¿Por qué al crecer dejamos de leer poesía?
La escritora Laura Ferro da una serie de consejos para recuperar el interés y la emoción que nos hacía sentir de niños leer un poema

¿Por qué al crecer dejamos de leer poesía?
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Lugo
Gloria Fuertes aseguraba que la mente de los niños y las niñas estaba muchas más cerca de la poesía que la de los adultos. Escribió para ellos y fue para varias generaciones el referente poético que les abrió las puertas de la lectura, en general. Sin embargo, en buena parte de los casos a medida que crecemos, perdemos el interés, o la paciencia, y leer un libro de poemas se antoja poco apetecible.
A partir de la adolescencia, nos acostumbramos a buscar la practicidad en la lectura. En ocasiones, es el propio sistema educativo, aunque parezca contradictorio, el que contribuye a esta pérdida de interés por la lírica. Para la escritora y poeta Lucía Ferro, es un "error" que "la forma de aproximarse a la poesía en los institutos sea a través de textos muy antiguos".
"Normalmente lo primero que se enseña son poemas medievales, cantigas de amor o cantigas de amigo", continúa, "pero si enseñas textos más actuales, que usen palabras que conocen, que abordan temas que les son próximos, encuentras que les interesa". Mientras que lo habitual en las aulas es aprender a contar endecasílabos o a reconocer un soneto, el componente más emocional e íntimo de la poesía, se queda en un segundo plano.
Encuentra precisamente en Gloria Fuertes una especie de puente entre la poesía infantil y la adulta para no perder el gusto: "Es ese punto entremedias que se entiende bien y que habla de emociones fácilmente comprensibles".
Pequeñas dosis
"La poesía puede que ocupe nada más que una página, pero tiene muchas lecturas y nunca te quedas con una sola", reflexiona Lucía Ferro. Son textos, por muy breves que sean, intensos y con una gran densidad interpretativa. Por eso cree que para mucha gente lo que mejor funciona es dosificar.
"Merece más la pena dedicarle un poco de tiempo a un pedazo pequeño que leerse un libro de poesía entero y de golpe", explica. "Cuando la poesía esta escrita a cuentagotas, un poema aquí y después otros, claro que van todos juntos en un libro, pero no es necesario leerlos seguidos", apunta, y ella misma reconoce que prefiere dosificar.
De leer a escribir
Lo que Laura Ferro encuentra realmente enriquecedor no es leer poesía. "Leerla es imprescindible para reconocer estructuras y tener referencias", explica, "pero yo creo que lo que realmente aporta es escribir".
Lo argumenta a través de una anécdota: "Hace unos días estuve con unas niñas que tendrían entre 12 y 16 años, que se pasaban los recreos regueifando, que no es más que improvisar poesía". Cree que "en un sistema educativo al que a veces acusamos de limitar la creatividad y la imaginación de los jóvenes", la poesía "puede reavivarla".
Un consejo
Para los que se animen a coger papel y boli, o teclear en el ordenador o la pantalla del móvil, la autora, que además imparte cursos de escritura, tiene un consejo: "No hay que ponerse tampoco tanto presión". "Especialmente en la poesía, nada está mal", señala, sino que "lo importante es contar lo que uno siente por dentro".
Lo más importante es "empezar", porque "la página en blanco bloquea mucho", así que recomienda hacerlo sin pensar demasiado. "Una vez tengas escritas dos o tres líneas resultará más fácil continuar, y al terminar ya se cambiarán las primeras si han quedado mal, pero lo importante es que ya has empezado y que ya escribiste", concluye.




