Lunes, 20 de Septiembre de 2021

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Camino de Santiago

De Rusia a Cuenca para hacer el Camino de Santiago por la Ruta de la Lana

El conquense José María Rodríguez aprovecha sus vacaciones para peregrinar hasta Santiago de Compostela donde espera llegar mediado el mes de agosto

El conquense Chema Rodríguez en el Camino de Santiago.

El conquense Chema Rodríguez en el Camino de Santiago. / Foto cedida

José María Rodríguez es de Cuenca, tiene 36 años y desde noviembre de 2019 vive en Moscú, la capital de Rusia. Es director de la empresa Rusbáltika dedicada a la consultoría y exportación en el mercado europeo y más concretamente en los países bálticos, escandinavos y en la Unión Económica Euroasiática. Desde hace cuatro años aprovecha sus vacaciones estivales para hacer el Camino de Santiago por distintas rutas. “En 2018 hice el Camino Piamontés desde Lourdes, luego el Francés hasta León. Desde allí a Asturias para hacer el Primitivo hasta Melide para llegar Santiago. Unos mil kilómetros. Al año siguiente, hice el Camino Portugués desde Lisboa y el año pasado hice el Camino del Norte desde Irún”, como nos ha contado en Hoy por Hoy Cuenca. Este año, “por ser año Xacobeo”, dice, ha decidido salir desde la puerta de su casa, desde Cuenca, siguiendo la Ruta de la Lana con intención de llegar a Santiago de Compostela en torno al 16 de agosto. Podéis escuchar la entrevista a continuación:

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Si en invierno los peregrinos no salen del albergue hasta que el sol deshace la escarcha y caminan en las horas centrales del día, en verano madrugan para completar las etapas antes del mediodía y evitar las horas de más calor. José María Rodríguez, Chema como todos le conocen, atraviesa durante la segunda quincena de julio las tierras de la Alcarria, primero de Cuenca y después de Guadalajara. Camina hacia el norte siguiendo la Ruta de la Lana, el camino de los comerciantes de la Edad Media que llevaban a los mercados de Burgos el resultado del esquileo de las merinas. Chema carga su mochila de peregrino en un camino que este verano ha decidido hacer desde la puerta de su casa, desde Cuenca.

Cuando hablamos con él acaba de llegar a Cifuentes, “un pueblo de unos mil quinientos habitantes que ya no es tan rural ni tan aventurero como ha sido antes”, dice. La noche anterior pernoctó en Viana de Mondéjar, el pueblo de las Tetas, “pero cada tramo del camino tiene su parte buena”, asegura. “Es el cuarto año que salgo de forma consecutiva y decidí seguir la Ruta de la Lana que por desgracia no está tan concurrida como el resto, pero que es tanto o más interesante que cualquier otra. Y la verdad es que está siendo muy atractiva por la variedad. Pensaba que iba a ser mucho más monótona pero pasas por la Serranía de Cuenca, luego por la Alcarria y cada parte del camino tiene sus peculiaridades y es un recorrido muy variado, no es el secarral que yo pensaba que iba a ser ni el llano que yo pensaba encontrar, está siendo bastante más escarpado y complicado. Hay bajadas y subidas bastante radicales y complejas pero es interesante. El problema es que hay pocos peregrinos en la ruta. De momento estoy yendo solo”.

Chema Rodríguez ha caminado por distintas rutas jacobeas en veranos anteriores. / Foto cedida

Hasta mediados del mes de julio, por el albergue de la localidad conquense de Villaconejos de Trabaque habían pasado catorce peregrinos. Por esas fechas, en el alojamiento de peregrinos de Cuenca, ciudad con una amplia oferta hotelera, habían registrado diez pernoctaciones, según los datos de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Cuenca que en el año 2019, antes de la pandemia, tenían registrados 120 peregrinos en el albergue de Villaconejos.

Sobre los albergues que se encuentra en estos pueblos alcarreños, Chema considera que “la infraestructura es buena, pero al no venir tantos hay que informar con antelación. Cuando llegué a Viana de Mondéjar, un pueblo bastante incomunicado y sin cobertura de móvil, tuve la suerte de que coincidí justo a tiempo con la persona que lleva el bar y que tiene también las llaves del albergue. Si hubiera llegado un cuarto de hora más tarde pues ni me hubiera dado de comer ni me hubiera abierto el albergue porque el hombre se marchaba a Madrid. Infraestructura hay, pero hay que buscarla, no es como en otros caminos que tienen un flujo bastante activo de peregrinos y donde basta con llegar al albergue y hay una recepción y gente que te explica las cosas y te abre la puerta. Aquí hay que ir a un bar, buscar al alcalde o a la persona encargada de las llaves que te da acceso y generalmente estás solo en los albergues. También es atractivo”.

Chema Rodríguez, a la izquierda, frente a la catedral de Santiago. / Foto cedida

Chema Rodríguez es jurista de formación, es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid y la Freie Universität de Berlín. Habla nueve idiomas y ha vivido y trabajado en países tan diferentes como Alemania, República Checa, Lituania, Rumanía o Rusia, donde reside actualmente como cofundador y director de Rusbáltika. Para él, hacer el Camino de Santiago cada verano “es una forma de desconectar realmente de los problemas acuciantes porque el camino te enseña dos cosas. Primero, que es muy fácil simplificar la vida y esto es así porque en el fondo es bastante simple, nosotros la complicamos generalmente por aburrimiento. Al final descubres que las prioridades son pocas y que los problemas a largo plazo se relativizan porque empiezas a sentir el dolor del camino. Siempre hay algo que te molesta y ese dolor te ayuda a enfocarte en el momento presente. Es un poco el masoquismo místico que tienen muchas religiones que al final tiene su sentido porque a través de esa molestia te centras en el momento presente”, explica este peregrino conquense. “Lo segundo que te enseña el camino es que uno puede satisfacerse con muy poco, con lo que te cabe en una mochila que pesa cinco kilos. Al final con eso puedes llegar a donde sea y no necesitas mucho más. El resto de ambiciones son bastante banales. Esto te abre perspectivas muy interesantes en el ámbito social y profesional porque tus expectativas se ven defraudadas con menos frecuencia”.

Chema Rodríguez espera llegar a Santiago a mediados de agosto. / Foto cedida

Para un ejecutivo como Chema, apagar el móvil es algo muy complicado. Cuando camina lo pone “en modo avión para ahorrar batería y porque en muchos tramos no hay cobertura”, dice, “y así también las urgencias profesionales se demoran. Tampoco desconecto del todo pero intento hacer lo menos posible porque se trata de que la experiencia del camino sea auténtica y de que los problemas sean los del camino, no los de fuera”.

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