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La Firma de 'El Garrancho' 15/10/2021

El Gigante Manco de la tía Jarapa

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El Gigante Manco de la tía Jarapa

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-Año 1960. Miguel Madrid con 15 años, junto a su padre, cargando el carro con sacos de harina, para repartirla y venderla por las poblaciones de la zona oeste de Cartagena. Siempre llevaban en la cabeza un pañuelo moquero de tela limpio y "amarrao" con cuatro nudos. / El Garrancho

Acaban de escuchar a Miguel Madrid Fernández de 76 años, (1945), nacido en la casa del molino de la Tía Jarapa, situado en un lugar muy visible del oeste cartagenero, en la diputación de La Magdalena, junto a la carretera a Mazarrón, antes de la entrada a Cuesta Blanca.

El nombre del molino viene dado por el apodo de su bisabuela María y de su abuela Juana. Ambas confeccionaban mantas y colchas con tiras de tela de distintos colores. Este viejo molino harinero también era llamado de Los Frailes, quizás porque su origen se remonte a la presencia de Los Carmelitas Descalzos en La Magdalena.

-Año 1957.Miguel Madrid junto a un grupo de amigos de Cuesta Blanca en la era del molino de la tía Jarapa, donde se extendía el cereal para ser trillado y se aventaban las parvas. Se pueden observar las velas plegadas sobre los palos del molino. / El Garrancho

Juana "la Jarapa", en 1911 se quedó viuda, siendo muy joven y con cinco bocas que alimentar. Así que por fuerza mayor se hizo cargo del molino que hasta entonces manejaba su marido, convirtiéndose en un excepcional caso de mujer molinera. A principios de los años 40 Juana ya mayor y cansada, le dejó el molino a su hijo José Madrid Madrid, quien se casó con Josefina Fernández López, teniendo tres hijos, de los que Miguel es el mayor de los hermanos: "el que se llevaba las castañas".

Desde los 14 años ya estaba segando la "cebá y el trigo", trillando en la era, criando el ganado y como aprendiz en el manejo del molino de viento. Hasta los veinte años, su padre no le dejó gobernarlo solo.

Año 1965. Miguel Madrid montado sobre su mula torda llamada Marinera, participando en el auto de reyes magos de Perín , en el que acompañó montada sobre su mula a una familiar que representaba a la estrella de oriente. / El Garrancho

El oficio de molinero requería de una fuerza e ingenio faraónico y una destreza similar a la de un relojero mecánico, pero con ruedas y engranajes enormes. Cuando amanecía había que girar el chapitel para ponerlo cara al viento y echar las velas. Durante el verano, algunos días no soplaba nada y esas eran las escasas vacaciones de la maquinaria del molino.

Miguel estuvo hasta los 30 años ayudando a su padre, hasta que se casó con Francisca Legáz Andreu después de nueve años de novios, yendo en la bicicleta a galantear a Canteras, donde se trasladaron a residir. Se colocó en la fábrica harinera "Magro", (actualmente Harimsa) y allí se retiró con una humilde pensión.

En la década de los años 60, con la llegada de la corriente a la zona rural, el viejo molino dejó de funcionar, siendo sustituido por uno con motor eléctrico.

Año 2021. Miguel Madrid en la actualidad junto al molino de la tía Jarapa, al que de sus ocho palos ya se le han caído dos, que todavía son recuperables. En la actualidad son muy pocos los molinos de viento en funcionamiento o que conserven toda su maquinaria. / El Garrancho

"Desde 1986 los "molinos de viento cartageneros" son Bien de Interés Cultural (BIC). La Ley 4/2007 de Patrimonio de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia amplió esa condición de BIC con categoría de monumentos a todos los molinos de viento del territorio regional, reuniendo aproximadamente 300 construcciones. Están considerados bienes inmuebles del patrimonio etnográfico, exponentes de la cultura tradicional y los modos de vida de nuestra zona. Por ello, es obligatoria la conservación no solo del propio molino sino de todo su entorno".

Miguel, nunca ha recibido ninguna información o notificación al respecto de esta clasificación. Tampoco ha recibido ayudas. Solo sabe, que, en su momento, fue reparando lo que estaba a su alcance y por eso todavía se mantiene en pie, con su maquinaria intacta; pero al borde del colapso, ya que hace tiempo que no puede evitar su deterioro. Su sueño es verlo arreglado antes de morir para el disfrute de todos y de las futuras generaciones.

Año 2021. El Molino de la tía Jarapa fotografiado por un joven aficionado a la fotografía, muy ligado a la zona Oeste de Cartagena desde su nacimiento, que: "pretende transmitir a la gente como en Cartagena aun podemos encontrar algunos vestigios de lo que fuimos y de la manera en que se ha vivido muchos años.". / Fernando Saura Yufera

Hoy por hoy, nuestro ayuntamiento desestima la posibilidad de invertir en propiedades privadas, dando como alternativas ceder o donar el bien para cumplir la normativa patrimonial

o que el propietario lo rehabilite pudiendo optar a posibles subvenciones, si estiman que existe un interés público. Si bien advierten que existen muchos bienes de similar naturaleza.

Gracias a la lucha y reivindicaciones para la preservación de los molinos de viento, por parte de asociaciones de defensa del patrimonio, como DAPHNE o la Liga Rural del Campo de Cartagena, somos más conscientes, del potencial que representa la conservación de nuestro patrimonio tradicional del secano cartagenero, como son los molinos, aljibes, pozos, balsas, norias y canalizaciones. Es una labor que ha de ocuparnos a todos, pero fundamentalmente depende de que las administración regional y local tengan verdadero interés y voluntad y habiliten fondos y ayudas directas para la rehabilitación y puesta en valor de lo que aún nos queda. Poco se nota hasta el momento, el tan anunciado Plan director de los Molinos de Viento, supuestamente puesto en marcha desde hace años por nuestra Comunidad Autónoma.

Si Don Miguel de Cervantes paseara en la actualidad por el campo de Cartagena, quizás pensaría erróneamente que aquí no pasó como en La Mancha y que en nuestra tierra Don Quijote tuvo éxito en su lucha contra los gigantes y en su épica batalla contra los colosos destruyó a la mayor parte, quedando algún escaso superviviente en nuestra zona oeste, como el gigante Zabala o el gigante manco de la Tía Jarapa, al que le faltan ya dos de sus ocho brazos y de no remediarse pronto, perderá todos.

Se despide esta firma con una décima compuesta y cantada por guajira para esta ocasión por Juan Diego Celdrán, el Barbarroja, acompañado a la guitarra por Emilio del Carmelo Tomás Loba:

Cartagenero quijote

espadachín del lebeche

aunque el tiempo te aceche

conservas tu capirote.

Miguel como un sacerdote

guarda un legado divino

si alguien tuviera el tino

de guardar tu testimonio

verían el patrimonio

que aun muele este molino.

Que tengan buen fin de semana radioescuchas de la SER de Cartagena.

El Garrancho

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