Lunes, 10 de Mayo de 2021

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Antonio Vergara: "La pandemia ha marginado otras enfermedades y eso pasará factura"

El médico gaditano recibirá el 23 de abril el título de Hijo predilecto de la ciudad de Cádiz

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Antonio Vergara (Cádiz, 1951) es médico. De todas las personas a las que pudo cuidar, se volcó en aquellos a los que nadie quería ayudar. En plena década de los ochenta, atendió a los enfermos de SIDA, en una generación marcada en Cádiz por el dolor que provocó droga. Fue uno de los fundadores del Hogar Gerasa. Incansable luchador en defensa de su profesión, de la sanidad pública y de las causas justas. Estuvo a punto de ser candidato a la alcaldía, pero renunció porque no quería frustrarse. Es consciente de que cambiar las cosas cuesta. Pero no por eso hay que dejar de luchar por ellas.

Pregunta. El próximo 23 de abril recoge el título de hijo predilecto de la ciudad de Cádiz. ¿Qué supone este reconocimiento para usted?

Respuesta. He tenido ya varios días para madurar lo que ha pasado. Yo tengo cierta contención. En mi vida he tenido el hábito de contener mis emociones porque en mi trabajo uno se puede dejar llevar emocionalmente en muchos momentos difíciles. Así que estoy entrenado a contener las emociones. Así que el primer día que te dicen que eso, pues te gusta, desde luego, pero, como estás bloqueado emocionalmente, no he expresado mucho. Pero, al madurarlo durante este tiempo, el sentimiento es de plenitud emocional impresionante. Es que es mi casa, son los míos, me siento muy gaditano y estoy muy contento.

P. Un gaditano de la calle Feduchy.

R. Efectivamente. Además, es que yo nací en la casa familiar. Soy de Cádiz, Cádiz.

P. ¿Cuándo decidió ser médico?

R. En mi familia no hay tradición de médicos. Sí he tenido el orgullo de un hermano de mi padre, mi tío Pepe, que era el farmacéutico de la farmacia Vergara, de la calle Compañía. Ese hombre es el único contacto sanitario que teníamos. Cuanto terminé el PREU (formación preuniversitaria), la facultad que más prestigio tenía era la de Medicina. No había todavía Universidad de Cádiz, pero estaba la facultad y el colegio de Filosofía, había peritos, ciencias del mar... Yo no podía estudiar fuera de Cádiz, era un esfuerzo familiar muy importante. Entonces, yo, por responsabilidad, tuve que estudiar en Cádiz, hablé como mi tío Pepe, no se me olvidará, y él me dijo lo de Medicina. Empecé la carrera sin mucha conciencia de donde me estaba metiendo, pero la verdad es que, analizando mi trayectoria, yo estoy encantado de haberlo decidido así. Es una profesión que te permite muchas cosas buenas. Tiene cosas fuertes, cosas que hay que saber resistir, pero tiene un componente de acompañar, de ayudar, que a mí me ha agrandado muchísimo como persona.

P. El título de hijo predilecto se le entrega en reconocimiento a su trabajo como médico, especialmente, por haber ayudado a colectivos a los que nadie quería ayudar como a los enfermos de SIDA en los ochenta. En ese contexto nació el Hogar Gerasa. ¿Cómo recuerda aquellos años?

R. Lo recuerdo como si fuera ayer. Son recuerdos impactantes que me acompañan siempre. Además, en plenitud de emoción. Yo tengo el concepto que, en mi época inicial no era muy compartido, los médicos del Servicio Andaluz de Salud, de la pública, somos trabajadores. Decir esto en aquella época era una anatema. Muchos se veían en otra categoría humana. Pero yo lo veía como que teníamos una función muy importante, pero al servicio de la salud y la atención sanitaria de las personas que lo necesitaran. Por lo tanto, a mí me tocó el SIDA como me pudo tocar la lepra o cualquier otra enfermedad. Yo estaba detrás de la puerta y el que entra es el que manda. Yo no decido a quién atender. Ese concepto es lo que hace fuerte al sistema sanitario público. Imaginaros lo que hubiese sido esta pandemia de coronavirus sin un sistema público que dependiera si yo me asustara o no. Sería terrible. Por lo tanto, el sistema sanitario público crea una dinámica profesional donde tú estás en la trinchera y atiendes al que te viene. El impacto de aquel momento es que vino una enfermedad nueva, que no conocíamos. Y, desde el punto de vista profesional, fue más complicado que el coronavirus. Y encima afectó a sectores sociales que algunos consideraban anormales o marginales, como eran los drogadictos por vía intravenosa o los hombres que tenían sexo con hombres. En mi caso, fue automático. Yo estaba y les atendí. Y eso me llevó a un mundo conflictivo, pero que, ahora viéndolo, ha tenido muchos beneficios en mi desarrollo personal y vital. Por un lado, las necesidades de ayuda y el desconcierto profesional lo compartimos todos los que entonces nos encontramos en los hospitales del mundo, pero, en este caso, yo conocí a los de Andalucía. Muchos de mis amigos personales son de aquella época porque nos reuníamos mucho. Uno de mis grandes amigos es el que llevaba el SIDA en San Sebastián. O el de Valencia. ¿Por qué? Porque todos estábamos con los mismos problemas, muy agobiados, y eso nos llevó al Hogar Gerasa.

P. ¿Cómo surgió?

R. Antonio Bascuñana, hermano mío desde entonces, junto a los compañeros de enfermedades infecciosas del hospital, teníamos el agobiazo de saber qué hacer con nuestros pacientes una vez les dábamos el alta. Y ahí se inicia una historia necesaria que, milagrosamente, fue un cúmulo de circunstancias favorables.

P. Lo complicado era hacer realidad aquel proyecto, ¿no?

R. Efectivamente. Al final, es que nos reunimos unas pocas de personas de las unidades de infecciosas de estos dos hospitales, enfermeras y médicos. Nos planteamos qué podíamos hacer. En esa lucha aparece una cantidad de dinero de la Junta de Andalucía con el consejero de Trabajo y Asuntos Sociales, Ramón Marrero, que era de Cádiz, y, además era familiar de una enfermera del Hospital Puerta del Mar, Carmen Valdivia. El consejero nos dijo que tenía una partida que iba destinada a un proyecto y que se iba a perder porque ese proyecto no había cuajado. Estamos hablando de diciembre de 1994. Nosotros empezamos a temblar. Porque ese dinero posibilitaba el inicio del camino, pero nos asustaba porque nosotros no dejábamos de ser unos sanitarios. Eran 63 millones de pesetas de entonces (378.000 euros). Fue históricamente así. Pepe Chamizo, el que después fue defensor del Pueblo andaluz, nos ayudó. Ya entonces él tenía una comunidad abierta en el Campo de Gibraltar. Sin su estímulo, habría sido complicado que nos hubiésemos metido en el jaleo. El padre Chamizo fue y es parte importante del Hogar Gerasa.

P. Ese hogar ha ayudado a mucha gente en unos momentos en los que el SIDA estigmatizó a tantas personas. Aún sigue sin una vacuna. ¿Ha faltado interés en esa investigación?

R. Por desgracia, el mundo no tiene la tendencia a aprender. En cualquier cosa que te ocurra tienes que hacer balance para saber en qué te has equivocado y en qué he acertado para ir aprendiendo. Con la pandemia del coronavirus se ha demostrado la importancia del sistema público. Aquellos países que no lo tienen, desgraciadamente, están perdidos, en comparación con nosotros. Y, en segundo lugar, es clave la investigación, que obliga a poner recursos. También hemos aprendido que la investigación no puede estar en manos de empresas privadas exclusivamente porque estás en manos del libre comercio que, para mí, es un concepto debatible. Lo de libre, digo. La vacunación es de vital importancia. Hay que vacunar a todo el mundo. También a los países en vías de desarrollo. No puede contemplarse desde un punto de vista comercial porque mientras no se vacune todo el mundo la pandemia persistirá. Mientras circule el virus, la pandemia seguirá. Por eso, la única manera de controlar la pandemia es vacunar a todo el mundo. Por eso es tan importante la investigación biomédica pública. 

P. Esta reivindicación la ha liderado usted desde la Marea Blanca, que defiende la sanidad pública. ¿Ahora hay más grietas en el sistema sanitario público que nunca?

R. Sin duda. Y lo digo con pesar profundo. El Servicio Andaluz de Salud es mi segunda casa. Y algunos de los míos me dicen que es la primera, porque seguro que he estado más tiempo allí que en mi casa. La profesión que he desarrollado es muy absorbente. Mis hijos se quejan de que como me dedico ahora a mis nietos no me dedicaba a ellos. Y tienen razón. Yo lo hablo desde mi consideración de que la atención sanitaria pública es nuestro mayor logro social, desde el punto de vista que nosotros defendemos: una sanidad universal, gratuita, con acceso equitativo. Y eso actualmente está en peligro. Porque la pandemia ya en una sanidad pública deteriorada ha hecho estragos. La atención primaria se ha centrado en la pandemia, como si no hubiese otras enfermedades y esto va a pasar factura. Porque no es posible soñar que unos servicios sobresaturados antes de la pandemia, ahora ya no haya un cúmulo de enfermedades marginadas. Y son enfermedades que no están siendo atendidas debidamente. Y eso nos preocupa enormemente. Como todas las crisis, lo importante es aprender de ella por encima de cualquier otro concepto: presupuesto, recursos y personal. No hay otra.

P. En la trayectoria de Antonio Vergara destaca también su vertiente política en Ganar Cádiz. Usted tuvo la oportunidad de ser candidato a la alcaldía, pero renunció (fue elegido en primarias, pero cedió el puesto a Martín Vila). ¿Se plantea de nuevo alguna vez ese reto?

R. En el momento en que ocurrió eso a mí me llenó de orgullo. Me parece una cosa increíble, pero es verdad que en ese momento tenía que dejar lo mío y lo mío era muy importante. No podía dejarlo. Y soy de los que opinan que no se puede trabajar en dos sitios. Con cierto dolor, lo dejé. Pero también digo que mi acercamiento a las instituciones nunca ha sido satisfactorio para mí. En mi forma de ser, mi personalidad, el estar en primera línea política frustra mucho. Porque todos tus deseos chocan con la realidad. Yo quiero hacer esto, pero no puedo. Eso me pone de los nervios. Yo dimitiría a los cinco minutos, porque el motivo de mi estancia sería hacer cosas. Y si no lo puedo conseguir me frustro mucho. Hay que tener una personalidad para estar en las instituciones e ir dando pasitos muy pequeños para ir avanzando. Pero a mí esos pasitos tan pequeños me desesperarían. Prefiero estar en otro orden de la política, como es los movimientos sociales, donde me siento más desarrollado y con menos contradicciones. No creo que termine siendo cargo ninguno. Me han ofrecido alguna vez ser cargo en hospitales y he pensado lo mismo. No me imagino firmando contratos de fines de semana. Yo sería gerente para revolucionar el hospital, no para seguir haciendo lo que todos hacen.


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