, 11 de de 2020

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Deportivo 0 - Sporting 0

Riazor, de alto riesgo a la calma absoluta

Apenas unas decenas de aficionados recibieron en el exterior a los equipos y vieron el partido en los aledaños de Riazor

Estadio de Riazor

Estadio de Riazor / Concello da Coruña (Archivo)

La 'nueva normalidad' futbolística cambió el ambiente caldeado de un Deportivo-Sporting, declarado de alto riesgo, por la calma absoluta en los aledaños y la grada del Estadio Abanca-Riazor, que reabrió sus puertas para los equipos, pero las mantuvo cerradas para los aficionados. ,"¿Vamos a Riazor a ver al Dépor?", preguntó Lucas, de apenas dos años y medio, decepcionado por la respuesta negativa de sus padres: el estadio sigue cerrado por ese 'bichito' que se llama coronavirus.

Al pequeño deportivista, que ya ha pisado el césped de Riazor para posar con los jugadores, no le quedó más remedio que ver el partido por la televisión.

Como él, el resto de los aficionados del Deportivo, que antes de la covid-19 lograba reunir a más de 25.000 seguidores en su estadio, y también los del Sporting, que solía desplazar a la ciudad gallega a unos 2.000.

En un día normal de fútbol, los autobuses habrían sido recibidos por una multitud dos horas antes del partido, probablemente con bengaleo, cánticos y mucho ruido, aplausos para unos, abucheos para otros. No en la nueva normalidad.

El Deportivo ni siquiera llegó al Estadio por donde suele hacerlo, el Paseo Marítimo, y sus jugadores tampoco accedieron al campo por Tribuna, por la calle Manuel Murguía, sino por el Palacio de los Deportes, donde están las taquillas que otro día presentarían cola y que esta vez no despacharon billetes.

Tampoco abrió la tienda oficial del Deportivo, para la que sería día grande de ventas. Sí lo hicieron la mayoría de las cafeterías de la zona, algunas con aficionados, pero a cuentagotas, comparado con las jornadas de fútbol previas al coronavirus.

Una veintena de deportivistas fueron testigos de la entrada de los buses de los equipos, primero del local y, pocos minutos después, del visitante.

Otros seguidores escogieron una de las rampas de acceso a las localidades de Pabellón Superior para ver cómo se bajaban los jugadores de los autocares y accedían al césped.

Antes de cruzar la puerta, las dos expediciones, con mascarillas y guantes, pasaron el control de temperatura.

Dentro, la soledad de un Riazor sin público, aunque el speaker, José Luis Núñez, se afanara para que lo escucharan los jugadores que estaban en el campo y los que se quedaron en la grada porque no estaban convocados.

En el palco, se situaron representantes de las directivas del Deportivo y del Sporting de Gijón. El resto de los asientos, vacíos. Tras el minuto de silencio por las víctimas de la COVID-19, el balón echó a rodar sin ambiente de fútbol, del 'nuevo' fútbol.

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