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Miércoles, 01 de Abril de 2020

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La Región de Murcia tuvo once campos de concentración en los primeros años del franquismo

Los más importantes estaban en las ciudades de Murcia, Cartagena y Lorca

El castillo de la Atalaya, utilizado como campo de concentración para presos de la Marina Republicana durante los primeros años del régimen de Franco

El castillo de la Atalaya, utilizado como campo de concentración para presos de la Marina Republicana durante los primeros años del régimen de Franco / Ayto. Cartagena

Carlos Hernández de Miguel, experto en comunicación empresarial y política viene este lunes 10 de febrero, a las 20.00 horas, a la biblioteca del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, a presentar su libro Los campos de concentración de Franco, donde pretende arrojar luz sobre uno de los capítulos menos estudiados y conocidos de la represión franquista.

En la Región fueron 11 los campos de represión del régimen franquista, entre ellos los situados en Mortalla, Caravaca, Jumilla y Archena. Sin embargo, destacan los tres grandes complejos situados en las ciudades de Cartagena, Murcia y Lorca. En la ciudad del Sol hubo dos, en la plaza de toros y el cuartelillo de aviación, y por donde pasaron unas 6.000 personas, aunque Hernández de Miguel los cuenta como uno solo. Lo mismo pasa con los tres de la ciudad Murcia, situados en los conventos de las Isabelas, las Agustinas y las Claras, ya que en ambos casos estaban a cargo del mismo mando militar.

En Cartagena por su parte se utilizaron tres fortalezas, Atalaya, San Julián y Fajardo, así como otro edificio administrativo en los límites del término municipal de Cartagena con La Unión. Se utilizaron especialmente para mantener a presos de la Marina republicana, y en ellos se fusilaron a más de 180 personas.

Los campos de concentración fueron la primera pata de un sistema represivo, un holocausto ideológico, que convirtió a toda España en una inmensa cárcel repleta de fosas. En ellos, presos políticos y prisioneros de guerra fueron asesinados, murieron de hambre y enfermedades, padecieron todo tipo de torturas y humillaciones. Estuvieron activos hasta finales de la década de los 40.

No fueron campos de exterminio masivo pero sí selectivo entre aquellas personas vinculadas a la democracia republicana. Aproximadamente un millón de españoles pasó durante esos años por estos campos, en condiciones pásimas y obligados a realizar trabajos forzados, no solo militares sino también civiles vinculados a la democracia.

Carlos Hernández de Miguel es periodista y experto en comunicación empresarial y política. Ejerció de corresponsal de guerra en diversos conflictos internacionales, como Kosovo, Palestina, Afganistán o Iraq. En 2015 publicó su primer libro, Los últimos españoles de Mauthausen.

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