Miércoles, 08 de Julio de 2020

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"Yo no quería que le ayudaran a morir, yo quería que le ayudaran a vivir"

Se llamaba Julián y tenía 89 años. Llevaba cinco en la planta de dependientes de la residencia Adolfo Suarez, residencia pública de la Comunidad de Madrid. Sufría una angiodisplasia que le provocaba pérdidas intermitentes de sangre que controlaban regularmente mediante transfusiones en el hospital, o administrándole hierro intravenoso. Pero esta vez no autorizaron su traslado a un hospital

Médicos residentes atienden a domicilio a una anciana durante la pandemia de coronavirus

Médicos residentes atienden a domicilio a una anciana durante la pandemia de coronavirus / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo (EUROPA PRESS)

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La última vez que Puri vio a su padre fue el 8 de marzo por la mañana, antes de que se ordenara el cierre de las residencias. Murió el dos de abril en la residencia de la que no le dejaron salir a pesar de que durante días pidiera insistentemente que le derivaran a un hospital para que le controlaran esas hemorragias.

Trabaja como enfermera en un hospital, desbordado como todos en la Comunidad de Madrid en pleno pico de la famosa curva. Preocupada por lo que estaba viendo en el hospital, y por las informaciones que llegaban de las residencias, llamaba a diario para que el personal de la residencia le contara cómo estaba. A mediados de marzo, le informaron que las pérdidas de sangre iban a más, pero no tenía ningún síntoma de COVID.

"Pedí que le llevaran al hospital como otras veces para que le infundieran sangre o hierro y le pudieran hacer analíticas, pero no lo hicieron". La respuesta que le daban ante su insistencia era siempre la misma. "No se puede sacar de aquí, no nos autoriza la Comunidad de Madrid, no se puede". "Daba igual lo que tuviera, se lamenta, era dependiente, con más de 80 años y no le llevaban al hospital".

El uno de abril recuerda como una enfermera le dijo que tenía que conseguir sacarle de allí porque "no aguantaría". "Imagínate la desesperación desde fuera". A partir de ese momento se sucedieron las llamadas al 112 y a la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS). Después de innumerables llamadas y conversaciones consiguió contactar con el coordinador médico asistencial del AMAS. Una hora después de que autorizara su traslado a un hospital, recibe la llamada de la médico de la residencia, su padre había muerto.

"No se pude denegar la asistencia médica nadie"

"Nadie nos había dicho hasta entonces que si se ponían malos no se les podía sacar de la residencia, nadie". Por eso ahora pide que sea un juez el que investigue qué pasó en el caso de su padre, pero también en el de otros muchos que murieron en las residencias sin ser derivados a un hospital. Su denuncia forma parte de las 27 presentadas hasta ahora por la Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en las Residencias ante la Fiscalía Provincial de Madrid por presuntos delitos de omisión de socorro en residencias. "La doctora me decía que no me preocupara, que le iban a ayudar a morir sin dolor. Pero yo no quería que le ayudara a morir, yo quería que le ayudaran a vivir".

Pero por qué le tenían que denegar la asistencia, se pregunta una y otra vez. "Mi padre era dependiente sí, pero tenía su cabeza perfectamente". "Claro que tienen patologías, por eso muchos están allí, pero precisamente por eso no se les pude negar la atención médica". "Entiendo que los hospitales estaban saturados, pero en lugar de cerrar las puertas y dejarles encerrados, por qué no habilitaron un pabellón en IFEMA para que no murieran así", se pregunta. Julián estuvo cuatro días en el túmulo de la residencia. Su hija ni siquiera pudo despedirse.

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