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Jueves, 27 de Febrero de 2020

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Fernando Trujillo

'Lo importante y lo ridículo en educación'

Nuestro sistema educativo tiene como objetivo intentar conseguir que todo el alumnado tenga éxito en su escolarización

Fernando Trujillo.

Fernando Trujillo. / radio Algeciras

Estoy en Santa Cruz de Tenerife. He venido hasta aquí para conocer de primera mano el Programa Tránsito, probablemente una de las mejores iniciativas en nuestro país para luchar contra dos de los problemas más importantes en educación: el fracaso y el abandono escolar en Educación Secundaria Obligatoria.

Nuestro sistema educativo tiene como objetivo intentar conseguir que todo el alumnado tenga éxito en su escolarización, sean cuales sean su punto de partida, sus condiciones o sus características personales. La escuela debe ser, y normalmente lo es, una palanca para el desarrollo integral y armónico de la persona.

Sin embargo, en el paso entre Educación Primaria y Secundaria se nos pierde un porcentaje significativo del alumnado, independientemente de que hablemos de centros públicos o privados. La propia adolescencia, el cambio de grupo de amistad, la mayor complejidad de las tareas académicas o la progresiva autonomía para pasar a la vida adulta hacen que el salto de Primaria a Secundaria sea todo un reto para nuestros niños y niñas.

Pues bien, en Canarias se han dispuesto a intervenir desde los centros educativos para que el tránsito de una a otra etapa sea lo más fluido posible y que se minimicen así los problemas. Para ello se han creado estructuras de coordinación administrativa y pedagógica; los docentes mantienen abiertos flujos de comunicación y vías de colaboración y las familias comparten con los centros tanto la información sobre sus hijos e hijas como las tareas que les corresponden como responsables de la educación en el hogar.

En resumen, ante un problema importante para nuestros jóvenes y nuestra sociedad la escuela canaria ha generado una posible solución y se están empeñando en hacerla viable.

Mientras tanto en la península hay políticos empeñados en manchar el buen nombre de la escuela, ocultando las muchas actuaciones que en ella se hacen para formar a los más jóvenes para un futuro mejor. Se han empeñado en hacer de la escuela un problema en lugar de ayudar a la escuela para que pueda resolver los problemas reales de la sociedad. En lugar de ayudarnos con una mejor financiación o unas buenas condiciones para enseñar y aprender, ahora se dedican a ocultar lo importante con lo ridículo y confunden a las familias haciéndolas desconfiar de la escuela como entorno de aprendizaje y crecimiento.

No caigamos en la trampa: el problema de la escuela española no es el pin ni la religión. El problema de la escuela española es conseguir que actuaciones como el Programa Tránsito y muchas otras iniciativas valiosas que brotan por doquier se generalicen sostenidas por una legislación adecuada, un presupuesto ajustado a la importancia del reto y por un compromiso inquebrantable y trascendente de toda la clase política y toda la sociedad por la mejora de la educación.

No hagamos de la educación un campo de batalla o las uvas de la ira serán la fruta que recojamos al final de la confrontación.

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