar, además de forzarla sexualmente, siempre Javier, golpearla y privarla de comida. «Si lloraba era peor; me hice su amiga para poder salir viva», relató. El acusado dijo ser inocente. «Ella quería casarse conmigo», aseguró, negando haberla retenido y llamándola «problemática». Sus padres y hermanos corroboraron esta versión, si bien la progenitora, Ana J. G., admitió que ella le tenía que dar la comida a escondidas a la víctima, a la que ponía «miel y vinagre» para disimular sus hematomas.

No es la primera vez que los integrantes del Clan de los Madriles se ve involucrados en hechos delictivos. Por ese motivo para el juicio de la Audiencia provincial se puso en marcha un especial dispositivo de seguridad encaminado a evitar enfrentamientos entre los seis acusados y los familiares de las víctimas. Hasta apenas unos minutos antes del juicio la entrada al pazo de Xustiza permaneció acordonada e incluso se retrasó el acceso de los medios de comunicación a la vista.

No fue posible, sin embargo, evitar que dentro de la sala surgieran las rencillas entre los propios acusados, llegando a producirse situaciones violentas que requirieron la presencia de ocho agentes policiales. Fueron continuas las intervenciones de Javier, el principal acusado, quien terminó expulsado de la sala tras se haber sido advertido en varias ocasiones de que no podía hablar, pero el momento más tenso se vivió tras el interrogatorio de su hermano Alberto. Aunque exculpó a Javier del rapto, sí reconoció que su hermano tiene un carácter violento y que había pegado en alguna ocasión a su madre y a su padre, un hecho que motivó que él decidiera poner tierra de por medio. «Me fui a Asturias para no meterme con mi hermano, porque yo también soy agresivo. Él es un lobo, y yo otro lobo», reconoció. Preguntado por si sabía que a la víctima la habían sometido a abusos sexuales, negó tajantemente ser conocedor de ello. Y fue mas allá. «Si llego a saberlo, mato a mi hermano», advirtió antes de recibir respuesta del aludido: «O te mato yo a ti». Tuvieron que intervenir los agentes para separarlos y Alberto fue obligado a abandonar la sala.

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