Viernes, 23 de Abril de 2021

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Una Gala sublime y que enseña el camino

Enrique Camacho brilla con un dinámico formato que sirvió para honrar el Carnaval, elegir guardiana para el cetro y marcar un precedente para años futuros

Carlos Rivera, durante su actuación en la Gala.

Carlos Rivera, durante su actuación en la Gala. / Cadena SER

El Carnaval virtual dejó un excelente sabor de boca con la Gala de Elección de las Guardianas del Cetro, idea original de Enrique Camacho que el director isleño plasmó a la perfección sobre las tablas del Recinto Ferial y superó en cualquier comparación posible al antecedente más reciente: el espectáculo que programó el año pasado la anterior corporación aunque entonces como antesala de un Carnaval real.

El propio Camacho había pedido en las horas previas que no se fijasen comparativas, entre otros motivos porque las diferencias con la edición previa saltaban a la vista. En 2020 sí se elegía Reina; el espectáculo era con público, significaba el último aperitivo antes del Carnaval en la calle y los grupos actuaban en directo. Nada que ver con la propuesta para este 2021, a puerta cerrada, con parte de la Gala grabada -cumpliendo con las restricciones contra la pandemia- y, lo más importante, el 'show' no hacía de telonero de la fiesta sino que suponía la gran traca final. Y así fue.

El buen regusto que dejaron el viernes las murgas y el día antes las comparsas había alimentado las expectativas ante la gran gala. La enorme pantalla dispuesta en el Recinto hizo las veces de escenario virtual para la aparición en escena de los dos mismos maestros de ceremonia que para los espectáculos precedentes, los siempre solventes Alexis Hernández y Laura Afonso. El director decidió asegurar y optó por un dueto que ya había funcionado bien en ocasiones anteriores.

Ya el comienzo fue una primorosa declaración de intenciones. Abubukaka, Darío (de Palante Producciones) y Pepe Benavente participaron de un hilarante 'sketch' que valió para llamar -por teléfono- a la Reina vigente, Sara Cruz. Su aparición estelar vino acompañada de la actuación de Carlos Rivera (sobra decir que mucho mejor aprovechado que Paulina Rubio un año antes) y de un emotivo discurso de la soberana en favor de las personas que hacen el Carnaval.

Las pantallas del Recinto mostraban el 'skyline' chicharrero con la noria brillando, el Auditorio al fondo y unos fuegos artificiales que evocaban a la capital en fiestas. Fue desternillante la siguiente aparición de Abubukaka, siempre haciendo referencia a usos y costumbres muy carnavaleros, como traer a una estrella de fuera a presentar... para que la pifie. Las risas precedieron a la presentación de las primeras reinas y a la explicación que los presentadores hicieron del formato. "Menos es más", resumió Laura Afonso al referirse a las dimensiones reducidas de los trajes de este año. Quizás los diseñadores no compartan esta reflexión, pero hasta el minimalismo de este domingo atípico se agradece y se aplaude.

Fueron algunas caras conocidas de la televisión y la radio las que dieron paso a diferentes piezas que recordaban la esencia del Carnaval: desde las Reinas a las murgas o las comparsas, con testimonios grabados de algunos de los protagonistas de la fiesta isleña por antonomasia.

La Gala no decayó en casi ningún momento, obviamente sí por el alto número de aspirantes (se elegía guardiana en tres modalidades). También se echó en falta una actuación más potente de las murgas adultas, uno de los colectivos más señeros del Carnaval. Gustó mucho más la canción que ofrecieron los portavoces de las infantiles mientras sus compañeros ausentes les seguían por Zoom y eran proyectados en el gran pantallón del Recinto. Un tema con mensaje. Mención especial merecen las rondallas, que actuaron... ¡desde el Guimerá! Detallazo. Probablemente la mejor actuación de este género en toda la historia de las galas de Santa Cruz.

Fue muy notable el esfuerzo de Camacho por dar lustre al talento canario, con un montón de grupos y cantantes del Archipiélago que tuvieron cabida en el ágil y dinámico espectáculo de las Reinas. Si las comparsas actuaron desde el exterior del Recinto, las orquestas lo hicieron desde la plaza de España. Maravilloso... y sonando a Carnaval.

Fue un espectáculo que valió para honrar a la Fiesta -y a quienes la hacen- en un año tan difícil como el de la pandemia. Las más de dos horas de 'show' fueron una magnífica tarjeta de presentación de los Carnavales chicharreros, una buena forma (además solidaria) de elegir guardiana para el cetro y un ejercicio pedagógico de lo que significa febrero para los tinerfeños. Ahora bien, lo que nadie esperaba es que la obra de Enrique Camacho superara su propio listón y se convierta desde ahora mismo en un excepcional precedente a tener en cuenta para años venideros. El formato funcionó tan bien que debería quedarse.

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