Jueves, 25 de Febrero de 2021

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LA FIRMA CON EL GARRANCHO 22/01/2020

El pájaro injertador

El Garrancho.

El Garrancho. / El Garrancho

EL PÁJARO INJERTADOR

Acaban de escuchar a Antonio Ros Sánchez: “El Pájaro”, realizando la milenaria práctica agrícola del injerto en uno de los 5000 almendros que cultiva. Tierras y conocimientos transmitidos por herencia de sus antepasados, al igual que su apodo, que a pesar del decrecimiento del medio rural sobrevive y que sirve para identificar a los miembros de una misma saga familiar, pobladores de nuestro campo desde hace varios siglos.

Antonio Ros nació hace 64 años en su casa de Los Carriones, perteneciente a la Diputación de La Magdalena en la zona oeste del municipio de Cartagena, en el mismo lugar donde hoy por hoy vive y trabaja las tierras de la hacienda La Zamarrera, denominada así porque antiguamente allí se curtían las pieles de ovejas para elaborar zamarras.

Antonio Ros Sánchez labrando con su tractor. / El Garrancho

Su padre Juan Ros Torres “El Pájaro “nació en 1923 en la casa del Gallo, junto a la Torre Rubia y allá por los años 40 adquirió la finca, que con mucho esfuerzo reconstruyó y donde echó ganado: “más de 300 cabezas, dos vacas y diversos animales para el autoabastecimiento”, ya que, en aquella época, nuestro campo todavía se caracterizaba por la autosuficiencia debido a la escasez de dinero y a la pervivencia del trueque.

Un periodo de terrible sequía provocó la perdición de las plantaciones de “pésoles” y del rendimiento de las tierras, por lo que su padre decidió entonces buscar un trabajo complementario y adquirió un automóvil. Un vehículo de 7 plazas “que vino de América” marca Oldsmobile, matriculado en 1929, autorizado a circular por España en 1953. Obtuvo la licencia de conductor de taxis con parada en el cruce de La Magdalena, realizando un valioso servicio público, que servía entre otros menesteres para desplazar con rapidez a la comadrona para asistir a las parturientas en las poblaciones y caseríos diseminados por el campo, como así hizo con su propio hijo el día de su nacimiento.

De izquierda a derecha: Eulalia Sánchez Pedreño. Francisco y Antonio Ros Sánchez y Juan Ros Torres, con el taxi Oldsmobile, en la puerta de su casa de Los Carriones, (La Magdalena), en 1964. En la fotografía puede apreciarse entre otros detalles la carretera recientemente asfaltada por primera vez en ese año / Juan Antonio Ros

Hablamos de una época, no tan lejana, en la que todavía era habitual “bajar” a Cartagena caminando, en bici o en carro. “El lechero iba en tartana” y lo que actualmente es la carretera RM 332, (Cartagena-Mazarrón), era un camino de tierra y de piedra caliza, compactada a base de marrazos. Recuerda Antonio que en 1964, cuando él tenía 8 años fue cuando se echaron por primera vez “gachas “de las minas de La Unión, alquitrán y gravilla.

Su padre tenía que compatibilizar las tareas propias del campo con el taxi y cuando le salía un servicio o un viaje, era su madre Eulalia Sánchez Pedreño, (nacida en 1924 en el Molino Zabala), junto con sus hijos Antonio y Francisco los que se hacían cargo de las arduas faenas del hogar, las tierras y el ganado.

Licencia de taxista expedida por el Ayuntamiento de Cartagena. / Juan Antonio Ros.

Fue así, como Antonio “El Pájaro” aprendió entre otras tareas a ser injertador, que muy básicamente consiste en saber insertar la parte de una planta con yema llamada “púa”, a una rama o tronco de otra planta llamada pie o patrón, que se convierte en su soporte y proporciona los alimentos necesarios para el crecimiento; acabando ambas constituyendo una única planta, con las características de la primera de ellas.

Antonio Ros Sánchez injertando. / El Garrancho

Claudio Boutelou, que fue uno de los mejores jardineros y profesores de agricultura durante el reinado de Fernando VII, en su maravilloso “tratado sobre el injerto” publicado en 1817, dice que “el injerto puede considerarse el triunfo del arte sobre la naturaleza”.

Una aplicación de los conocimientos y saberes ancestrales del ser humano, que demuestra que somos parte inteligente de la naturaleza y que aliándonos con ella y no en su contra, podemos extraer los mejores frutos y las mejores lecciones de aprendizaje.

Así pues, a modo de moraleja se despide esta firma, con un trovo compuesto para esta ocasión por Pablo Díaz Moreno “El Morcilla”:

Sale un árbol que sea viejo,

más joven y renovado

después de ser injertado,

porque destierra lo añejo.

En un tiempo tan complejo

hay que tener confianza,

pues volverá la bonanza,

y tras esta edad tan dura

vera la época futura

el triunfo de la esperanza.

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