, 23 de de 2020

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Efecto invernadero

No toda la carne que consumimos impacta igual en el cambio climático

Amigos de la Tierra en colaboración con el Basque Centre For Climate Change (BC3) publica un informe que revela cómo la ganadería extensiva y la conservación de los pastos tiene un efecto mitigador del cambio climático, frente a la ganadería industrial

No toda la carne que consumimos impacta igual en el cambio climático

No toda la carne que consumimos impacta igual en el cambio climático / EUROPA PRESS (EUROPA PRESS)

La afirmación de que la producción y consumo de carne es una de las grandes responsables de la crisis climática que vivimos se ha convertido en un leitmotiv. Sin embargo, el informe “Ganadería y su contribución al cambio climático” que hoy presenta Amigos de la Tierra en colaboración con el Basque Centre For Climate Change (BC3) en un evento digital inaugurado por Dña. Valvanera María Ulargui Aparicio, Directora General de la Oficina Española de Cambio climático, aporta una perspectiva nueva en el debate sobre el impacto de la ganadería en la emergencia climática.

El informe detalla cómo las metodologías que actualmente se utilizan para la estimación de Gases de Efecto Invernadero (GEI) causantes del calentamiento global presentan limitaciones para atribuir el calentamiento que causa la ganadería y no permiten discernir la contribución entre los distintos modelos de ganadería existentes.

“Las acusaciones a la ganadería se centran principalmente en las emisiones de metano por la fermentación de la celulosa que comen los animales y en las emisiones de dióxido de carbono por el cambio del uso del suelo. Ambos factores asocian estas narrativas en gran medida a la ganadería extensiva” ha explicado Agustín del Prado, Investigador del BC3 y coautor del Informe. “Sin embargo, este tipo de análisis no tiene en cuenta la contribución de la ganadería en su conjunto, obviando las emisiones de GEI en todas las fases de producción y consumo incluyendo la fabricación, procesamiento y transporte de los insumos, como pueden ser los piensos, mucho más utilizados en la ganadería intensiva. Igualmente, este modelo de estimación de emisiones tampoco distingue entre especies ganaderas”.

El informe plantea así un cambio de paradigma que tenga en cuenta dos elementos: estimar la cantidad de carbono fósil que se incorpora a la atmósfera por el conjunto de toda la actividad ganadera (no solo las emisiones en la granja, sino también lo que se genera en la fabricación, procesamiento y transporte de los insumos) y evaluar los impactos de las distintas especies ganaderas y de los diferentes modelos productivos.

La ganadería industrial se basa en la importación de piensos (maíz y soja) sobre todo para animales monogástricos (como cerdos y pollos). Esta producción normalmente requiere la conversión de suelos naturales (pastizales y bosque) en cultivos, mediante deforestación de zonas de bosque tropical principalmente en Suramérica, con su consecuente huella de carbono. Las actuales estimaciones no nos permiten visualizar estos graves impactos frente a los efectos benignos para el clima de la ganaderíaextensiva y ecológica” ha declarado Andrés Muñoz Rico, Responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra.

Para apoyar el diseño de una estrategia de producción y consumo de carne alineada con los objetivos de reducción de emisiones de gases efecto invernadero, el informe concluye con cuatro recomendaciones principales para las políticas públicas nacionales:

  1. Implementar criterios que estimen adecuadamente las emisiones antropogénicas derivadas de la actividad ganadera y sus diferentes impactos a nivel climático: tanto los negativos que ahora no se contabilizan (emisiones indirectas no incluidas en inventarios nacionales en el sector ganadería), como los positivos (fijación de carbono en tierras de pastos o efecto positivo en el albedo) o neutros (el metano biogénico que no se acumula en la atmósfera, o las emisiones naturales de la ganadería).
  2. Evaluar los impactos climáticos de los diferentes sistemas productivos de carne, desde la ganadería extensiva, pasando por los modelos mixtos, hasta los industriales. Además, considerar también el conjunto de impactos medioambientales y sociales, aunque no influyan en la emisión de GEI, como el impacto en las comunidades rurales o la contaminación de agua en el caso de la implantación de macrogranjas industriales.
  3. Evaluar climáticamente todas las políticas públicas que afecten a la producción y consumo de carne, tales como la Política Agraria Común (PAC), la firma de tratados de libre comercio, como el de la UE-MERCOSUR, o las propuestas de reforestaciones en tierras de pastoreo incluidas en el “Pacto Verde Europeo”, teniendo en cuenta el conjunto de emisiones GEI derivados de los patrones de producción y consumo de carne que se promuevan.
  4. Integrar las políticas públicas sobre la producción y consumo de carne en una perspectiva global sobre el sistema alimentario, que incluya otras estrategias alimentarias beneficiosas para alcanzar los objetivos de la neutralidad climática para 2050, como pueden ser el aumento de la producción agraria y ganadera agroecológica, la promoción de la ganadería extensiva, la reducción de la perdida y del desperdicio alimentario o el impulso de los canales cortos de comercialización.


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