Martes, 07 de Diciembre de 2021

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BUSCANDO LA SALIDA

Efímera permanencia

Corrido en la festividad de la Octava de Corpus de La Orotava.

Corrido en la festividad de la Octava de Corpus de La Orotava. / CADENA SER

Los habitantes de La Orotava tienen siempre una fecha clavada en mitad del pecho. Para algunos supone un acto de chauvinismo trasnochado. Puede ser. Pero que esa herida feliz está en el ecuador del pecho de cada villero es un hecho incontestable.

Una vez al año, sacamos el mes de junio de una caja de cedro, con ese olor de caricia lignaria. Es en ese momento íntimo, cuando nos asalta de nuevo la infancia y recordamos el tacto del terciopelo y la mirada orgullosa de nuestros abuelos. Es en ese instante, cuando sacamos de la cajita o armario al mes de junio, cuando empieza la sinfonía de fragancias, la sangría de pétalos, la ilusión del reencuentro. Justo en ese tránsito empieza -como diría el gran mago de las tierras del Teide, Pedro Hernández Méndez- a extenderse una gigantesca alfombra hacia el cielo desde el ajedrezado de la plaza, desde el empedrado dulce, desde el alma hacia arriba, muy alto, para terminar en un puzle de rosas, crisantemos, brezos y geranios. Y al final, la pisada destructora sin rencor ni preámbulos porque “no se puede pretender que dure para siempre lo que nació para un instante”.

Este año de pesadilla y muerte no habrá ritual, pero ¿saben qué?, no nos hará falta porque los villeros llevamos esa herida en el pecho de la que brotan las arenas de las alturas, los pétalos y el aroma del brezo en una efímera permanencia.

 

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