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Martes, 19 de Noviembre de 2019

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Dorantes, Pardo, Benavent y Di Geraldo, un monumento al flamenco sin guitarra ni voz

El festival cartagenero apuesta por los nuevos caminos de este arte declarado patrimonio inmaterial de la Humanidad

La noche del sábado el Cartagena Jazz Festival rezumaba sentimiento “por los cuatro costaos”. Porque una de las manifestaciones artísticas más viscerales, el flamenco, tomó posesión de la escena con autoridad, con la presencia de un elenco que ha hecho de la heterodoxia su bandera para reafirmar, contra los incrédulos y los puristas, que se puede ser tan flamenco como el que más prescindiendo de las principales señas de identidad del género: la guitarra y la voz.

Los protagonistas en esta ocasión fueron el prodigioso piano de Dorantes, en la primera actuación, y el saxo y flauta travesera de Jorge Pardo, el bajo de Carles Benavent, y la batería de Tino di Geraldo en la segunda.

El flamenco es un arte universal que fue declarado patrimonio inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010. Hubo un tiempo en que los puristas se rasgaban las vestiduras -literalmente, la camisa- por la ortodoxia que era, para ellos, seguir los cánones del toque a la guitarra, el cante y el baile. Pero esos guardianes de las esencias se tuvieron que rendir a la evidencia de que hay otros caminos que explorar y que la pervivencia del género depende en gran medida de la capacidad para atraer nuevos públicos abriendo mente y oídos a otros instrumentos y a otras formas de interpretarlo.

Por tanto, la influencia y el mestizaje están servidos, y en los artistas que se subieron a las tablas del cartagenero Teatro Circo está la evidencia.

Para empezar, Dorantes dio una magistral lección de virtuosismo a las teclas, poniendo alma y corazón en unas interpretaciones llenas de vida, que trasmitían estados de ánimo, más allá de la mera sucesión de notas. Brillaron especialmente piezas como “Batir de alas”, que dedicó a su madre, o el archiconocido “Orobroy”, una obra maestra del piano flamenco. Y para culminar, “Semblanza”, otra canción llena de luminosidad que encandiló a la audiencia.

David Dorantes es un artista de la localidad sevillana de Lebrija emparentado con la familia Peña, la de Juan Peña “El Lebrijano” y desde la cuna ha vivido el flamenco como algo innato. Se hizo acompañar en Cartagena por un sobresaliente contrabajista, Javier Moreno, y por el percusionista Isidro Suarez.

Perfectamente conjuntados, era imposible mayor armonía de notas pese a la dificultad que el jazz entraña. Y si hay que hacerlo a la velocidad que el flamenco impone, más impresionaba la calidad musical de este trio. No en vano, David Dorantes ya fue calificado al inicio de su carrera como “el Paco de Lucía del piano”. No es poca cosa.

Para completar una velada inolvidable salieron al escenario Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino di Geraldo. Son ya dos décadas las que contemplan tan variopinta unión, y el resultado es una perfecta armonía, con un toque que, de no ser porque se trata de distintos instrumentos, parecería fusionar las notas en una sola, con total precisión. “Flamenco leaks” (“Fugas de flamenco”) es el último disco de este trio, en el que basaron su actuación.

Alternó Pardo los dos instrumentos en los que sobresale: la flauta travesera y el saxo, mientras Carles Benavent daba una clase magistral de velocidad al bajo eléctrico (algo sumamente difícil, ya que el ritmo del toque flamenco no se parece a nada), aportando sentimiento y alma, como si las notas fueran una prolongación de su alma, o la expresión en carne viva de su estado de ánimo. La batería de Tino di Geraldo daba consistencia al conjunto, con una magistral interpretación y la demostración de que es uno de los más reputados músicos de estudio, presente en muchas de las principales grabaciones de la historia musical de España. Y en directo, aún más y mejor.

Cartagena Jazz Festival

En el repertorio del trio hubo guiños para grandes del flamenco, como Camarón, con un acercamiento a “La leyenda del tiempo” (qué curioso que los puristas renegaran de esta obra del genio de la Isla y devolvieran en masa el disco a las tiendas) o, en territorios más cercanos al jazz, de Chick Corea, con quien también han colaborado en repetidas ocasiones.

En suma, una actuación memorable que demostró que en cuestiones musicales no se deben poner puertas al campo, que los caminos son libres, y que el flamenco también se enriquece con propuestas arriesgadas como las que pudimos disfrutar en Cartagena.

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