Jueves, 27 de Enero de 2022

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Juego de rol contra la aporofobia, la iniciativa que 'exporta' una asociación fuenlabreña

La asociación Libélula ha creado un juego de rol para concienciar sobre la situación de las personas sin hogar. Un proyecto que llevará a Illescas y hasta la Universidad de Comillas

Imágen de un taller de teatro organizado en el centro social de la Asociacion Libélula

Imágen de un taller de teatro organizado en el centro social de la Asociacion Libélula / www.asociacionlibelula.org

Jonás Espinosa, educador y miembro de la Asociación de Acción Social Libélula de Fuenlabrada, asegura que hacer pedagogía sobre las personas en exclusión social es tan importante como atender sus necesidades. El Centro de inserción socio-laboral de este colectivo, funciona desde hace tiempo dando servicios de comida, aseo, asesoramiento en gestiones y con talleres de integración en Fuenlabrada. Pero en 2018 esta asociación decidió ir más allá con una iniciativa novedosa un "real game, un juego de rol", en el que podrían participar entre 40 y 60 personas. El objetivo es que los participantes se pusieran en la piel de alguien sin hogar y se enfrentaran a la vida diaria que llevan. Metidos en el papel tienen que hacer gestiones como “ir al Ayuntamiento a pedir cita para empadronamiento, renovar DNI o alquilar una habitación y enfrentarse a los prejuicios contra las personas con aspecto de vivir en la calle o ser inmigrantes. Y cuando uno se pone a jugar se da cuenta de lo duro que es”, dice Espinosa.

Se trata de un “medio muy potente e innovador para trabajar la sensibilización y hacerlo en sectores que no tiene que ver con la intervención social, como colegios, institutos, jóvenes, aunque está abierto para todas las personas”. La idea ha tenido tan buena acogida que en otoño la llevarán a Illescas y también tienen previsto llevar el proyecto hasta la Universidad de Comillas, en sus campus de Madrid, donde se han interesado por él, según cuenta en una entrevista concedida a SER Madrid Sur.

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Trabajo en el confinamiento

Este proyecto había quedado paralizado con la pandemia y el confinamiento. Aunque el virus no los paralizó a ellos. “Hasta en los momentos más duros, con el confinamiento, nosotros mantuvimos las puertas abiertas porque la gente que atendemos en muchos casos son personas sin hogar donde refugiarse. Era indispensable seguir atendiendo mínimos vitales, desayuno, aseo, cargar el móvil…, aunque limitamos actividades grupales como tertulias y demás, que forman parte de nuestra identidad como recurso”, dice Espinosa.

Uno de los problemas de estas personas no sólo es la falta de recursos, sino de red social, en el ámbito material y de comunicación con los demás. “Aquí reciben servicios, pero también hacemos las veces de familia. Ellos nos trasmiten lo importante que es tener espacios de ocio compartido, de comunicación. Así que poco a poco, con todas las medidas, hemos retomado los talleres grupales, aunque no hemos podido retomar plenamente la normalidad todavía”, afirma.

Llegan personas con mayor deterioro

Espinosa asegura que en este tiempo de pandemia están viendo como el perfil que nos llega tiene un deterioro muchísimo mayor.“Por la emergencia sanitaria y social hay quien nunca antes había ido a un comedor social y ahora sí, o que jamás había estado en paro y ahora han tenido que acudir a servicios sociales o venir aquí. También muchas gestiones han tenido que ser telemáticas y nos hemos encontrado con gente casi analfabetos digitales a los que también teníamos que ayudar en eso”.

Estas personas en riesgo de exclusión socialo sin residencia alguna se han quedado todo este tiempo menos visibilizadas, si cabe. Lo han visto ahora que “todo mejora un poco” y vuelven a acudir al centro. Algunos no tienen certificado de empadronamiento o “les han hecho un requerimiento y al estar en calle no han podido atenderlo y se quedan sin ingresos… También llega un perfil relacionado con la falta de vivienda mucho más complicado”.

Vacunación de personas que no existen para el sistema

Al poco de comenzar la pandemiala asociación estableció un recurso de alojamiento, junto con el Ayuntamiento para personas en situación de calle y así pudieron llegar los que “normalmente pasan desapercibidos”. Espinosa recuerda que en Fuenlabrada no hay mucha gente que viva en la calle, pero sÍ de forma precaria en naves o en coches y con esta iniciativa consiguieron llegar a ellos, y hacer un listado para tenerlos localizados y que puedan ser vacunados contra la COVID.

Esta asociación cuenta, gracias al convenio con el Ayuntamiento fuenlabreño, y la cofinanciación de la Obra Social de la Caixa, con dos pisos, de siete plazas cada uno, para complementar el trabajo que se hace desde el centro de día. Además, este otoño comenzará un taller de teatro, dirigido por Luis Lozano, ex coordinador de Programación Cultural del Ayuntamiento de Fuenlabrada. Un proyecto novedoso que planteó el propio Lozano y que busca acercar la cultura a personas con exclusión social. “Queremos implicar a otras compañías de Fuenlabrada e incluso poder hacer una representación”, dice el educador de Libélula.

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