Martes, 02 de Marzo de 2021

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La degradación del periodismo en tiempos de pandemia

Un grupo de restauradores de carácter negacionista y de ultraderecha, ajeno a las patronales, veta a periodistas en sus comparecencias y comparte bulos que reniegan de mascarillas y vacunas

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Los ánimos están agitados en el sector de la hostelería en las últimas semanas. Hay un grupo que se desmarca de las habituales líneas de protesta de PIMEM Restauración y CAEB y manifiestan su descontento a su manera.

Ese hastío se lleva a cabo en la calle. El pasado 12 de enero, unas 4.000 personas se manifestaron sin el permiso necesario frente el Consolat de Mar, sede del Govern balear, para exigir "derecho al trabajo, libertad y una vida digna". No solo hubo exigencias, también insultos, vejaciones, alguna bengala y el lanzamiento de un objeto contundente que llegó a romper un cristal del edificio. Así lo señalan desde Delegación del Gobierno, quien ya informó de las denuncias y sanciones que se interpondrían.

Sin ir más lejos, este viernes volvieron a manifestarse y, de nuevo, se incumplió la normativa. La protesta estaba autorizada de manera motorizada, es decir, en vehículos, tal y como el ideólogo de este movimiento aseguró a la propia Delegación. Y se volvió a incumplir porque, según datos de la propia administración, no solo hubo alrededor de 850 coches, sino que hay que sumarle 1.000 personas más a pie. Además, se invadió la calzada y se detuvo a un hombre por resistencia, desobediencia y atentado a la autoridad. En cualquier caso, la protesta aglutinó a menos de la mitad de los asistentes de la semana anterior.

Como ya ocurriera en otras ocasiones y en diversos puntos de España, se trata de un grupo de ideología de extrema derecha. En las conversaciones que mantienen por una conocida red social, muy común entre personas de este tipo de concepciones, se pueden leer insultos a miembros del Govern y del Gobierno central, así como al Partido Popular. Se lee igualmente algún "Viva Franco", y también se observan mensajes de agradecimiento y apoyo tanto a organizaciones como a un partido político de similar ideología que han apoyado esta manifestación que terminó vulnerando la normativa establecida para su celebración.

Son muchas las aristas que existen en torno a este tema y en 'A Vivir Baleares' se han explicado dos de ellas. La primera tiene que ver con lo sucedido el pasado martes cuando este grupo convocó una comparecencia para informar de esta última manifestación y vetó la entrada a IB3 y al diario ARA Balears.Urko Urbieta, periodista de 'Última Hora' y secretario general del Sindicato de Periodistas de Islas Baleares (SPIB), ha pasado por el programa para denunciar este hecho y explicar las medidas que se están llevando a cabo en el sindicato.

"Cuando ocurren hechos de este tipo, lo que a uno le pide el cuerpo es marcharse; pero, claro, aunque uno quiera, no puede hacerlo así como así porque no acude al acto en representación de sí mismo, sino del medio para el que trabaja", ha señalado. "En el sindicato estamos trabajando en elaborar un permiso para que exista esa posibilidad, para que los directores de los medios conozcan este hecho y los periodistas tengan vía libre para abandonar la sala si se ha vetado a alguno de sus colegas de profesión", ha explicado Urbieta.

Siendo la libertad uno de las consignas que promulga este grupo, resulta contradictorio que se impidiera la entrada a determinados medios. "Esto es, además un intento de manipulación de la información. Con este veto, se está eligiendo quién y cómo se transmite la información, así como quién la leerá y quién no", ha agregado el secretario general del SPIB.

Otro de los asuntos a comentar, y en el que colaboran muchos integrantes del mencionado grupo, es el negacionismo. Afirman que las mascarillas no solo no hacen efecto, sino que forma parte de un "sometimiento al miedo y a la sumisión" y que forma parte de una estrategia de una "dictadura encubierta" que "divide haciendo pensar que quien no la lleva es malo". "Me duele el pie, ¿tendré COVID?", ríen mientras comentan lo sucedido en la manifestación.

Además de esta forma de alentar al personal a provocar contagios en masa, existen los bulos y las mentiras, como determinados vídeos de redes sociales en los que alguien anónimo cuenta su experiencia personal con el virus, alguien a quien nadie conoce y del que no se sabe si miente o dice la verdad. Es importante puntualizar también que la concepción de los medios tradicionales por parte de estas personas es de "mentirosos y comprados", junto a una retahíla de insultos, por lo que su necesidad de información se calma con portales, 'pseudodiarios digitales' y demás páginas web que, en el mejor de los casos, incluyen una información más que dudosa. Consiste en argumentar sus ideas mediante enlaces sin rigor alguno, que anuncian la inutilidad de las mascarillas, que afirman que los positivos asintomáticos no contagian o que la incidencia del virus está creciendo en países con mayor tasa de vacunación.

Saber diferenciar entre la información fiable y contrastada y una 'fake news' es uno de los retos de la sociedad, y en tiempos de pandemia es más importante, si cabe. Por ello, Javier Mato, profesor de Periodismo Digital en la escuela CESAG, en Palma, también ha pasado por 'A Vivir Baleares' para explicar este asunto.

"El ser humano, cuando quiere autoengañarse, lo hace sin necesidad de que exista internet o las redes sociales", ha argumentado Mato. "Las noticias falsas existen porque hay alguien detrás que tiene un interés en que se publique, y no hace falta que la fuente sea verdadera si es verosímil", ha agregado.

Ha relatado el caso de una investigación sobre este tema que realizaba la BBC. Las pesquisas llevaron a la corresponsal hasta un pueblo pequeño y humilde en los Balcanes, donde gente joven contaba con 4.000 o 5.000 euros disponibles como resultado de su trabajo creando noticias falsas. "En este caso, a las redes sociales les da igual, lo que quieren es tráfico", ha explicado Mato.

"Normalmente, una noticia verdadera provendrá de fuentes conocidas, o que tienen una fácil trazabilidad; eso sí, un indicador muy claro de que una información es falsa es que el consumidor quiere engañarse a sí mismo, no tiene voluntad de encontrar la verdad", ha subrayado.

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