Los humedales se degradan a un ritmo acelerado en Euskadi y alertan del riesgo de las especies exóticas
El herpetólogo Jon Garín advierte de las amenazas que afectan a especies sensibles en un territorio con menos humedales que décadas atrás

Los humedales se degradan a un ritmo acelerado.
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Los humedales están entre los ecosistemas que más rápido se degradan y desaparecen. A escala mundial, se estima que se ha perdido alrededor del 35% entre 1970 y 2015, y que su desaparición avanza a un ritmo superior al de los bosques. En Gipuzkoa, esa tendencia se traduce en una red de espacios húmedos más fragmentada y, en muchos casos, menos visible.
En el Día Mundial de los Humedales, Jon Garín, licenciado en Biología y miembro del departamento de herpetología de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, sitúa el origen del problema en una presión prolongada en el tiempo. “Cuantificarlos es difícil, pero sí se puede decir que tenemos muchos menos de los que había antiguamente”, señala. En su análisis, la pérdida histórica se explica por un patrón repetido; los suelos donde se formaban humedales han sido también los más atractivos para construir ciudades, polígonos o infraestructuras. Y en una provincia con relieve irregular, esos espacios llanos han sido limitados desde el inicio.
Hoy, sin embargo, el foco de la amenaza no es solo la desaparición por ocupación del suelo. Garín apunta a la introducción de especies exóticas en charcas y pequeñas zonas inundables, un factor que, según afirma, está marcando la diferencia en los últimos años. “Es muy habitual que después de construir alguna charca nos hayan introducido peces, cangrejos o tortugas”, explica.
El problema, añade, se concentra sobre todo en entornos urbanos o periurbanos, donde el acceso es fácil y se producen liberaciones de animales mantenidos en casa. “El daño que hacen al liberar las mascotas es muy grande”, resume, y subraya que el impacto no lo provoca el animal liberado, sino la decisión de introducirlo en un ecosistema que no está preparado para esa presencia. En algunos casos, incluso charcas integradas en programas educativos con escolares han quedado afectadas; el tiempo invertido en el seguimiento y en el aprendizaje se pierde y se vuelve “al punto de partida”.
Función esencial
La presión humana también tiene una lectura territorial. En Gipuzkoa los humedales que quedan cumplen funciones esenciales en espacios muy pequeños. Garín insiste en que charcas de tamaño reducido pueden concentrar una biodiversidad alta; sirven de punto de reproducción para anfibios y también sostienen ciclos de vida de invertebrados ligados al agua, como libélulas y caballitos del diablo. Además, actúan como puntos de alimentación, refugio o abastecimiento para otras especies, especialmente en periodos secos.
En la costa, el ejemplo más conocido es Parque Ecológico de Plaiaundi, asociado a la bahía de Txingudi. Garín lo cita como símbolo por dos motivos; concentra condiciones distintas y es un punto de atracción para aves.
Cambio climático
A la lista de presiones se suma el cambio climático, con efectos distintos según el tipo de humedal. Garín apunta a cambios en los ritmos; charcas que antes no se secaban o lo hacían más tarde, ahora pueden perder agua antes en verano. Eso afecta a especies que necesitan un tiempo mínimo para completar la metamorfosis. En la costa, el riesgo se desplaza hacia la subida del nivel del mar; la intrusión de agua salina puede transformar humedales de agua dulce y alterar condiciones a las que muchas especies no están adaptadas.
Garín reconoce avances; instituciones y ayuntamientos han impulsado la creación de charcas y la mejora de hábitats, y la respuesta biológica suele ser rápida cuando aparecen nuevos puntos de agua. Pero insiste en que el balance aún está lejos de compensar la pérdida histórica.




