Martes, 24 de Noviembre de 2020

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Coronavirus Covid-19

Privilegio, a pesar de la multa

Los 4 habitantes que hay en Escuredo, dos matrimonios emparentados, no ocultan su contrariedad por el abandono de la aldea y el celo policial

Los cuatro habitantes actuales de Escuredo en un paraje del pueblo

Los cuatro habitantes actuales de Escuredo en un paraje del pueblo / CADENA SER

Rosinos de la Requejada es un ayuntamiento que cuenta con 9 núcleos de población, entre los que se distribuyen los 357 habitantes que recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es un municipio con una alta tasa de despoblación en sus anejos. Tanto como que tiene un pueblo fantasma: Gusandanos. Ningún habitante. Ni de hecho ni de derecho.

En otro de esos anejos, en Escuredo el INE computa 6 censados. Es, digamos, el más recóndito de los núcleos de población de Rosinos. Una aldea en la falda de la sierra de Cabrera, a la que se llega desde Doney de la Requejada, tras pasar el cruce con la carretera que lleva a la localidad leonesa de Truchas (cruzando el alto de Vizcodillo o también conocido como alto de Escuredo). En el núcleo urbano se unen dos arroyos. Uno de ellos es el Arroyo de la Rigada, que aguas más abajo pasará a ser el Río Negro.

Al llegar a Escuredo descubrimos que aunque el censo oficial dice que hay 6 habitantes, ahora que sólo hay 4 (hace unos días se había marchado un matrimonio). Y de esos 4 sólo dos están empadronados. Eso nos cuentan Agustín, Olimpia, María y Juan, los dos matrimonios de jubilados que pueblan Escuredo en ese momento y que, además, están emparentados.

Es el primer día del desconfinamiento, con libertad para salir a pasear, y en Escuredo suena el incesante rumor del agua de los dos arroyos, ahora crecidos, que lo atraviesan. Pero en el corazón de tan exiguo vecindario sigue latiendo con fuerza la rabia por una multa de la Guardia Civil que juran y perjuran que es injusta: las tres mujeres del pueblo (entonces estaba el otro matrimonio ahora ausente) se alejaron del pueblo para encontrar cobertura para llamar por teléfono a su familia. La multa escuece y mucho a María y Olimpia.

Cuentan que sólo reciben al panadero cada 15 días. Nadie más va a Escuredo. El resto lo tienen que ir a buscar a El Puente o Puebla de Sanabria. Ni el médico va por allí. Nadie les llama para preguntarles si necesitan algo y cuando la Guardia Civil pasa por Escuredo es para multarlas, rememoran al unísono. Hay cobertura de Movistar (es el que tiene María), pero no del operador de Olimpia. Y la cobertura de Movistar, afirman, desaparece cuando llueve.

Agustín, el esposo de Olimpia, taxista madrileño jubilado, cuenta que matan el tiempo como pueden. “Dando patadas a las piedras”, llega a decir. En su caso debe acudir regularmente a Puebla a por su tratamiento de Sintrom. Pese a todo asume que están mejor en Escuredo que en Madrid y que sus propios hijos les dicen que no vayan. A Juan, que es ajeno a la conversación y se mantiene adecentando una pequeña finca, le anularon una cita médica de estos días, nos cuenta su esposa María.

Agustín calcula que en Semana Santa en Escuredo se hubieran juntado “entre 14 y 20 personas”, y en Verano pueden llegar al medio centenar. Incluso cuentan que el alcalde de Rosinos quedó atrapado por el coronavirus en Madrid.

Los dos matrimonios reconocen llevar una vida tranquila y Olimpia admite que se sienten privilegiados en Escuredo “a pesar de la multa, sí”. Olimpia nos cuenta luego que andan a ver si el cura va a dar misa por una tradición del pueblo que coincide en estos días. Y Juan, tras acabar su faena, nos desvela que su preocupación es la resolución burocrática de un enredo personal relacionado con el catastro.

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