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Domingo, 31 de Mayo de 2020

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Manuel Villegas, el hombre tranquilo

Momento de la rueda de prensa de hoy en San Esteban

Momento de la rueda de prensa de hoy en San Esteban / CARM.es

El consejero Manuel Villegas es la cara visible del gobierno en esta crisis sanitaria. Cada día, incansable, haciendo continuas referencias a su equipo, sale a las 11 de la mañana para contar la dura realidad. Habla de los fallecidos con un respeto extremo: “las personas que nos han dejado”, les llama.

Hoy le hemos preguntado cómo se siente al frente de la sanidad murciana y su respuesta es la de un médico, no la de un político.

“Estoy aquí porque tiene que estar alguien. personalmente, me hubiera puesto la bata el primer día y me habría ido al hospital”.

Sin embargo, en la rueda de prensa de hoy, lleva una camisa clara sin corbata, una chaqueta abierta de color gris oscuro casi negro y unos pantalones claros. Indica normalidad, indica que es un día cualquiera. Aunque no lo sea.

Sus gafas son grandes y tienen una montura marrón oscura. Las necesita para ver una realidad plagada de números, grandes y pequeñas historias pero no para consultar mucho los papeles. Apenas los mira mientras contesta las preguntas de los periodistas apoyando el peso del cuerpo en la pierna derecha para escuchar.

Enarca mucho las cejas, lo que indica preocupación, sí. No es para menos. Pero en ningún momento, hay alarma en sus palabras, ni rabia, ni cabreo. Aunque tenga cosas serias que decir no usa palabras duras. Nunca. Hoy se ha referido a las personas que se saltan el confinamiento diagnosticadas con covid. Ha retumbado la sala cuando ha dicho que son “malas personas” y ha hecho una pausa.

Por que normalmente, como hoy, habla rápido, con seguridad, casi sin titubeos. Su voz se parece un poco a la de Vicente del Bosque. Y creo que no es casual el parecido. Respira fuerte, eso sí, antes de hablar. Coge aire y se escucha su respiración en el micro.

También mueve mucho las manos, junta mucho los dedos. Es un signo que los expertos señalan que tiene que ver con una persona con autoridad que pide ser escuchado con atención.

Villegas, con el pelo peinado con raya a la izquierda, nariz grande, frente arrugada y cuello hundido en la nuez -como manda la edad- casi nunca sonríe en las ruedas de prensa. Mantiene el rictus sereno, serio, concentrado. De vez en cuando pasa las páginas de sus notas. Pero lo hace muy lentamente. Está en alerta pero está tranquilo.

“Desgraciadamente en la distancia, pero estoy con todos ustedes, a disposición de contestar todas las preguntas que me hagan”, nos dice a los periodistas mirando a la cámara.

La mayoría de políticos sienten cierto vértigo ante ese momento en que llegan las preguntas. El fusilamiento, me dijo una vez uno.

Villegas no. Al menos en apariencia. Villegas es el hombre tranquilo.

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