Domingo, 25 de Julio de 2021

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El mimbre como oficio y terapia para un grupo de mujeres del pueblo conquense de Cañizares

Maribel y Hortensia Checa y Pilar Gómez mantienen viva esta artesanía tradicional de las comarcas de la Alcarria y la Serranía de Cuenca

Pilar Gómez, Hortensia Checa y Maribel Checa en su taller de artesanía del mimbre en Cañizares.

Pilar Gómez, Hortensia Checa y Maribel Checa en su taller de artesanía del mimbre en Cañizares. / Cadena SER

En Cañizares nos reciben en su pequeño taller de artesanía del mimbre las hermanas Maribel y Hortensia Checa, junto a su amiga Pilar Gómez. Las tres mantienen vivo el oficio artesano de la cestería y nos lo han contado en el siguiente reportaje que hemos emitido en Hoy por Hoy Cuenca.

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El uso del mimbre para elaborar utensilios de uso doméstico está documentado en la Edad del Hierro. No es nuevo eso de ir al huerto con la cesta de mimbre. A lo largo del siglo XX se extendió su cultivo por las vegas de los ríos Trabaque, Escabas y Guadiela en las comarcas de la Alcarria y la Serranía Alta de Cuenca. Junto al desarrollo económico que conllevó, sobre todo en los años 70 y 80, se fomentó también el oficio de la cestería y la elaboración de objetos y muebles de mimbre en cursos de formación impartidos en esta comarca, los antiguos PPO (Promoción Profesional Obrera).

Cestas de mimbre elaboradas por estas artesanas de Cañizares. / Cadena SER

A principios de los 80 aprendieron a tejer el mimbre las hermanas Maribel y Hortensia Checa. Durante dos décadas elaboraron muebles, cestas de todo tipo y otros productos como revisteros, leñeras o envases para quesos que se dirigían al mercado internacional. Pero el declive de la industria del mimbre acabó con el oficio artesano de su trenzado y apenas si ha sobrevivido en esta comarca hasta hoy en las manos de José Luis Encijo y su taller de Villaconejos de Trabaque y ahora con estas mujeres de Cañizares. “Después de muchos años retomamos la afición durante el pasado confinamiento”, dice Pilar. “Decidimos reengancharnos porque nos gustaba mucho”, apunta Maribel. Se juntan cuando pueden, no hay un día ni hora fija y reconocen que para ellas es también una terapia: “Aquí estamos como en un mundo ideal, se te va todo el estrés y las preocupaciones”, dice Maribel. “Son ratos muy agradables. Eso de coger un material y hacer algo con tus manos es muy satisfactorio”, apunta Pilar. “Somos amigas, nos gusta estar juntas y disfrutamos de la compañía”.

Maracas o sonajeros de mimbre. / Cadena SER

En el taller hay gavillas de mimbre de distintos tamaños y tonalidades listos para volver a humedecerlos y comenzar el trenzado. Como herramientas utilizan unas tijeras, una trancheta, un martillo y un punzón. Y las manos. Manos que igual echan el grano a las gallinas en el corral como se manchan de tierra al plantar el tomate en el huerto. Manos que han criado niños, acariciado maridos y acarreado leña del monte. Manos que saben guisar y llevar las cuentas de la casa. Manos que ahora pulsan la pantalla táctil del móvil y trenzan mimbres para hacer cestas como se hacía en la Antigüedad. Manos como las de Hortensia que se afanan en hacer la base de una cesta. “Primero se cogen doce mimbres del tamaño acorde al que le queramos dar a la cesta. Los cruzamos taladrando unos y metiendo los otros. De ahí parte todo. Las puntas las abrimos y creamos como un sol para comenzar a tejar después sobre ese soporte de los doce mimbres. Esto le decimos un cordón de dos. La técnica es fácil, lo difícil es dominarla”.

Gavillas de mimbre de distintas tonalidades. / Cadena SER

En el taller se almacena también el producto ya elaborado, sobre todo cestas. Las vemos de todos los tamaños y tonalidades. Unas más altas, otras más hondas o más planas que se usan para la fruta, para ir al huerto, para buscar hongos… “Ahora queremos hacer un tipo de cesta para ir a comprar al mercado y evitar el uso de las bolsas de plástico”, explica Maribel. “Creo que ahora la gente está más concienciada con el problema de los plásticos y las cestas de mimbre es un producto muy ecológico, resistente, durable en el tiempo, manejero y versátil”, detalla Hortensia que, de las tres es la única que elabora estos objetos para ponerlos a la venta. “Ahora estoy haciendo material para tener estocaje de cara al otoño que es cuando más se vende sobre todo por la afición que hay a coger hongos”. Además de cestas, elaboran otros objetos como salvamanteles, bandejas o unas pequeñas maracas o sonajeros a modo de llavero.

En esta comarca se ha reducido mucho la superficie dedicada al cultivo del mimbre si lo comparamos con la importancia que tuvo en la economía de esta zona en los años 70 y 80. Aún perviven alguna empresa en Cañamares que elaboran vallados y sombrillas con estas varillas flexibles, de la familia del sauce, que tan buenas raíces echaron en esta comarca de la Alcarria y de la Serranía Alta de Cuenca.

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