Viernes, 16 de Abril de 2021

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Pastoreo

Un pastor, un burro, un perro y un ganado de ovejas entre Yémeda y Cardenete

Amador Herraiz es ganadero en Cardenete y pastorea sus ovejas acompañado de su perra y de sus burros

Amador Herraiz con su burro Platero y con su perra Pastora junto a su ganado de ovejas en la carretera de Cardenete (Cuenca).

Amador Herraiz con su burro Platero y con su perra Pastora junto a su ganado de ovejas en la carretera de Cardenete (Cuenca). / Guillermo Román

Amador Herraiz Pérez es, junto a su hermano Mario, ganadero y pastor en Cardenete. Pastorea sus ovejas en este término municipal y en los cercanos de Yémeda y Carboneras de Guadazaón. Nos encontramos con él guiando a sus ovejas al pie de la carretera y nos contó su historia que hemos compartido con los oyentes de Hoy por Hoy Cuenca en el siguiente reportaje:

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Cae la tarde entre los campos de labor de estos pueblos de Cuenca. La luz se adentra en la hora dorada del atardecer y poco a poco bajan las temperaturas. Las ovejas rasuran con sus incisivos los restos de un rastrojo. Hace un momento estos mismos animales aromatizaban sus intestinos con las briznas de un romeral en flor.

Amador con su burro Platero. / Guillermo Román

El pastor vigila desde la cuneta de la carretera que las ovejas no se adentren en la calzada, que no pasen del límite del terreno de pastos, que no se metan en un campo de cereal que se presenta en este tiempo con briznas de cebada de un verde brillante y muy apetitoso para los animales. Amador lleva esta tarde con él 850 ovejas, lo que viene a ser casi la mitad de su ganadería que cuenta con 1.400 cabezas.

El oficio de pastor es duro. La jornada comienza al amanecer. En verano salen al campo con las temperaturas más frescas y pastorean hasta el mediodía cuando el sopor del calor estival amodorra a los animales. Es entonces cuando el pastor se encamina con ellos a los corrales. Pero en invierno, con muchas mañanas teñidas de blanco por las frías escarchas de la Serranía, los ganaderos empiezan la faena en la nave sobre las ocho y salen al campo con las ovejas a partir de las diez.

Aunque en su familia han sido ganaderos, Amador no siempre tuvo claro que acabaría dedicándose al pastoreo y estuvo trabajando en la fábrica de maderas de Cardenete. Ahora, nos cuenta que uno de sus hijos seguirá la profesión.

El trabajo con una explotación ganadera es duro porque los animales, ya ven ustedes, tienen el capricho de comer todos los días, incluidos los domingos. Y necesitan del cuidado de sus dueños de día y casi de noche. Nunca se sabe cuándo una oveja se pone de parto. A esta profesión, que al fin y al cabo es una industria, una empresa, hay que buscarle una rentabilidad económica. Y las cuentas salen “porque lo hacemos todo nosotros”, dice Amador. “Y gracias también a las subvenciones”.

Amador con sus ovejas. / Guillermo Román

De estas ovejas de la Serranía, los ganaderos aprovechan solo los corderos que crían para consumo. Por aquí no se hacen quesos y la lana, de un tiempo a esta parte, perdió su valor como producto y el esquileo se hace solo por ser una necesidad del animal, no por la rentabilidad que pueda aportar la venta de la lana. Y el precio de los corderos está como está. Ahora los están vendiendo “a 50 euros”, dice. Para conseguir una rentabilidad en la venta de los animales, este ganadero estima que “el precio debe rondar los 65 o 70 euros”.

Cae la tarde en Cardenete y Amador apura el atardecer para encaminar sus ovejas hacia los corrales que hoy tiene cerca de donde pastorea. Pero no siempre es así. Las jornadas con el ganado incluyen grandes desplazamientos por el campo en busca de los pastos adecuados y este pastor se hace acompañar de dos burros. Junto a él, al pie de la carretera, está Platero, que le lleva el hato y le lleva a él montado cuando se desplaza junto a sus ovejas.

En medio del rebaño, como una oveja más, pastorea esta tarde, Revoltosa, una burra que tiene preñada y con la que espera aumentar su cabaña que, de momento, se completa con otro burro, Domingo, que hoy se ha quedado en la cuadra.

La perra Pastora y la burra Revoltosa con el ganado. / Guillermo Román

Mientras charlamos con Amador, vemos cómo se queda pendiente del ganado la perra. Se llama Pastora y, tras arremolinar a las ovejas dentro del rastrojo donde pastan, se acerca a nosotros interesada por los visitantes que conversan con su amo.

Pero nosotros dejamos ya a este grupo que forman un pastor, un burro, una perra y un rebaño de ovejas, y que pastorean entre Yémeda y Cardente, porque oscurece y la voz de Amador les llama ya para regresar a casa.

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