Lunes, 17 de Enero de 2022

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El Reale Arena se convierte en un calvario para el Sanse

El filial de la Real Sociedad no levanta cabeza en casa y vuelve a perder, esta vez 0-1 contra el Burgos, en un partido con más asistencia de la afición rival que de la txuri-urdin

Lobete es derribado por Mato en un lance del partido contra el Burgos

Lobete es derribado por Mato en un lance del partido contra el Burgos / Real Sociedad

El Sanse, que sigue extrañamente atascado en el Reale Arena, después de otro partido en el que hace más méritos para ganar que para perder, pero en el que vuelve a caer, y sigue sin ganar en su casa desde agosto. Contra el Burgos volvió a llevar el peso del partido, generó mucho más fútbol, pero de nuevo a la primera que el rival le hizo una ocasión, le penalizó en exceso, un castigo quizá demasiado injusto para su propuesta tan atrevida. Pero en las áreas le están machacando. Porque con poco le hizo mucho daño el Burgos, que tiro de un excelente trabajo defensivo para defender su botín; y luego le cuesta una barbaridad generar peligro y marcar goles.

Xabi Alonso contó con dos ‘refuerzos’ de última hora para enfrentarse al Burgos, dos jugadores que estuvieron en el banquillo del primer equipo contra el Real Madrid el día anterior: Robert Navarro y Julen Lobete. Ambos necesitan minutos y el filial necesita de su calidad, porque lo del Sanse en el Reale Arena empezaba a ser un verdadero drama. Pero poder formar un tridente atacante con Navarro, Roberto López y Lobete le cambia la cara a cualquier equipo. Son tres jugadores que ya saben lo que es jugar en Primera división, y el Sanse notó su presencia porque le dieron una marcha más al juego del filial realista, ante un Burgos que volvió a salir encogido lejos de El Plantío. Parece mentira la transformación que sufren los de Calero cuando juega delante de su afición y cuando lo hace lejos de su casa.

Pero poco a poco, el Burgos fue creciendo en el partido, especialmente en tareas defensivas, cerrando todas las vías al gol al Sanse, que llevaba el peso del partido, pero que se quedaba sin ideas cada vez que llegaba a las inmediaciones de la portería de Caro. Solamente, Robert Navarro parecía tener la bombilla encendida, y cuando la pelota pasaba por sus botas, las jugadas de la Real B entraban en otra dimensión. Los potrillos no paraban de intentarlo, pero la suerte mira para otro lado. Porque el Burgos, que apenas se acercaba a la portería de Ayesa, se adelantó en su única acción de peligro. Blasco se lío en un despeje, le dejó autopista para correr a Valcarce, que centraba raso al área pequeña, y en el segundo palo, incomprensiblemente libre de marca, Ernesto remataba a la red. Golpe duro para el Sanse, subidón para el Burgos. Los realistas no se vinieron abajo y reaccionaron de forma meritoria, tanto que Robert Navarro pudo empatar con un disparo desde la frontal que despejó Caro a córner. Así murió un primer tiempo en el que el fútbol volvió a ser un poco injusto a los méritos hecho por el filial de la Real.

Bajo un tremendo aguacero, el equipo de Xabi Alonso salió decidido a por el empate a la vuelta de vestuarios. Y el equipo de Calero replegó un poco su defensa para defender el tesoro que suponía el gol de Ernesto. Los realistas adelantaron su posición y empezaron a jugar en campo del Burgos. Fruto de esa presión altas, el Sanse vivió más cerca de la portería de Caro. Sin Navarro, sustituido por Aldasoro; Lobete despertó de su letargo del primer tiempo. Pudo empatar en una acción en la que se quedaba solo delante del portero del Burgos, pero Matos le tocaba lo justo para molestarle y que no pudiera rematar. Después, en una acción individual se emborrachó de balón y no pudo disparar porque se quedó casi sin campo. Pero el Sanse estaba descosido a empatar. Y el Burgos achicaba agua con un notable trabajo defensivo.

Salió Djouahra y le dio una vuelta al partido con sus internadas por la derecha, que no encontraban rematador. Ni Lobete, ni Ander Martin, casi en boca de gol, acertaban con la portería de Caro. Y en medio del asedio de los realistas, apreció Valcarce para fusilar el larguero de la portería de Ayesa, agradeciendo un regalo de Olasagasti, en uno de sus pocos errores con balón en el partido. Fue una isla en el desierto, porque el dominio era realista. Pero infructuoso. Fue un quiero y no puedo. Aunque apretó hasta el final, rozando el empate en la última jugada del partido con un remate de cabeza de Karrikaburu que estrelló en el larguero del Burgos, que se llevaba tres puntos de oro, poniendo fin a su mala dinámica fuera de casa. Al Sanse, una vez más, le penalizaron las áreas. Es un equipo demasiado tierno en el terreno donde se deciden los partidos.

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