Miércoles, 15 de Julio de 2020

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Corredor del Henares

La Policía Nacional detiene a 20 personas por fraude en el Corredor del Henares

Los detenidos residían en el Corredor del Henares, entre las provincias de Madrid y Guadalajara, donde estafaron a empresas de telefonía móvil y entidades bancarias con un "alto grado de especialización".

Los líderes tenían menos de 30 años y la Policía Nacional cifra sus esfafas en 820.000 euros.

La Policía Nacional detiene a 20 personas por fraude en el Corredor del Henares

Estaban "altamente especializados" según la Policía Nacional que, en esta operación desarrollada íntegramente en el Corredor del Henares, ha detenido a 20 personas por estafar a operadoras de telefonía y a entidades bancarias. La detención y desmantelamiento de ambos grupos, es el fruto de una investigación abierta a principios de 2018.

Según relata el cuerpo policial, hace más de dos años detectaron a dos jóvenes que cometían estafas bancarias. Tenían menos de 30 años pero "contaban con altos conocimientos en la materia. Además, habían conseguido reclutar una extensa red de colaboradores en la Comunidad de Madrid", residentes en la comarca del Henares. En los registros domiciliarios realizados por la Policía Nacional han sido intervenidas importantes cantidades de dinero en efectivo, un software especializado, pruebas documentales, tarjetas de crédito y débito y dos vehículos de alta gama, entre otros efectos.

A principios del año 2019, una discusión entre los dos líderes provocó una escisión de la banda mientras que las estafas "tendían a ser cada vez más complejas y especializadas, por lo que necesitaban de la participación de otros colaboradores, además de infraestructura, metodologías y técnicas financieras avanzadas que denotaban un conocimiento preciso de las mecánicas de detección del fraude aplicadas tanto por el sector bancario como por las operadoras de telefonía".

El falso empresario en coches de lujo

Uno de los cabecillas se hacía pasar por alto directivo para infiltrarse en las empresas y cometer estafas masivas y sistemáticas en tiendas de una conocida operadora de telefonía. Tras llegar a bordo de coches de lujo, previamente alquilados, adquiría grandes cantidades de terminales telefónicos de gama alta mediante financiaciones asociadas a varias empresas que él mismo administraba y que carecían de actividad real.

Su cuidada apariencia dotaba de credibilidad a su tapadera ante los empleados de las tiendas, y "tal llegó a ser la perfección de la teatralidad que, en varias ocasiones, llegaron a permitirle operar desde las tiendas con los equipos y el sistema gestor de clientes esa operadora". Una circunstancia que aprovechaba para eliminar permanencias, alertas y avisos sobre impagos o estado de las financiaciones, con lo que se garantizaba poder acudir a nuevas tiendas para repetir la mecánica de adquisición de terminales.

Además, poseía un alto nivel de conocimiento sobre los operadores de telefonía, para los que habría llegado a trabajar años atrás. Esto le garantizó poder operar con el sistema en remoto, desde su propio domicilio, a través de la web de la compañía, con claves y usuarios ajenas pero válidas. De esta manera, modificaba las alertas tanto en las tiendas como a distancia, lo que le posibilitaba adquirir de forma sistemática cientos de terminales de alta gama que, posteriormente, vendía a terceros en los canales y plataformas de compra de venta de productos usados.

Las "mulas" del Corredor del Henares

En el otro caso, el líder se especializó en estafas bancarias masivas. Creaba aparentes impagos en cuentas bancarias empresariales abiertas en varias entidades españolas. Esta mecánica hacía necesaria la creación previa de empresas o altas en actividades económicas que, a la postre, resultaban irreales o inexistentes, con el fin de poder contratar cuentas bancarias empresariales asociadas a aparatos terminales punto de venta o TPV.

La técnica requería del reclutamiento de una extensa red de mulas y residentes en localidades como Alcalá de Henares, Camarma de Esteruelas, Torrejón del Rey y Guadalajara principalmente, que daban de alta empresas y sociedades sin actividad real con el único fin de posibilitar operaciones entre cuentas bancarias, cuyo resultado siempre consistía en movimientos de dinero que generaban deudas por impagos a los bancos que, a priori, no detectaban el fraude.

Este individuo resultaba ser la persona que controlaba las cuentas de los conniventes y operaba con ellas mediante dos métodos similares de retención de operaciones en TPV. El modus operandi consistía en cargar operaciones sucesivas con tarjetas bancarias controladas por el entramado criminal en los datafonos de las empresas conniventes, con la opción de “operación retenida” activada. De esta manera, el dinero que se movía entre cuentas, una vez era recibido, se retiraba en efectivo o se volvía a transferir, puesto que a final de semana o de mes, esas operaciones eran retrocedidas o anuladas, lo que significaba que el dinero regresaba a la cuenta de origen y, en ese momento, se generaba el descubierto o saldo negativo, que finalmente generaban impagos. Con esta metodología, se garantizaba que los descubiertos en esas cuentas bancarias pasasen desapercibidos al ser contabilizados como impagos derivados de una actividad económica o empresarial por los bancos.

Ambos entramados se servían de técnicas destinadas a enmascarar la intencionalidad de las operaciones, cuyo fraude asciende a 400.000 y 420.000 euros respectivamente. 820.000 euros, en total.

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