Lunes, 06 de Julio de 2020

Otras localidades

El cartero de Bedmar que nunca falla

Miguel Ángel Méndez explica como desarrolla su trabajo, más esencial que nunca durante el confinamiento, en esta localidad de Sierra Mágina

Seguimos conociendo el trabajo de andaluces, y en este caso jienenses, cuyo trabajo es más esencial que nunca durante estos días de Estado de Alarma que entran ya en su recta final gracias a la desescalada que ha comenzado en todas las provincias de la región. En esta ocasión nos acercamos a Sierra Mágina para conocer el testimonio de Miguel Ángel Méndez, un cartero rural que trabaja en Bedmar y Garcíez.

Méndez lleva desde los 18 años trabajando en este oficio y actualmente cuenta con poco más de 40, un trabajo de toda una vida que se divide entre la atención al público en la oficina y el reparto de las cartas y paquetes por las empinadas calles de esta localidad llueva, haga frío o el abrasador calor que ya presagia el verano que está a punto de llegar.

Nuestro protagonista esencial disfruta de las ventajas de ser cartero rural encontrando muchas diferencias con las de un compañero que trabaje en una ciudad señalando que los vecinos saben su nombre y el trato es mucho más cercano. De hecho, explica el caso de "su buen amigo Miguel" que vive en la parte alta del pueblo. "Vive solo porque está viudo y me decía que en los primeros días de confinamiento era con la única persona que hablaba porque no podía ir a ver a sus hijos".

La llegada del confinamiento obligó a Miguel Ángel a protegerse con mascarillas, guantes y con una mámpara en la estafeta de Correos bedmarense pero también le permitió mostrar su faceta más solidaria con una iniciativa que ha tenido una gran repercusión en esta población. Explicó que "para que la gente no saliera de casa, se me ocurrió que podía llevarles medicamentos, mámparas o lo que fuera". Puso un mensaje en su perfil de Facebook y ha contado con un gran éxito. Sin embargo, él mismo dice que "esto no debería ser noticia porque nos deberíamos ayudar entre todos".

La conciliación familiar es una meta difícil de conseguir. Miguel es cartero y su esposa, enfermera, por lo tanto, ambos desempeñan profesiones esenciales y, además, tienen dos hijos pequeños, uno de cuatro años y el segundo de 10 meses. Desde que comenzara el confinamiento, se cerrasen colegios y guarderías y no se pudiera visitar a los abuelos señala que es "sencillamente imposible y nos volvemos literalmente locos para hacer cambios de turnos y conciliar la vida familiar y laboral".

Nuestro protagonista se muestra esperanzado y confiado en que se saldrá de esta situación difícil que nos ha tocado vivir a todos con el coronavirus en nuestras vidas. Insiste en que "yo soy el primero que me encantaría que volviésemos a la normalidad, que nos pudieramos abrazar, besar". Sin embargo, pide "prudencia, prudencia y prudencia" para no echar por tierra todo lo que se ha conseguido.

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