Domingo, 09 de Agosto de 2020

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Residencias ancianos

Piden a la Fiscalía que investigue la muerte de un matrimonio de ancianos en la Residencia de Rute

La hija del matrimonio fallecido quiere que la Fiscalía determine qué tipo de protocolos se activaron para evitar contagios, si sus padres fueron atendidos correctamente y si sus muertes se hubieran podido evitar

En apenas cuatro días, Ana Serrano ha perdido a su padre y a su madre, que eran dos de los mayores de la residencia Juan Crisóstomo Mangas de Rute.

Julián y Araceli, que así se llamaban sus padres, murieron con 4 días de diferencia. Son dos de las 13 víctimas mortales que la pandemia del coronavirus se ha cobrado en esta residencia de ancianos de Rute.

Su padre murió el 9 de abril,  y su madre el día 13. Sin saber cómo estaban, sin poder acompañarlos en el hospital y sin poder despedirse.

Su padre tenía 85 años y principios de Alzehimer,  y su madre 86 años y patologías previas

Su padre murió después de 7 días ingresado en el Hospital Infanta Margarita de Cabra, y su madre, cuatro días después, en la propia residencia de Rute, todavía ajena al fallecimiento de su marido.

Cuando su hija Ana repasa lo ocurrido, encuentra muchas lagunas y muchas dudas sobre los procedimientos que se siguieron, sobre el aislamiento que se realizó para evitar que los mayores resultaran contagiados y sobre la posterior atención que se les prestó en la residencia en los días previos a su muerte.

Por eso Ana a remitido a la Fiscalía de Lucena un escrito en el que pide que se investigue a la Fundación que gestiona la Residencia Juan Cristóstomo Mangas, de Rute por un presunto delito de homicidio imprudente y mala gestión de la residencia de ancianos y que se depuren responsabilidades tanto penales como civiles, en caso de que se constate que estas existieron.

"Yo no quiero nada, yo no quiero dinero, lo único que quiero es que se depure todo lo que ha pasado ahí, porque a mis padres no me los van a devolver, pero en memoria de mis padres tengo que hacer algo, y quien me juzgue por esto, no tiene corazón", explica Ana a Radio Córdoba.

La última vez que Ana vió a sus padres fue el 29 de febrero, después no las dejaron visitarlos, aunque de vez en cuando podían hablar con ellos por teléfono o videollamada, hasta que dejaron de llamar.

El matrimonio había ingresado en la residencia un año antes, el 10 de abril de 2019, para que Julián, que empezaba con los síntomas de la demencia que padecía, tuviera una buena atención profesional permanentemente.

"Mi papá y mi mamá han sido muy felices en esa residencia, se adaptaron muy bien y hacían muchas actividades", explica Ana, que ahora lamenta que no pudieran llevarse a su madre de la residencia tras el fallecimiento de su padre, y a la que le gustaría que otras personas que estén en su misma situación se unieran para hacer una reclamación común.

JULIÁN SERRANO Y ARACELI OSUNA

Los padres de Ana nacieron en 1935 y 1936 y tuvieron tres hijos: un niño y dos niñas.

Araceli se dedicaba, como la mayoría de las mujeres de su época al trabajo que les estaba permitido: las labores de la casa y Julián terminó emigrando a Alemania donde trabajó durante 14 años para mantener a la familia, en una fábrica de fundición de Düsseldorf.

Ana recuerda que durante ese tiempo solo venía a verlos dos o tres veces al año. Por cuestiones de salud se jubiló pronto y ambos vivían en su casa en Rute, hasta que el año pasado ingresaron en la residencia.

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