Jueves, 09 de Diciembre de 2021

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Se me va el baifo

Las heridas que no se ven

Comentario inicial de David Perdomo, en 'Hoy por Hoy Las Palmas'.

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Las Palmas de Gran Canaria

Han pasado 573 días desde que iniciáramos una experiencia que nadie va a olvidar. 573 días desde que comenzáramos con la cuarentena, la posterior desescalada, la nueva normalidad, las fases de alerta y todo lo que ya saben. Una auténtica locura que gota a gota nos ha dejado huella.

Un goteo incesante, de noticias complicadas, muy malas, que para algunas personas ha sido peor que para otras. Porque han vivido la enfermedad en primera persona y ahora están intentando superar sus secuelas. O porque han perdido a sus seres queridos e incluso no han podido ni decirles adiós. O porque se han quedado sin trabajo y su futuro ahora está en el aire. Qué les voy a contar que no sepan. La vida se ha vuelto más complicada, ahora parece que está saliendo el sol de nuevo, pero todavía estamos con el agua al cuello. Y todo eso, aunque no lo parezca, tiene consecuencias. Nos ha dejado heridas por dentro.

Y no pasa nada por reconocerlo. Lo digo publicamente, yo, David Perdomo, he estado hasta el moño, por no decir otra cosa. Me han dado ganas de no salir de la cama, o, pese aunque me han llamado, no he cogido el teléfono o sencillamente no me apetecía salir de casa. Pese a que he sido un afortunado, he tenido días donde me he sentido muy triste. Ya lo he dicho y no pasa nada por reconocerlo. Seguramente que ustedes también, y si es así no se sientan solos. No pasa nada. Y lo digo porque vivimos en un mundo donde nos hemos acostumbrado a tener que estar continuamente felices, que no aceptamos que la gente llore, que patalee, que se sienta un día mal. Estamos rodeados de couch y de pseudoterapeutas que nos dicen que hay que sonreirle a la vida y darle gracias. Y sí, eso está genial. Pero a veces la vida se merece más que una sonrisa que le regalemos un corte de mangas y la mandemos a pulpiar.

Sólo aceptando eso, y reconociendo que podemos estar mal mentalmente, seremos capaces de normalizar las enfermedades psicológicas. Nos cuesta verbalizarlo y, así, mucha gente se siente mal por acudir a un psicólogo o a un psiquiatra y, por eso, mucho otros ni siquiera piden ayuda aunque se encuentren mal. ¿Se imaginan romperse un brazo y no acudir a urgencias porque nos diera vergüeza? Pues eso es lo que pasa con las enfermedades psicológicas. Hay muchas personas con fracturas mentales que no piden ayuda para curarse. Precisamente, este domingo se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, que la pandemia ha empeorado a nivel global. Para que se hagan una idea, uno de cada siete adolescentes menores de 19 años tiene un problema de salud mental diagnosticado. Y se calcula que cada año cerca de 46.000 adolescentes se suicidan en todo el mundo, unos 126 al día.

Reconociendo el problema, además, podremos exigir que se reduzcan las listas de espera en psiquiatría y psicología. Que en Canarias, por cierto, aumentaron de 351 pacientes en junio de 2020 a casi el doble un año después. Hay que esperar unos 3 meses para una consulta de salud mental en la sanidad canaria. Tras superar la pandemia de la COVID es hora de fijarnos en sus secuelas psicológicas. Verbalizarlas, aceptarlas y, así, normalizarlas. Es la única forma de descubrir esas heridas que no se ven para que puedan cicatrizar sin problema.

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