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Jueves, 27 de Febrero de 2020

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Opinión pública

Es asqueroso y mata a millones de personas

La reflexión de Ana Díez, médico de familia

Ana Díez, médico de familia

Ana Díez, médico de familia / Cadena SER

El tabaco es asqueroso. Así de claro. Mancha el ambiente con el humo, da mal olor a la casa, a la ropa, a la piel y al pelo, oscurece los dientes y las paredes de la habitación.

Si hablamos de la afectación del estado de salud, las consecuencias son todavía más desastrosas. Las autoridades sanitarias avisan de que el tabaco causa la muerte a más de 8 millones de personas al año, y no solo por consumo directo, sino también por la exposición involuntaria al humo que genera.

El tabaquismo se asocia al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, procesos cancerosos del aparato respiratorio, digestivo y urinario.

Incluso el vapeo, ese cigarrillo electrónico, publicitado como alternativa segura al tabaquismo, no está libre de consecuencias negativas. Científicos de diversas universidades han demostrado que provoca manifestaciones respiratorias similares a la bronquitis, al asma y a la insuficiencia respiratoria.

Llevo años, mejor dicho, toda la vida buscando un aspecto positivo que justifique el consumo de tabaco. He buscado e investigado con buena voluntad, pero no he sido capaz de encontrar argumentos a favor.

En el estado de salud influyen muchos factores. Algunos son incontrolables, como los transmitidos genéticamente. Otros sí podemos controlarlos, pero no las autoridades sanitarias, no. Nosotros mismos. Me refiero a la alimentación, al ejercicio físico, al consumo de sustancias tóxicas. Pues bien, entre estas sustancias se encuentra el tabaco.

Además, provoca tal grado de dependencia, que en algunos hogares el gasto económico por el tabaco hace que dejen de cubrirse las necesidades básicas, como la alimentación y la vivienda, lo que causa un empeoramiento de la salud.

No hay que olvidar el enorme coste que genera la atención de pacientes con problemas derivados del tabaco y que presentan patologías crónicas. Pues muchos de estos problemas podrían haberse evitado. Y se dan muchos pasos para conseguirlo. Se ha prohibido su publicidad. Afortunadamente, ya no se puede fumar en lugares cerrados. Por supuesto, tampoco en el trabajo. Pero hay que seguir insistiendo en la reducción y desaparición del consumo de tabaco. Tenemos que conseguir que cada vez sea menor el número de adolescentes y niños que se inician en su consumo, y mayor el número de fumadores que abandonan este nocivo hábito.

Todas las campañas relacionadas con la promoción de la salud pública, basadas en criterios científicos, han conseguido altos niveles de salud entre la población. Desde hace mucho tiempo, también se hacen de manera constante, campañas contra el tabaco, se publican artículos científicos sobre las graves consecuencias del tabaquismo.

Pero sigue habiendo jóvenes y no tan jóvenes que se enganchan a esta droga. Sin embargo, aunque el tabaco es adictivo, se puede dejar. Con total seguridad. Conozco casos de personas que han fumado varias cajetillas diarias durante más de 40 años y lo han conseguido. Si uno no tiene suficiente fuerza de voluntad para hacerlo por su cuenta, hay profesionales que ayudan muy eficazmente a lograrlo.

Reconozco que he encontrado un resultado que algunos pueden calificar de beneficioso. Únicamente para los que lo comercializan. Y para las arcas del Estado, claro, que se llevan una parte del dinero en impuestos aunque gaste otra cantidad también importante en el tratamiento de estos pacientes. Pero, para nada más; para nadie más.

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