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La Firma de 'El Garrancho' 16/09/2021

El "don" de Don Aniceto

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El 'don' de Don Aniceto.

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Acaban de escuchar a Don Aniceto Muñoz Mendoza. Vino al mundo hace 75 años en el Puerto de Mazarrón, población litoral colindante con el oeste del municipio de Cartagena.

Año 1955. Aniceto Muñoz Mendoza con 9 años en una fotografía escolar coloreada. La única foto de su infancia. Poco tiempo tenía para ir a la escuela, puesto que lo primordial era ayudar a sus padres en las tareas agrícolas y en el puesto de venta del mercado. / El Garrancho

Aniceto advirtió desde niño de que la imposición de sus manos causaba un efecto extraordinariamente beneficioso en animales enfermos. Al menos, eso ocurría cuando las aplicaba sobre ellos. En los pueblos de la España de la postguerra, no existían los recursos sanitarios actuales y la gente, especialmente la humilde, buscaba cualquier remedio a su alcance para combatir las enfermedades humanas y las de sus animales, que eran parte fundamental de la familia. Que se te muriera un cerdo o una bestia solía derivar en pasar mucha hambre.

Año 1960. De dcha a izq: Aniceto con su madre, Magdalena Mendoza Subiela, (de Las Palas) y su sobrina Tina Sánchez Muñoz. / El Garrancho

Sus padres tenían un puesto de frutas y verduras en el mercado. Aniceto desde crio les ayudaba en las tareas agrícolas, que abastecían su negocio. A las 6 de la mañana se levantaba a recoger tomates, pimientos, acelgas, lechugas y las llevaba al mercado con un carro tirado por una mula.

Un día, una mujer mayor, conocedora de sus hechos por las habladurías de la gente, le propuso que probara sobre unas úlceras que tenía en los pies y que no conseguía curarse y funcionó. A partir de aquel momento había cola de mujeres en el puesto de la lonja que acudían a buscar: "al que ponía las manos", sentándose y depositando sus piernas sobre cajas de madera de fruta, para recibir el tratamiento.

Año 1966. Aniceto a los 20 años hizo el servicio militar obligatorio en el arsenal de Cartagena, (dos años) aprovechó esta circunstancia para seguir con la actividad comercial, vendiendo tomates más baratos para el abastecimiento de la marinería a un subteniente encargado de las compras. Dos viajes de mil Kilos a la semana que provenían directamente del puerto de Mazarrón. De los que se cultivaban a campo abierto, con cañas y sin invernaderos. / El Garrancho

A los 26 años se marchó del Puerto de Mazarrón cansado de la multitud de gente que acudía a él y con la intención de ver "cómo funcionaba el mundo". Se instaló en Cartagena y trabajó brevemente en Productos Químicos, (Explosivos Rio Tinto) y en la fábrica de Butano de escombreras, cuando las botellas se llenaban a mano. Acabó de taxista con su tío Severo que tenía parada en el centro de Cartagena y estaba a punto de retirarse. En los años 70 compró un taxi al "Puche ",que tenía el bar La Bombilla en el desaparecido barrio del Molinete. Era la época de la sexta flota atracada en la Curra. Los taxistas no querían coger a los americanos porque eran muy conflictivos, sobre todo a la vuelta al barco en alto estado de embriaguez. –"Abrían las puertas de los coches al revés y las rompían"-. Solo 4 o 5 taxis funcionaban con ellos. Ganó muchas pesetas. Con parte de ese dinero compró hace 42 años en La Magdalena, (población que da nombre a la histórica diputación cartagenera), los almacenes donde antiguamente las mujeres partían las almendras y se distribuían los pésoles que se cultivaban en la zona, lo arregló y transformó en la vivienda donde actualmente reside.

Año 1976. Aniceto con número de licencia municipal de taxi 128 e indicativo J 28. Tenía su parada en Las Puertas de Murcia en Cartagena. / El Garrancho

Una quemadura accidental sufrida por un cocinero "del Chamonix", que acudió a su taxi para trasladarlo a un hospital, hizo instintivamente que Aniceto, según narra, le impusiera sus manos sobre la herida, desapareciendo los daños, lo que provocó que pronto se rumoreara que: "en las puertas de Murcia había un taxista que curaba". Había personas que pedían su servicio de taxi, con la finalidad de contactar con él para pedirle que les pusiera sus manos.

Relaciones entre personas agradecidas por haber experimentado el beneficio de su tratamiento, hicieron que contactaran con él, el gobernador civil y autoridades de la época. Venían a recogerlo en un Mercedes y le pagaban el alojamiento en el hotel Wellington del Barrio de Salamanca en Madrid. Tres años estuvo yendo a la capital. Incluso asegura que algunos médicos de medicina interna le mandaban pacientes. Se retiró de taxista y nunca ha usado "su gracia" para vivir de ella. Siempre ha tratado de ayudar al que se lo ha requerido.

Hace 15 años sufrió un derrame cerebral con graves secuelas, que ha superado aplicándose su propio jarabe: sus manos. Fruto de la experimentación personal y de los conocimientos de antaño, se asea corporalmente exclusivamente con bicarbonato y jabones naturales. Usa el vinagre como elemento terapéutico y desinfectante. Lo recomienda a todo el mundo. Son productos muy baratos y con muchas aplicaciones saludables

Epilepsia, herpes, quemaduras, soriasis, bocio, lipomas... asegura que son las enfermedades con las que mejor funcionan sus manos, aunque lo ha practicado con todo tipo de dolencias. Nunca le ha gustado que lo denominen curandero o sanador. Para el, su don no tiene explicación. Lo considera una bendición especial dada a algunos hombres por parte de Dios. Otras creencias hablan de canalización de energías. Lo que sí se puede afirmar es que Aniceto tiene un gran corazón y que sus conocimientos y experiencias forman parte de nuestra cultura inmaterial.

Año 2021. Aniceto y las manos con las que imparte su "don". Después del alta hospitalaria por el derrame se instaló en La Magdalena, (población del Oeste Cartagenero) buscando un poco de la tranquilidad y calidad de vida que ofrecen los pueblos. / El Garrancho

Se despide esta firma con unas quintillas por malagueñas cantadas y recitadas para esta ocasión por un quinteto de lujo, compuesto por las troveras: Natalia Martín, Patricia Navarro e Isabel Mª Martínez y su padre el trovero: Jose Manuel "El Pichiriche", así como Emilio "de Patiño", a cargo también de la guitarra.

Lo debéis de conocer

Sus manos son sanación

por su humilde proceder

hoy le quiero agradecer

a Aniceto por su don.

Su forma de trabajar

a todos nos satisface

por eso quiero aclarar

que lo que hace Aniceto

eso es digno de admirar.

Aquí el trovo yo apelo

pues elogiarle es un reto

en sus manos trae el cielo

la sanación echa al vuelo

con la gracia de Aniceto.

Aniceto desde antaño

tiene gracia en sus manos

ha sanado de su daño

a desconocidos y hermanos

cuando él emite su baño.

Aniceto mucho vales

con tu limpio corazón

siendo un hombre de bancales

muestras tu gran sanación

curando a los animales.

Que tengan un buen fin de semana radioescuchas de la SER de Cartagena

El Garrancho.

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