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Sábado, 18 de Enero de 2020

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La primera vez de El Kanka en el Falla

El cantante malagueño rebosa el teatro gaditano con la alegría de cumplir un sueño

El Kanka, de negro, señala al público del Falla en su primera vez en el teatro gaditano /

Esta es la historia de un cantante de bares, de conciertos donde caben dos. Y es también la historia de un cantante que llena teatros. De conciertos en los que si caben dos, también caben mil. Es la historia de un joven soñador que con sus canciones se confiesa, se enamora, se disculpa, se engrandece, se divierte y se felicita de vivir donde vive. Es la historia de sueños no soñados, de ilusiones cumplidas, de momentos únicos. Tan únicos y maravillosos como pisar por primera vez un teatro para cantar dos días consecutivos con las entradas agotadas casi al nada de ponerse a la venta. Esta es el historia de El Kanka y su primera vez en el Falla.

El Kanka quiere a Cádiz. Y Cádiz quiere a El Kanka. Esta apasionada historia de amor comenzó hace casi una década cuando Juan Gómez Canca se presentó como El Kanka en el Café Teatro Pay Pay en 2011 y se llevó el premio al mejor cantautor. Y el idilio se ha mantenido a base de besos en locales pequeños, chiringuitos de playa o festivales en Campano. Pero faltaba la primera vez en el Teatro Falla y, casi como las novias que llegan puras al matrimonio, El Kanka admite que nunca antes había pisado el teatro gaditano. Ni siquiera de público. Como si se hubiese preparado durante años para llegar a virgen a este 4 de diciembre.

Pero la virginidad de El Kanka con el Falla tiene sus pecados previos. Mucha admiración ante los carteles de sus compañeros, muchas horas de televisión viendo el carnaval. Así que se ha imaginado mucho este momento.

Se abre el telón y aparece El Kanka. No está solo. Está con Antonio Martínez Ares y su comparsa vestida de paisano. Se marcan Desde lejos, una oda a las dificultades de los amores a distancia. "Gracias por permitirme esta excentricidad, pero es que estoy cumpliendo un sueño", agradeció emocionado al público tras estrenarse en el escenario del Falla.

Fue su única licencia, porque, a partir de ahí, El Kanka repasó su ancha carrera resumida en 22 canciones más, que interpretó con cariño y encanto, aunque algo estricto, sin salirse del guion. Así sonaron Volar, Para eso canto, Guapos y guapas, Llámame fino o Para quedarte. "Para una vez que vengo al Falla y me pilla con un trancazo", confesó entre risas. "Estoy tomando tequila del tiempo". Pidió disculpas por si en una de sus canciones se quedaba sin oxígeno. "Sería bonito morir aquí, sobre todo para vosotros, que os llevariais una pedazo de anécdota". Interpretó así su Querría, A dieta de dietas o el Refunk, que cansa cantarla "como si se hicera crossfit".

El Kanka gusta porque no hay nada fingido, porque su sencillez es real, porque sus canciones cuentan su vida y la vida de la gente. Presenta en verso a sus potentes músicos: Carlos Manzanares Avatar, El Manin, Pedro Campos, Álvaro Ruiz y José Benítez, sus Sancho Panzas, sus compañeros rellenos de canción, sus plurimúsicos.

El público va dejándose llevar. Tatarea su himno a Andalucía, cumple a la perfección la invitación de El Kanka de cantar Baila como quieras bailar en estéreo, le grita "Esto sí que es una chirigota" tras interpretar Payaso y se emociona con Por tu olor, Confesión o Tienes que saltar, ésta última en versión íntima con Álvaro Ruiz, uno de los momentos más bonitos del concierto.

Llegan los grandes éxitos: Sí que puedes, Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, Canela en rama y el estallido final de A desobedecer, que levanta a parte del público. En los bises, El Kanka canta a la felicidad del orgasmo en la rumba Después de esta mañana, al amor irracional de Me gusta y el canto a la vida de Qué bello es vivir.

Y, como empezó, El Kanka quiso despedirse de su primera vez en el templo gaditano con carnaval. Homenaje a Manolo Santander al hacer sonar su mítico Me han dicho que el amarillo, coreado por el público. Seguramente no lo sabía, pero Meli, la viuda del chirigotero, estaba en tercera fila del patio de butacas. Manolo y ella habían comprado las entradas para ir juntos.  Pero no pudo ser.

El Kanka había soñado muchas veces este concierto. Quizá no se había imaginado resfriado, con los oídos taponados y dificultades para respirar. Tampoco sabía que en su primer concierto en el Falla una pareja en un palco se iba a apretar fuertemente la mano en cada canción de amor, que en la primera fila fans acérrimas tararearían cada letra de sus canciones, que en el paraíso un bebé de 10 meses bailase sus canciones mientras sus padres sueñan con llevarle también al cierre de gira en el Wizink Center, o que un carnavalero ilustre reviviese en el Falla en la emoción de su viuda sentada en tercera fila. Las primeras veces son así. Imprevisibles, ingobernables e inolvidables.

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