Miércoles, 12 de Agosto de 2020

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INCENDIOS FORESTALES

"Gran Canaria no es para cualquiera"

El Cabildo de Gran Canaria incorpora un segundo helicóptero para afrontar la temporada de verano.

El piloto Iñigo Guelbenzu asegura que la isla, junto a Madeira, es de los lugares más peligrosos en los que ha trabajado por los barrancos, donde entran en juego infinidad de parámetros y donde las corrientes son "brutales".

El Cabildo de Gran Canaria ha incorporado esta semana un segundo helicóptero para afrontar la temporada de verano para acudir cuanto antes a los avisos de columnas de humo, pues estas naves son esenciales para efectuar el primer ataque y controlar el fuego antes de que vaya a más.

La corporación insular recuerda que el primer helicóptero se incorporó el pasado 15 de mayo -estará operativo hasta el 15 de noviembre- y que apunta que el que entra ahora en servicio lo estará hasta el 15 de octubre, todo ello para que haya dos los meses de mayor riesgo.

Con todo, el Cabildo pretende ampliar el servicio a diez meses el próximo año dado que fuera de temporada también se producen incendios, como sucedió en febrero con el de Tasarte y, también, importantes sustos como el de hace tres semanas en Las Lagunetas.

El equipo de este año está formado por los pilotos Francisco Correia, Paulo Melo, Marlene Nogueira e Iñigo Guelbenzu, quien aseguro que Gran Canaria, junto a Madeira, es de los lugares más peligrosos en los que ha trabajado por los barrancos, donde entran en juego infinidad de parámetros y donde las corrientes son “brutales”.

Recuerda que por ese motivo se puede levantar y succionar el helicóptero a antojo sin que sus 700 caballos de potencia puedan hacer demasiado por resistirse.

“Gran Canaria no es para cualquiera”, aseguró el piloto, quien reconoció que esta labor tiene mucho de vocacional, pues no se imagina a alguien realizando descargas de agua en incendios, en situaciones que son peligrosas, sin que medie esa predisposición.

Resaltó además que el trabajo desde el aire sin el de tierra no logran la extinción, tampoco el de tierra sin la ayuda desde el aire, ya que se trata de un compendio, de una tarea en equipo, coincidió el técnico aeronáutico Daniel Rodríguez, encargado de que las dos aeronaves estén siempre listas para despegar en 10 minutos.

Los helicópteros son revisados cada mañana, cada noche, y cada vez que aterrizan antes de que vuelvan a despegar.

"Es un protocolo riguroso, pero todo es poco en pro de la seguridad y, dentro de Gran Canaria -prosiguieron-, la parte más peligrosa es La Aldea".

Ahondaron que el trabajo no solo es de equipo, "es de estrategia". Así, nada más recibir la alarma en la base de Artenara, el equipo presa junto al técnico helitransportado son llevados a la cabeza del fuego, preparan el 'bambi'para que el helicóptero pueda realizar descargas y se ponen manos a la obra en lo que el piloto parte a recoger la primera carga para calmar las llamas.

A partir de ese momento, es el técnico que está en tierra el que indica al piloto por dónde y cómo quiere la descarga.

Especifica que si hace mucho viento, que de todos los parámetros Guelbenzu aseguró que es el que más condiciona, hay que hacer un buen cálculo “para acertar”, y se trata de una pericia que solo la experiencia da, pues se carece de un medidor que corrija el rumbo. La precisión de la descarga es un factor completamente humano, precisa.

“También hay que saber decir que no, es lo más duro”, pues cuando el piloto detecta que una maniobra conlleva un riesgo fatal, hay que abortar “porque te vas a matar seguro”.

Cuando los incendios se descontrolan o están fuera de capacidad de extinción, los helicópteros realizan otras labores, ya sea enfriar otras zonas o empapar lugares cercanos en peligro, como la embotelladora de Fuente Umbría el pasado año.

Los helicópteros están preparados para pasar de 20 grados en reposo a los 700 que genera un incendio, pero el agua se evapora a cien grados y lanzarla a llamas de 40 o 50 metros no es nada eficaz.

Por todo ello, la mejor extinción es la que generan los trabajos de prevención durante el año, tanto públicos -con la limpieza de los lugares más peligrosos como con las quemas prescritas para que los incendios entren en capacidad al llegar a ellas- como privadas -manteniendo las propiedades limpias 15 metros alrededor-.

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