Martes, 27 de Octubre de 2020

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LA FIRMA CON JOSÉ IBARRA 25/05/2020

Alegrías y tristezas

Haber escrito un nuevo libro o tener éxito en un programa de radio son alegrías que no pueden ocultar la tristeza que da ver crecer al fascismo en Cartagena

José Ibarra.

José Ibarra. / Radio Cartagena SER

Yo tendría que estar contento este lunes. He aprovechado el confinamiento en la pandemia para escribir un nuevo libro sobre historia de Cartagena que me está quedando muy bien, mi familia está bien, no me va mal la vida, mi programa “La Historia detrás de la canción” ha cumplido 100 ediciones los domingos en la cadena SER y puedo hacer 100 más… Todo esto es motivo de alegría. Pero no puedo estar contento.

Podría hablar en la columna de hoy lunes en la radio sobre los problemas de los trabajadores del campo o de los autobuses o de los supermercados, o volver sobre la problemática de los vecinos de La Algameca Chica, o celebrar que la sociedad española puede sentirse orgullosa de haber vencido al primer golpe de esa maldita pandemia, o reivindicar una vez más que nos abran el hospital del Rosell al 100%, o dedicar la columna a lamentar el estado del Mar Menor…

Pero no. No puedo guardar silencio ante algo que está creciendo ante nuestros ojos y para lo que no sé muy bien cómo tenemos que reaccionar. La región de Murcia y la ciudad de Cartagena se están convirtiendo en la zona cero del fascismo español. Es cierto que para combatir a los fascistas hay que ignorarlos, hay que no darles cancha, hay que no responderles con sus mismas armas, hay que vencerles con cerebro y no con testículos, pero tampoco creo que haya que guardar silencio ante hechos como los que han sucedido la semana pasada. Es normal que cuando la izquierda gobierna, la derecha proteste, y al revés. Lo inadmisible es que ultraderecha esté pasando de la protesta a la agresión en nuestra ciudad.

He visto cómo unos chavales que llevaban la bandera republicana y sólo gritaban “Sanidad Pública” han sido golpeados por ultraderechistas en La Alameda mientras desde los balcones las caceroladas animaban a los agresores a los que la policía parecía escoltar más que contener. En la noche del viernes la sede de Podemos en Cartagena ha sido atacada por tercera vez. Como en la noche de los cristales rotos de la época nazi, con nocturnidad y alevosía, como se decía antes, sin que les viera nadie, han apedreado la sede destrozando las lunas y en el violento ataque han pintado la bandera de España en el local. Los fascistas usan la bandera de España como arma contra otros españoles, y luego querrán que sea la bandera de todos.

Lo que más me preocupa es la reacción de la gente ante esto. Nuestra pasividad, cuando no nuestra complicidad. Es cierto lo que me dirán: que en Cataluña y País Vasco atacaron sedes de partidos españoles y que también las sedes del partido de ultraderecha fueron atacadas aquí en un principio. Es cierto y siempre me pareció mal. Pero es que ahora, en mi ciudad, está claro quiénes están siendo los agredidos y quiénes intentan reventar la convivencia.

Toda mi solidaridad para las personas de Podemos Cartagena que han sido atacadas, que están muy solas en esta región tan difícil y tan enferma. Y no: hoy no es un buen día para la convivencia. ¡Y nosotros que pensábamos que la pandemia nos iba a hacer mejores!

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