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ARTE | SURREALISMO

Los cuadros de Dalí, Picasso y Miró costaban mil pesetas en Tenerife

Tenerife acogió la Segunda Exposición Internacional del Surrealismo en 1935 y se pusieron a la venta grandes obras de arte a precios ridículos, "cualquier coleccionista avispado habría hecho la inversión de su vida", explica el escritor Alexis Ravelo

"La libre inclinación del deseo", de Salvador Dalí (1930) se puso a la venta por algo más de mil pesetas en 1935 en Tenerife

"La libre inclinación del deseo", de Salvador Dalí (1930) se puso a la venta por algo más de mil pesetas en 1935 en Tenerife / Fundación Gala - Salvador Dalí

"Sé que siempre habrá una isla a lo lejos mientras viva", escribió André Bretón en Los vasos comunicantes. Tenerife acogió la Segunda Exposición Internacional del Surrealismo en el Ateneo en la primavera de 1935. Fue la primera ocasión en la que se mostraron en España las obras de la Escuela de París. "No se vendió nada. Los cuadros de Miró valían mil pesetas en Tenerife y no se vendió ni uno", afirma Carmensa de la Hoz, comisaria durante años de dos de los mayores exponentes del arte en Canarias: César Manrique y Pepe Dámaso.

"Bretón escribió El castillo estrellado y El amor loco", explica la curadora. Un relieve de Hans Arp costaba 600 pesetas. El mítico Jardín atrapa-aviones de Max Ernst valía 1.500 pesetas y era posible llevarse a casa La libre inclinación del deseo de Salvador Dalí por unas 1.250 pesetas. "Cualquier coleccionista avispado habría hecho la inversión de su vida", explica el escritor Alexis Ravelo.

Jacqueline Lamba y André Bretón en Santa Cruz de Tenerife (1935) / Gobierno de Canarias

"En el Ateneo se exhibieron en esa ocasión setenta y seis obras de autores como el propio Óscar Domínguez, Giacometti, Dora Maar, Picasso, Miró, Hans Arp, De Chirico, Max Ernst, Magritte, Tanguy o Man Ray, custodiadas en persona por André Bretón, Jacqueline Lamba y Benjamín Peret", explica Alexis Ravelo en el prólogo de su brillante edición de Crimen, el libro "maldito" de Agustín Espinosa.

"Vino André Bretón con Jacqueline Lamba, su mujer. Vino Benjamín Péret y Agustín Espinosa que fue el traductor de todos ellos. Vinieron en un barco carguero de frutas", afirma Carmensa de la Hoz. Era el San Carlos, "uno se imagina aquellas obras, embaladas en cajas de madera, ocupando en una bodega el espacio que en el viaje de regreso a Francia albergaría cajas de plátanos", explica Ravelo.

De hecho, un cuadro de grandes dimensiones de Picasso sufrió graves daños durante el transporte, con una perforación en forma de siete que sería años más tarde restaurada en París. Días antes de la inauguración de la exposición, André Bretón publicó un artículo en La Tarde titulado, Saludo a Tenerife: "Al llegar a Tenerife me he lavado las manos con un jabón común que se semeja al lapislázuli. Me he lavado las manos de toda Europa", dijo Bretón.

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