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Radio Madrid

El Gregorio Marañón deriva pacientes COVID a la privada por "la carencia de personal sanitario"

El hospital ha firmado un contrato de dos meses con la clínica particular Beata María Ana por 867.480 euros

El jefe del servicio de Medicina Intensiva del Gregorio Marañón, José Eugenio Guerrero, enseña a la presidenta Ayuso la nueva UCI / Comunidad de Madrid

La segunda ola de la pandemia llegó antes de lo previsto, en pleno verano, y pilló al Hospital General Universitario Gregorio Marañón en medio de las obras para transformar su antigua biblioteca en una nueva unidad de cuidados intensivos con hasta 35 puestos adicionales -la capacidad previa de su UCI, según la Gerencia, era de apenas 20 camas-. Unas instalaciones que ha inaugurado este martes la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso.

La semana del 21 de septiembre, cuando el centro firmó el contrato para derivar pacientes a la privada, empezó con 273 personas ingresadas en planta y 42 críticos en sus UCIS. Esos días el miedo a un nuevo colapso del centro recorría los despachos y Joseba Barroeta, el director gerente, lo deja por escrito. En ese momento -según dice- el hospital se encontraba de nuevo en “una situación de alto riesgo por saturación”. Así justifica la tramitación de emergencia de un contrato con la clínica privada Beata María Ana y la externalización parcial de la atención a pacientes con coronavirus. Según fuentes próximas a la Gerencia, ha permitido "equilibrar la demanda asistencial derivada de la segunda ola de la pandemia, facilitando que el Hospital Gregorio Marañón continúe prestando atención, como centro de tercer nivel, a otras patologías médicas y quirúrgicas, especialmente las de mayor complejidad."

El Marañón tiene que recurrir a este centro, gestionado por la Congregación de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, al coincidir en el tiempo la reforma de su hospital oncológico y “la carencia del personal sanitario que pueda atenderles por el periodo vacacional”. El acuerdo permite al Gregorio Marañón disponer de 20 camas adicionales -17 de agudos y 3 de críticos- en las instalaciones de la clínica privada durante dos meses. A cambio se compromete a pagar un máximo de 867.480 euros. La Gerencia no pide más presupuestos. Elige al Beata María Ana “por criterios de solvencia técnica”, pero también por “criterios de localización, por proximidad geográfica, al estar situado a menos de 100 metros de nuestro centro sanitario”, según se lee en el pliego de condiciones técnicas que rigen el contrato.

Resolución por la que se ordena tramitar de emergencia el contrato con el Hospital Beata María Ana y en la que figura como uno de los motivos la falta de personal / Hospital General Universitario Gregorio Marañón

Uno de los aspectos más interesantes de este acuerdo es que arroja algo de luz a uno de los grandes interrogantes de la pandemia: el coste que tendrá para los contribuyentes la derivación de pacientes a la sanidad privada durante la primera ola. La Comunidad de Madrid aún no ha fijado esa contraprestación, pero este contrato deja una referencia. Las partes acuerdan un coste de 626 euros por enfermo y día en el caso de los agudos. Esa cantidad se incrementa hasta los 1.272 euros por paciente y día en el caso de los enfermos críticos. El importe se ha calculado de acuerdo al coste medio estimado de los pacientes COVID por la Unidad de Codificación y el Servicio de Gestión Económico Administrativa del Gregorio Marañón.

La liquidación se hace una vez al mes, en función de cuántas de esas camas se han ocupado finalmente, y durante cuanto tiempo. El equipo directivo del Marañón no concreta cuánto se ha abonado hasta la fecha, pero sí que "esas camas se han mantenido ocupadas en todo momento por 51 pacientes", aseguran esas fuentes. Por su parte, el Beata María Ana se compromete a cubrir toda la asistencia sanitaria -hasta el alta-, incluidos los gastos de hospitalización, las consultas con especialistas, las pruebas diagnósticas complementarias o los tratamientos farmacológicos que precisen esos pacientes.