Miércoles, 03 de Junio de 2020

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Pobreza

La cola de la pobreza

La COVID-19 ha provocado 6.000 nuevas peticiones de ayuda a Cáritas en Canarias, que se suman a las casi 8.000 que ya atendían antes de la pandemia. La ONG ha detectado nuevos perfiles, de familias que se han quedado sin ingresos, que nunca antes les habían solicitado ayuda.

Sede de Cáritas Diocesana de Canarias

Sede de Cáritas Diocesana de Canarias / Cadena SER

Las Palmas de Gran Canaria

La crisis del coronavirus ha provocado una imagen que hasta ahora no se había visto en el número 51 de la Avenida Escaleritas, de Las Palmas de Gran Canaria. Al menos no durante tantas semanas. A la hora del desayuno y del almuerzo, en la sede de Cáritas Diocesana se forma una cola de hasta 150 personas que van en busca de alimentos. El número de solicitantes, normalmente personas sin hogar o que viven en infraviviendas sin cocina, apenas ha variado durante el estado de alarma pero ahora son más visibles. Las medidas de seguridad impiden que estos días pasen al comedor social y deben esperar en la calle para recoger una bolsa con comida. A primera hora reciben un bocadillo, con zumo y fruta; y al mediodía dos platos calientes. "Yo vengo para comer en condiciones, si no sólo podría comprar galletas y cosas así", nos explica José Luis, un jubilado de 80 años que nos asegura que vive solo porque no tiene familia.

Él es primero de la fila que espera, desde las 10:00 horas, para coger su bolsa del almuerzo. No está solo, le acompaña Patxi, un cocinero que se quedó sin empleo la semana previa a que se declarara la cuarentena. "No entré dentro del ERTE por los pelos. Me quedé sin ingresos y tuve que venir a Cáritas para poder comer. La primera vez que me puse en la cola fue duro, jamás me imaginé tener que pedir ayuda", nos cuenta emocionado este vasco que lleva décadas viviendo en Gran Canaria. Reconoce que a veces siente vergüenza porque la sede de Cáritas está ubicada en una calle con mucho tráfico "y mucha gente nos ve aquí parados." Ellos forman parte de la pobreza más visible pero no son los únicos. Antes de la pandemia, Cáritas atendía en Canarias unas 8.000 solicitudes de ayuda. Ahora, desde mediados de marzo, dan apoyo a unas 14.000 personas.

En el comedor de la Avenida Escaleritas se elaboran 300 menús diarios. La mitad para los que hacen cola en la calle, unos 60 viajan hasta el sur de Gran Canaria y el resto los reparte Protección Civil en hogares donde viven personas mayores solas, con discapacidad y también para familias. Las que no reciben estos platos, consiguen tarjetas con dinero para gastar en supermercados. Aún no han podido elaborar un estudio, sólo cuantificar los casos, pero, con el coronavirus, Cáritas ha recibido nuevos perfiles que nunca antes habían tenido que pedir ayuda para comer en una ONG. 

Pero Cáritas, además de un aumento de peticiones de alimentos, también ha registrado más solicitudes de información, orientación y cobertura de ayudas básicas. Sólo en Tenerife están implicados directamente 303 agentes (226 personas voluntarias y 67 sacerdotes) así como el equipo técnico del Departamento de Animación al Territorio, que está formado por 15 profesionales. Para el desarrollo de su labor, y siguiendo los protocolos sanitarios, aparte de brindarle los medios básicos de protección, como son mascarillas, guantes y geles desinfectantes; se les han dado las orientaciones oportunas para que guarden cuidadosamente las medidas de seguridad y distanciamiento social que recomiendan las autoridades.

Las oenegés como Cáritas se esfuerzan para dar ayuda a personas que no cumplen con los requisitos para ser atendidos por las administraciones públicas, como migrantes sin permiso de residencia o mujeres en situación de prostitución. En Gran Canaria, dentro del proyecto Lugo, ayudan estos días a 278 mujeres prostituidas que se han quedado sin ingresos ni derechos a una prestación.

Fondos propios

A estas demandas de las familias se está pudiendo dar respuesta con fondos propios de la entidad, mediante la entrega de vales/tarjetas de compra en supermercado o entrega de packs de alimentos no perecederos y en menor medida también se está pudiendo cubrir el apoyo para la compra de medicamentos mediante vales a farmacia y la compra de gas butano. El aumento del desempleo y las limitaciones impuestas por el estado de alarma a los sectores productivos del archipiélago lleva a pensar a Cáritas que durante los próximos meses las peticiones de ayuda continuarán creciendo.

Sólo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Cáritas Diocesana de Tenerife tiene constancia de que hay alrededor de medio millar de personas que viven en infraviviendas, asentamientos, quebradas, barrancos, casas abandonadas o cuevas. Con la ayuda de algunas comunidades parroquiales, sacerdotes y personas voluntarias, se están entregando kits de higiene, alimentos, mantas y sacos de dormir, así como agua potable.

Cáritas aboga por establecer el ingreso mínimo garantizado, con una cobertura equivalente en todo el territorio del Estado y que sea capaz de llegar a las familias que, por efecto de esta crisis, se incorporan a la pobreza y a la exclusión social, y que se enfrentan al riesgo añadido de que su situación se agrave y se cronifique en el futuro más inmediato.

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