Lunes, 03 de Agosto de 2020

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La consulta del doctor Jose 'El Sargento'

José Antonio Segura Martínez hoy tendría 61 años, una familia numerosa, y sería un entrenador

El 5 del Europa Óptica Almería con el equipo del ascenso a Primera.

El 5 del Europa Óptica Almería con el equipo del ascenso a Primera. / La Voz

Tenía la mirada de la madre y la seriedad de su padre. José Antonio Segura Martínez era conocido en aquella Almería que estrenaba los ochenta como ‘El Sargento’, dicen que por una obra de teatro que interpretó un día en su colegio de la Sagrada Familia (SAFA) junto a la Iglesia de San José. Hoy tendría 61 años y sería padre de una familia numerosa (como la suya) y algún nieto llamaría a puerta de la consulta en el Paseo de Almería.

La medicina como profesión y el balonmano como vocación, para enseñarlo por las tardes en las Escuelas de Cajamar, como también hicieron, y hacen, algunos compañeros de fatiga.

Habría llorado mucho la muerte de sus padres: Antonia y Antonio, y estaría tan unido a sus hermanos como antes. Pero esta historia se terminó para siempre una noche de domingo (ya lunes) cuando volvía de Aguadulce de celebrar con su novia, Nuria, el ascenso a Primera con el Europa y haber terminado la carrera de Medicina, por la que tanto luchó.

Tenía solo 24 años

Nunca he visto tanta pena en una madre. Vi llorar a hombres de casi dos metros a la puerta de su casa y a sus vecinos de la Colonia Araceli llevando café a los presentes en un ambiente de familia: porque sus padres y Jose eran muy queridos en su barrio por todos.

A la salida del túnel de Bayyana a dos o tres kilómetros de su casa acabó para siempre la bonita historia de la consulta del doctor Jose ‘El Sargento’. Fue un impacto para todos. No lo hemos superado por años que pasen. Todos nos hacemos la misma pregunta: ¿Por qué le tocó a él? Hasta Urgencias de la Bola Azul lo llevó una ambulancia y desde allí a Granada, donde cursó la carrera para formar parte de la primera generación de médicos del Hospital Torrecárdenas, que se abriría unos meses después de su tragedia. Nada se pudo hacer.

José Antonio Segura ‘El Sargento’ se merece un libro que al final lo escribiremos entre todos: familiares, compañeros, amigos... yo formo parte de esa legión de seguidores de Jose ‘El Sargento’ y seguiré escribiendo mientras pueda su corta vida y su gran obra. Su madre hasta el último de sus días me miraba y veía a su Jose hacerse mayor: somos de la misma edad.

En LA VOZ de Almería aparecía la triste noticia y la esquela de un médico de 24 años llamado a formar plantilla en un Hospital Torrecárdenas a punto de abrir sus puertas.

Un pabellón lleva su nombre

Rafael Mezquita y Miguel Moreno son los padres del Europa y los inventores del deporte moderno. Ellos, con la cercanía de Moisés Ruiz (que fue entrenador del Cajalmería de voleibol) lo tuvieron claro, y se fueron a por el alcalde Fernando Martínez para que pusiera la primera y hasta la última piedra, de un pabellón muy cerca de la casa de Jose ‘El Sargento’, para que los niños de su barrio y las nuevas generaciones conocieran su vida y su obra.

Una tarde de mayo de 1994 los vecinos bajaron hacia la rambla y junto a Ramón del Pino vieron llegar a la comitiva para cortar la cinta de la nueva instalación deportiva.

Habían pasado once años sobre padres y hermanos de Jose ‘El Sargento’, pero el tiempo se detuvo en sus corazones aquella madrugada de julio de 1983. Los padres, los hermanos, la familia, los vecinos y los compañeros de Jose, fueron testigos de las palabras del alcalde para los presentes. Las gradas se llenaron de niños y un ramo de flores para una madre que tanto luchó para que su hijo fuera médico en aquellos finales de los setenta cuando costaba mucho llegar a fin de mes.

Un valle de lágrimas

Moisés quiso que presentara los actos con un nudo en la garganta, pero nadie derramó una lágrima. Allí estaban Rafael Mezquita y Miguel Moreno. El primero siempre destacó más los valores humanos que deportivos de Jose y el segundo sus capacidades para mandar en el campo y resolver situaciones complejas en el balonmano. Ellos no podían faltar y estaban rodeados por los hermanos y los padres: Antonio y Antonia, a los que no les quedaba ni un sola lágrima en fecha tan señalada para un vecino de Araceli: su hijo.

No podía faltar un partido de balonmano entre compañeros de Jose ‘El Sargento’ que lo lloraron tanto que les quedó derramado en sus corazones. Ese día, cuando caía la tarde, con un cartel del emotivo acto entre las manos y con mis hijos, Copy y Carlos, noté la mirada de Antonia hacia la puerta donde nos encontrábamos. No era yo, era su Jose con su mujer y sus hijos. Siempre fuí para ella el reflejo de aquella vida que no pudo vivir. Y así hasta el último de sus días en ese Barrio de Araceli, justo enfrente de la casa de mis suegros.

Da para un libro

Cuando ustedes lean esto seguiré pidiendo testimonios sobre Jose ‘El Sargento’ a familiares y compañeros, pero el primero de todos fue el de Miguel Moreno y el segundo tuvo que esperar algo más y ha valido la pena. Aquel 13 de julio trabajaba yo en Saveres y pedí la tarde libre. La Misa fue en la Iglesia de Araceli y desde allí esos jugadores rotos por la pérdida de un compañero, y amigo, quitaron el féretro de las manos a los empleados de FUNALSA y se lo echaron a hombros.

Lo bajaron por la cuesta de Ramón del Pino, cruzaron el puente de La Rambla y tiraron para el cementerio. No faltaron los relevos de compañeros, familiares, vecinos y amigos: en un día donde el sol no brillaba igual.

Siendo Jose tan discreto, puntual y educado, casi llega tarde por culpa del infinito cariño que sembró en vida.

Se pudo liar gorda

Cuenta Rafael Mezquita (presidente del Europa Óptica Almería) en un relato que aún no ha visto la luz como: “eran las seis menos seis de la tarde y a la puerta del cementerio un familiar, un jugador, y yo”. Por Las Lomas aparecían los primeros acompañantes y “un empleado hizo ademán de cerrar la puerta y se fueron para él los dos de forma correcta (pero firme) y les dejaron claro que: puede ser que en el nicho entre usted también”.

Lo entendió a la primera. El Sargento cruzó la puerta pasadas las seis y atravesó a hombros el cementerio hasta su eterno descanso muy cerca de la rotonda donde hoy convergen dos tanatorios.

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