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Coronavirus Covid-19

Pandemia y educación

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La pandemia, queramos o no, nos ha cambiado a todos. Nos habrá afectado más o menos personalmente según haya sido más o menos traumática la experiencia de la enfermedad o el confinamiento. Pero, indudablemente, está teniendo consecuencias sociales, económicas y, posiblemente, las tenga políticas.

Una de las consecuencias que se prolongará, si no lo remediamos, durante una generación, es decir, por casi veinte años, y tendrá consecuencias profundas es la brecha educativa. Porque, aunque sólo sea por una cuestión de porcentaje en términos de tiempo, la pandemia sólo va a suponer un 2’5% de su vida para quien tenga 80 años; para alguien de 40, un 5%; para alguien de 20, un 10%; para un niño o niña de 10, el 20% de su vida. Demasiado tiempo.

Pero es que no es sólo tiempo, es la importancia de ese tiempo afectado por la pandemia en la formación y la conformación de la persona. Para una persona de 40 años, la pandemia puede haberle afectado mucho, pero su carácter, lo que es o lo que sabe no se ha visto gravemente dañado.

¿Podríamos decir lo mismo en los jóvenes de 20 años o en los niños de 10?

Un estudiante universitario de primero de hoy ha vivido los, teóricamente, últimos años de su adolescencia y sus dos años de bachillerato en semiconfinamiento, con restricciones de movimiento, y lo que es más grave, inmerso en un sistema educativo que, a pesar de los esfuerzos y de lo positivo que queramos ver en la digitalización, no estaba preparado para dar formación híbrida o directamente online.

El resultado es que, casi sin excepción, muchas de las competencias (y no hablo sólo de conocimientos) que estos estudiantes debieran tener, no las han adquirido o no lo han hecho en el nivel que debieran.

Y si esto es cierto en niveles superiores, con estudiantes que ya tienen un bagaje y que son la élite de nuestro sistema educativo obligatorio, no quiero ni pensar en lo aprendido por niños de 8, 9 o 10 años. O en aquellos que estaban dando sus primeros balbuceos de lectura. ¿O es que alguien piensa que han salido indemnes los niños de primaria?

Hay, indudablemente, una brecha educativa que es tanto mayor cuanto menor sea la edad de los estudiantes.

Una brecha educativa que se convierte en un abismo si tenemos en cuenta las condiciones socioeconómicas de las familias. Dicho de otra forma, si es apreciable que ha habido un deterioro en lo que llamamos “nivel educativo” en estudiantes de bachillerado, incluso de aquellos que acuden a centros que se adaptaron bien a la pandemia y han tenido en casa ordenadores, wifi y espacio, ¿qué deterioro, en términos de educación, no habrá producido la pandemia en niños de primaria que han estado encerrados en casas hacinadas, donde no hay ningún libro, no llega internet o lo hace a través del móvil, y con padres en situaciones desesperadas?

La pandemia ha agrandado lo que ya era un problema crónico que era la primera causa de la desigualdad social y económica, de España y de nuestra ciudad.

Reconocerlo es empezar a resolver el problema, hacer un decreto de aprobado general como el que aprobó ayer el Gobierno del señor Sánchez es, sencillamente, ponerse una venda ante el abismo. El abismo de la desigualdad educativa. Un abismo cuyo fondo es una profunda brecha social y cuyas consecuencias durarán más de una generación.

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