Miércoles, 30 de Septiembre de 2020

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Educación

El éxito de un método educativo pegado a la tierra como medida contra la despoblación

El colegio de Olba (Teruel) cuenta con 45 alumnos y el municipio solo tiene doscientos habitantes

Clase sin libros de texto en el colegio de Olba (Teruel).

Clase sin libros de texto en el colegio de Olba (Teruel). / Foto cedida

Cómo un método educativo alternativo puede fomentar la llegada de nuevas familias a un pueblo y ayudar a combatir la despoblación. Es lo que ha ocurrido en el municipio turolense de Olba en los últimos 25 años. Lo hemos analizado en Hoy por Hoy Cuenca con Melisa Martínez Olivas, profesora de la escuela rural de este pueblo dependiente del CRA Javalambre, con Mati Soto, madre de dos de los alumnos del colegio, y con Sixto González, decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Castilla-La Mancha en Cuenca.

Entrevistas con Melisa Martínez Olivas, Mati Soto y Sixto González en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Ni un solo día me han dicho mis hijos que no quieren ir al colegio. Al contrario. Dicen que por qué no hay los fines de semana”. Es el testimonio de Mati Soto, la madre de Arán, de ocho años, y de Laya, de cinco. Ellos viven en la pequeña localidad de Olba (Teruel), en la comarca de Gudar-Javalambre. La escuela rural de este municipio cuenta con 45 alumnos para el inicio del próximo curso escolar en el mes de septiembre. Pero el pueblo solo tiene 200 habitantes. El elevado número de población en edad escolar está asociado al método educativo que se desarrolla en esta escuela desde hace más de 25 años. Entonces fue potenciado por Delfina Ruiz, una profesora formada en la renovación pedagógica, ya jubilada, que ha dejado su legado en manos de nuevos profesores como Melisa Martínez Olivas. “Solo dos alumnos son originarios de Olba, otros sí han nacido aquí, pero sus familias llegaron de fuera”, nos dice. “El proyecto educativo tiene mucho que ver, más que el pueblo esté cerca de Valencia. Las familias viene de lejos buscando, en la escuela pública, una manera de educar que sea más acorde con su filosofía de vida o su manera de entender la educación”.

El método educativo de este colegio no utiliza libros de texto y promueve el contacto de los alumnos con el entorno, en este caso, el campo y el medio rural. “El método se basa en el interés del alumnado y en aprovechar lo que tenemos a nuestro alrededor”, explica Martínez Olivas. “Gracias a la implicación de las familias, pusieron en marcha un huerto como base del proyecto. Y del huerto se saca todo el trabajo a nivel curricular, desde el control de las cosechas, las medidas, el calendario, etcétera. Es una fuente muy rica. Además, todo lo que sale del huerto lo aprovechamos en talleres de cocina, de alimentación saludable, los alumnos gestionan una pequeña empresa que han creado ellos mismos para dar salida a los productos hortícolas en el mercadillo mensual del pueblo, ellos llevan las cuentas. En realidad, el proyecto está basado en lo que manda el currículo, la ley, que habla de todo este tipo de trabajos de promover la iniciativa personal, la autonomía. Es hacer eso, pero sin libros de texto que para el profesorado pueden ser una herramienta que les da seguridad, pero también les puede limitar mucho”.

Alumnas de Olbas (Teruel) recogiendo hojas secas para la compostera. / Foto cedida

“Metodológicamente, a la formación integral de los niños se puede llegar por muchos medios”, explica Sixto González, decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Castilla-La Mancha en Cuenca. “Yo entiendo que casi con cualquier método se pueden enseñar diferentes aprendizajes. Lo que ocurre es que se aprende de manera diferente, es decir, según los objetivos y competencias que nos propongamos en cada método, probablemente se consigan más esos aprendizajes”.

Taller de saquitos de lavanda con el espliego del huerto. / Foto cedida

Algunos de los métodos alternativos que se aplican actualmente pueden ser el Montessori, el Waldorf o el Kumon que está basado en los debates. “Algunos trabajan desde la escuela, otros solo desde casa y otros son mixtos”, apunta González. Sobre los resultados académicos que se pueden conseguir, el decano de Educación de Cuenca echa de menos “estudios científicos que nos permitan analizar los resultados a través de una evaluación inicial y de otra final para ver qué aprendizaje se produce”.

La profesora Melisa Martínez Olivas asegura que, ante el paso de la Educación Primaria a la Secundaria en el que “todos los niños necesitan un proceso de adaptación vengan del método educativo que vengan, los alumnos que han estado en nuestro sistema educativo, aunque dependerá de cada uno, las herramientas las tienen. Sí que es verdad que al principio es un cambio grande, pero no tiene que haber ningún problema, y ellos cuentan con herramientas que no tiene otros alumnos como hablar en público o trabajar en equipo. Y no están quemados, cansados de la escuela, de estudiar. Vienen con ganas, con ilusión. Muchas veces los niños llegan al instituto con una saturación importante de libros y de exámenes que hace que se pierda la predisposición y la motivación, algo que es muy importante a la hora del aprendizaje”.

“Uno de los problemas de estos métodos es que dicen lo buenos que son, todo lo que fomentan, pero no lo demuestran con hechos o con evidencias”, apunta Sixto González. “Los alumnos que viene de estos métodos alternativos sí que demuestran muchas veces problemas a la hora de adaptarse a una Educación Secundaria Obligatoria con métodos distintos en un aula normalizada. Y esto es clave porque al final todos van a necesitar una titulación para desempeñar su profesión y con esta educación un poco más libre pueden tener problemas. Habría que estudiar cada caso. No estoy generalizando”.

El método educativo de este colegio no utiliza libros de texto y promueve el contacto de los alumnos con el entorno. / Foto cedida

En la localidad turolense de Olba, este método educativo que desarrolla su colegio ha conseguido aumentar la población en edad escolar y mantener abierta la escuela mientras en muchas zonas aquejadas por la despoblación en la España rural han visto como se cerraban aulas unitarias. Mati Soto, con ascendencia conquense y que llegó a este pueblo desde Valencia, buscaba en Olba “un cambio de vida en el entorno rural”. Aquí llegó hace dos décadas y después decidió ser madre. “El hecho de que el colegio sea lo que es, hace que siga viviendo en este entorno”.

Olba ofrece pocas posibilidades de trabajo para los padres de los niños del colegio. “Aquí no hay industria ni nada parecido e, incluso, los alquileres son escasos y no son muy baratos para lo que es el medio rural. Aun así las familias vienen y encuentran su medio de vida, en muchos casos a través del teletrabajo mediante internet”, explica la profesora.

“Mi caso no es que me haya venido a vivir por el colegio, pero sí que es el motivo por el que sigo viviendo aquí y muchas familias están viniendo a este pueblo por el colegio”, explica Mati.

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