Lunes, 25 de Octubre de 2021

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Profetas en su tierra: puerta grande para Rubén Pinar y Sergio Serrano en Albacete

Los diestros Rubén Pinar, que cortó dos orejas, y Sergio Serrano, que obtuvo tres, cerraron a lo grande la feria taurina de Albacete, en un festejo en el que los toros Victorino Martín contribuyeron a una tarde de emoción a raudales

Los diestros Rubén Pinar, que cortó dos orejas, y Sergio Serrano, que obtuvo tres, cerraron hoy a lo grande la feria taurina de Albacete, en un festejo en el que los toros Victorino Martín contribuyeron a una tarde de emoción a raudales.

FICHA DEL FESTEJO

Seis toros de Victorino Martín, muy bien presentados. Primero complicado. Segundo noble y encastado. Tercero manejable. Cuarto bravo y con un buen pitón izquierdo. Correosos y faltos de entrega quinto y sexto.

  • Rubén Pinar (azul rey y oro): oreja, oreja y gran ovación.
  • Sergio Serrano (corinto y oro): dos orejas tras aviso, oreja y ovación.

En cuadrillas, Javier Perea se desmonteró por su lidia al segundo, al igual que Fernando Casanova y Diego Valladar por banderillear al mismo toro.

La plaza rozó el lleno sobre el aforo máximo permitido del 75%.

Si el cartel del pasado sábado, posiblemente, fue la combinación estrella de la Feria de Albacete, el de hoy ha sido estelar aunque por motivos distintos.

Tarde para el recuerdo por la verdad y las intensas sensaciones vividas en el ruedo manchego como colofón a su feria. Los toreros derrocharon valor y entrega; y los toros, de trapío impecable, bravura a veces y emoción siempre.

Rubén Pinar hizo un esfuerzo titánico con el primero, un toro complicado que humillaba, pero venía dormido y sin las intenciones claras. La faena del de Tobarra se desarrolló con corrección por el pitón más potable, que era el derecho, pero tomó altura cuando cogió la tela con la izquierda, el más complicado por tobillero.

Se tragó una tanda, y con el torero también tragando, en su caso una barbaridad, volvió por el mismo lado hasta ser volteado aparatosamente sin resultar herido. Con los tendidos ya metidos en la faena y con el riesgo evidente sobrevolando, Pinar se tiró a matar derecho como una vela y una oreja de peso fue a sus manos

Más pacífico fue el noble tercero, que se dejó más -mucho más- por el izquierdo, aunque no le sobró la chispa ni la humillación. Con él Pinar de nuevo estuvo valiente a carta cabal, toreándolo al natural -a media altura obligado por la condición del toro-, y exponiendo por el derecho, sin mover los pies a pesar de las dudas del de Victorino. Obtuvo una oreja.

El quinto se revolvía en un palmo de terreno por los desarrollados pitones que lució el toro extremeño. Pinar se puso por ambos lados en un gesto de vergüenza torera, a pesar de la absoluta certeza de que nada de lucimiento podría extraer de su oponente.

Afortunadamente no dilató su trasteo en exceso y se lo quitó de en medio con media arriba, respirando con alivio tanto el torero como el público cuando el tal "Portezuelo" dobló.

Como Pinar se había ido a portagayola en el que abrió plaza, no pudo ser menos Sergio Serrano y tomó idéntico camino. Si en el primero hubo emoción por la vía del riesgo, en este llegó por la del buen toreo, sobre todo al natural después de pasarlo por derechazos menos acompasados.

El de Victorino ofreció nobleza y enorme profundidad por el izquierdo y Serrano le dio el pecho, se la echó suave al hocico, insinuante, y se lo pasó por la faja despacio, con los riñones hundidos y una entrega total, toreando, y antes aguantando dos parones de infarto, uno por cada pitón. Pasaportó al astado a la primera de entera desprendida y logró las dos orejas.

El zurdo volvió a ser el pitón del cuarto y por ese lado volvió a brillar Sergio Serrano, dándole un tiempecito para que el de Victorino no se alborotase y conduciéndolo unas veces con más templanza y otras con algo menos. No renunció Serrano a coger la derecha con solvencia, a pesar de la condición correosa del burel cárdeno. Volvió tocar pelo tras matarlo a la primera.

Al sexto le faltaron muchas cosas, pero se podrían resumir en el término entrega. El astifino ejemplar de Victorino reponía y buscaba los tobillos de Sergio Serrano, aunque, por fortuna, no los encontró. El albaceteño porfió y se justificó, aún a sabiendas del riesgo y de la nula opción de lucimiento. Necesitó de tres intentos para tumbar al de Victorino.

Al final del festejo el ruedo se inundó con aficionados emocionados queriendo sacar a hombros a dos toreros que también fueron héroes, y que dieron una tarde de toros de las que hacen afición.

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