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La Firma de 'El Garrancho' 30/04/2021

"Miles de sacos de almendra "partía" a mano con un clavo y una piedra"

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"Miles de sacos de almendra "partía" a mano con un clavo y una piedra"

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Acaban de escuchar a Amparo Conesa Pagán, nacida en las Casas de La Sierra, junto a la rambla de Los Simonetes, en las estribaciones del Pericón, nombre que recibe un conjunto de cabezos que forman parte de la cadena montañosa que limita la llanura del Oeste del municipio Cartagenero y que actualmente están protegidos con la categoría de Lugar de Importancia Comunitaria, por su potencial contribución a restaurar el hábitat natural.

Derecha abajo: Amparo Pagán, junto a su hijo Juan Conesa, recogiendo pésoles junto a un grupo de mujeres campesinas familiares y amigas en un bancal de las Casas de La Sierra. Diputación de La Magdalena. Zona Oeste de Cartagena, 1964. / El Garrancho

Ginés Conesa, campesino y "cabeza de familia" falleció cuando Amparo tenía once meses, siendo ella la pequeña de cinco hermanos, lo que le impidió ir a la escuela porque lo primero era tener asegurado el sustento y ayudar a conseguirlo.

Izquierda arriba: Amparo Conesa con un grupo de mujeres "partidoras" de los almacenes de almendras de San Isidro, propiedad de Pencho "El Santero", (arriba con sombrero). Década de los años 50, / El Garrancho

Su madre: Amparo Pagán, también hizo lo que en aquella época estaba reservado casi exclusivamente a los hombres: traer el jornal a casa, además de seguir realizando lo que estaba destinado a las mujeres: las tareas domésticas y la crianza de los hijos. Fue un periodo de nuestra historia en que la mujer por el simple hecho de serlo, era considerada más débil y necesitada de protección, pasando la patria potestad del padre al marido. Hasta 1972, había que tener 25 años para que las hijas pudieran abandonar voluntariamente el domicilio de los padres, salvo para ingresar en una orden religiosa o para casarse.

Izquierda a derecha arriba: Amparo Conesa, su madre Amparo Pagán y su hermana María Conesa, junto a otras mujeres encima de un enorme montón de cascaras de almendras, en la puerta del almacén de Pencho "El Santero", en la población de San Isidro. Década de los años 50, / El Garrancho

Fue a esa edad, (25 años), a la que Amparo contrajo matrimonio con José Bernal Roche, nacido en Los Montanaros, conocido como Pepe "El Nois", apodó que provenía de su abuelo paterno, estableciendo su hogar en la población que da nombre a la Diputación de La Magdalena, donde actualmente todavía residen.

Las manos de Amparo Conesa, sosteniendo a sus 88 años el clavo de hierro que utilizó para partir miles de almendras y que todavía conserva, al igual que la habilidad para utilizarlo. 2021 / El Garrancho

Hasta el día de su boda Amparo siempre había ido de un lado a otro de la mano de su madre y especialmente cuando iba con su novio para que nunca pudieran estar a solas: - ¡Que no viera ni un repizco! –

Con su enlace dejaba atrás el amparo maternal y su modo de vida desde niña sembrando y recogiendo pésoles y miles de sacos de almendra "partía" a mano con un clavo y una piedra para extraer el gajo, como hacían muchas mujeres "partidoras" por unas pesetas al día, sin contratos laborales y muy agradecidas, antes de que llegaran las máquinas.

Pepito era albañil como lo fue su padre también llamado Pepe "El Nois" del cual aprendió el oficio a su lado desde crio y aunque nunca le faltó la faena, para pagar la casa y poder crear una familia había que hacer otras cosas como criar y engordar chinos, conejos y otros animales, para sacar unos duros extras. Amparo ya convertida en "ama de casa" , era la encargada de seguir trabajando en el hogar: buscando hierbas y alimentos para los animales, arrojando el estiércol al muladar, sacando el agua del pozo y del aljibe con la cuerda y la garrucha, llenando cántaras de barro que había que transportar en un carretón, lavando a mano en la pila la ropa con jabón Lagarto y alisándola con planchas de hierro calentadas al fuego, para el que había que buscar y traer la leña que sirviera también para cocinar, enjalbegando con cal las paredes y suelos de tierra compactada de la casa y un sinfín de tareas que significaron "seguir trabajando más que antes" de su casamiento, del que nacerían cinco hijos y por ende cinco bocas más que alimentar, vestir, educar y "sacar adelante", con mucho esfuerzo y sacrificios. El agua corriente, la fregona, la electricidad, la lavadora automática o el gas y las cocinas de butano, entre otros "avances" terminarían por ir llegando en años venideros, aunque siempre mucho más tarde que en la ciudad.

En la actualidad Amparo y Pepe, con 88 y 90 años, tienen 7 nietos y una reciente biznieta a la que todavía no conocen por la situación que nos ha tocado vivir y están a la espera del ansiado encuentro.

Amparo Conesa y José Bernal en la puerta de su casa en la población de La Magdalena, esperando con ilusión conocer a su biznieta,2021 / El Garrancho

Las vidas de las Amparos son un ejemplo de madres que han trabajado duramente sin las comodidades, derechos, ni avances de estos tiempos y cuyo papel ha sido poco valorado y reconocido. Pudiera ser que lo que parece formar parte de nuestro pasado, hoy por hoy esté sucediendo en otros lugares del mundo o quizás también aquí más cerca de lo que creemos, aunque las protagonistas ahora sean otras madres, con otros nombres.

Próximos a primeros de mayo, donde celebramos las festividades del trabajo y de la madre, sirvan estas dos décimas compuestas y cantadas por el palo musical de Milonga, por Emilio del Carmelo Tomás Loba, conocido como Emilio "de Patiño", para rendir un homenaje a las mujeres campesinas: madres y trabajadoras.

¿Alguien amigos recuerda

a esas mujeres de antaño

trabajando año tras año?,

díganme si alguien se acuerda.

Lo que a mí no me concuerda

es que nunca nuestra historia

haga una dedicatoria

y olvide a sus heroínas,

las mujeres campesinas

que nunca tuvieron gloria.

La mujer trabajadora,

tierna, dulce y maternal,

siempre ha sido el manantial

de una casa labradora.

Campesina y luchadora

trabajando a la sazón

dio sustento, educación,

a hijos con mucho trabajo

entregando así a destajo

alma, vida y corazón.

Que aprovechen bien el fin de semana, radioescuchas de la SER de Cartagena.

'El Garrancho'.

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