X
Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarte publicidad personalizada a través del análisis de tu navegación, conforme a nuestra política de cookies

Radio Madrid

La historia de Beatriz Galindo, "La Latina" que da nombre al barrio de Madrid

Beatriz Galindo fue profesora de las hijas de Isabel la Católica, a quienes enseñó lenguas clásicas. Y mucho más. En este 8 de marzo, Espido Freire nos recuerda a una salmantina que dejó su huella en la capital

Your browser doesn’t support HTML5 audio

Hay un capítulo entero de historia en cada barrio de Madrid, y una página notable en el de La Latina, un barrio nombrado por una mujer; es más, por una intelectual. En el breve espacio entre el Renacimiento español y el cierre de fronteras de la Contrarreforma, se dio un cambio educativo importante entre la más alta aristocracia. Las hijas de Isabel la Católica, destinadas a los tronos europeos, hablarán y escribirán buen latín, leerán griegos, conocerán de filosofía y de retórica: sus maestras, a su vez, habrán sido un puñado de mujeres bien formadas, hijas muchas de ellas de preceptores, niñas prodigio en su campo, conocedoras del mundo antiguo y de las normas de la corte. Mujeres ridiculizadas, como lo han sido siempre las que deseaban estudiar o querían saber.

Entre ellas encontramos a Beatriz Galindo, La Latina: nacida en Salamanca, en 1465, eludió el destino habitual de las mujeres con facilidad para el estudio, el convento, quizás a su pesar. Fue amiga y consejera de Isabel de Castilla, y sin duda formó a sus hijas en lenguas clásicas. En los últimos tiempos sus conocimientos y su puesto han sido cuestionados; ella misma se consideraba una simple Moza, o Criada de la Reina. Algunas voces contemporáneas indican que se exageraron su formación y su conocimiento, y que no pasaba de conocer la lengua y de ser una mujer ilustrada, con la principal virtud de haberse ganado la confianza de la reina. En un día como hoy, el que resten méritos a una mujer destacada suena a historia ya contada en infinidad de ocasiones.

De este grupo de mujeres sabias, o Puella doctae, la que logró mayor influencia fue La Latina, y mis predilectas, las hermanas Sigea. Como ocurre con otros autores clásicos, su obra se ha perdido casi en su totalidad, y la conocemos por menciones o por su influencia. A la Latina se le atribuyen unos Comentarios a Aristóteles, y unas Notas sobre autores clásicos. Se conservan su Testamento y un par de cartas. Obras contundentes, de latinista y de gramática que desea transmitir un método y una visión del mundo. Bien casada por la reina, madre de dos hijos a los que sobrevivió, la fortuna que La Latina acumuló solo en bienes inmobiliarios da fe del destacado poder que consiguió.

Que pese a ello y aún siglos después tras su muerte goce de buena reputación se debe quizás a una estrategia común en la época, y que en su caso se probó eficaz: donó su fortuna a los pobres de Madrid, para los que había construido previamente un hospital, además de dos conventos: si se dan una vuelta por el Museo de los orígenes de Madrid, verán su cenotafio y el de su esposo, Francisco Ramírez, muy cerca del pozo del milagro de San Isidro. Una página escrita en alabastro y mármol, y en la memoria, sin otra cosa a la que aferrarnos más que al prestigio y el recuerdo.

Espido Freire