Sociedad

¿Cómo es vivir en el mismo barrio que tu maltratador cuando la orden de alejamiento ha terminado?

Radio Lorca de la SER les desvela el caso de una mujer de lorquina víctima de violencia de género, que vive todavía en el mismo barrio, que su agresor. El hombre fue condenado por VIOGEN en 2014 pero su orden de alejamiento terminó en 2016

¿Cómo es vivir en el mismo barrio que tu maltratador cuando la orden de alejamiento ha terminado?

¿Cómo es vivir en el mismo barrio que tu maltratador cuando la orden de alejamiento ha terminado?

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LORCA

La SER cuenta con detalles el día a día de Paula (nombre ficticio), víctima de violencia de género desde el año 2014, que convive en la misma localidad con su maltratador. Un hombre que sigue amenazándola “de cerca” una vez extinguida la orden de alejamiento.

El maltrato

“En 2014, me pegó una paliza, me dio patadas y puñetazos por todo el cuerpo; no se quedó conforme y cogió el palo de hierro de la cortina y me dio en la espalda”, relata Paula a Radio Lorca. El agresor, con el que convivía, estaba escuchando música muy alta. La excusa para empezar la agresión fue que ella “le apagó la radio”.

Estas son palabras textuales de Paula: “Me levanté y decidí que no podía seguir viviendo con miedo. Cuando me levanté él tenía la música muy fuerte. Bajé el volumen porque mi hija estaba durmiendo y me dijo en voz elevada: ‘¿qué haces?’. Le dije que la niña estaba durmiendo y podía despertarse. Volví a mi cuarto a recoger mis cosas, guardarlo todo para largarme y cuando quise salir se puso en el marco de la puerta para evitar que me marchará. Comenzó a darme puñetazos, cabezazos, patadas, cogió la barra de la cortina y me dio en la espalda. Salí corriendo, iba en camisón llena de sangre. Cogió a mi hija de rehén para que no saliera al final la soltó y me fui corriendo. Camino a casa de mi madre, me encontré unos obreros y les dije por favor que llamarán a la policía. Estaba llena de sangre. La policía cuando llego estaba mareada y me llevaron al hospital. Después me llevaron a la comisaria para que relatara los hechos, recuerdo estar desorientada”.

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La condena

Paula está considerada víctima de violencia de género desde el año 2014. Denunció su caso, pero tras el maltrato el hombre había huido. La policía lo buscó y detuvo. Hubo un juicio rápido. Su agresor- que había sido su pareja- reconoció los hechos ante el juez.

Hemos tenido acceso y verificado con el TSJ-Mu la sentencia de este caso. Al acusado se le condena a “60 días de trabajos a la comunidad y una orden de alejamiento de 2 años y 6 meses de 300 metros”. También se le impone “la prohibición de comunicarse con la perjudicada durante 3 años”. También tuvo que indemnizar a su expareja con 7.036,94€ aunque en abril de 2021 le declararon insolvente, es decir, nunca, le llegó a pagar. La familia ya denunció en su momento que tras aquella brutal agresión “no entró ni un solo día a la cárcel”. En 2021, hemos sabido que al acusado se le prohibió “el derecho a la tenencia de armas u otros instrumentos peligrosos durante 366 días”, tal y como se recoge en la ejecutoria penal del Juzgado de lo Penal nº2 de Lorca.

Sentencia del juzgado de lo Penal de Lorca / CADENA SER

Las secuelas

A consecuencia de los golpes, Paula ha tenido que operarse del tabique nasal en cuatro ocasiones porque no puede respirar bien por el orificio izquierdo. La última operación tuvo lugar hace un mes según hemos constatado con partes médicos. Como consecuencia de la paliza, me rompió el tabique, la doctora tuvo que recolocármela. Me han operado tres veces, la última operación fue hace un mes, me hicieron una septoplastia”, explica. Explica que “Fue una operación de riesgo porque no tenía cartílago y tuvieron que quitarme una costilla para poder reconstruirme los huesos de la cara”.

Paula tras la última operación / CADENA SER

Entre otras secuelas que causa la violencia física y psicológica encontramos falta de autoestima, sensación de culpabilidad y fracaso, estrés postraumático, ansiedad, miedo a salir a la calle, cuadros ansiosos y trastornos psicológicos. “Hay mujeres que se sienten impedidas totalmente”, asegura Ana Blázquez, psicóloga sanitaria en la Federación de Mujeres de Lorca.

¿Quién es Paula?

Natural de Lorca, tiene 30 años, dos hijas, de 2 y 11 años (ninguna de su presunto maltratador) y actualmente no trabaja. Las secuelas de la violencia machista la han dejado, según la víctima: “anulada completamente”. Sobrevive con una ayuda de alquiler de un año y con el ingreso mínimo vital. Actualmente necesita encontrar una vivienda de alquiler en Lorca.

¿Quién es el maltratador condenado?

Era su novio. Ahora tiene 33 años. Al principio, dice Paula, todo era bonito. “Se portaba muy bien con mi hija, pero a los seis meses comenzaron los celos sin motivo, las obsesiones: no podía ir a comprar, no podía ir a ver a mi madre, me vigilaba”, recuerda la víctima. No vivían juntos pero muchas noches se quedaba en su casa a dormir y cuando quería salir él se enfadaba. Ella acabó eliminándose las redes sociales para evitar “broncas”. Los celos y el maltrato psicológico crecieron de manera exponencial, hasta que Paula pensó que tenía que terminar la relación. Ese día fue la agresión.

Lo que está ocurriendo ahora, 8 años después

La agresión ocurrió en el barrio San Cristóbal de Lorca hace ya 8 años y la orden de alejamiento que le impusieron al hombre ya no está en vigor ni ha sido ampliada en el tiempo. Y aquí vienen los problemas.

La víctima denuncia que el presunto agresor sigue amenazándola e intimidándola. La víctima sigue viviendo con miedo porque su maltratador está en la calle, vive muy cerca de ella y él le recuerda a casi a diario el capítulo que cambio para siempre su vida. “Lo he denunciado hasta en 6 ocasiones porque ha seguido amenazándome, una vez me agarró por el cuello e intentó arrojarme a la carretera”, asegura Paula que ha recordado que el último susto lo tuvo hace unas semanas cuando se lo encontró por la pasarela Miguel Navarro de Lorca y comenzó a grabarla con el móvil y decirle: ‘La próxima vez te voy a dar más fuerte’. La afectada lo denunció, aunque le archivaron la denuncia porque “era un caso aislado”, le dijeron.

La abogada de la víctima interpone un recurso tras la última denuncia

La abogada de la víctima ha interpuesto un recurso de apelación para que se tenga en cuenta la última denuncia.

Lo que siente Paula: intentos de suicidio, miedo insuperable y cicatrices psicológicas para siempre

Evita salir sola a la calle, pero ese día no le quedaba más remedio. Necesitaba comprar pañales y no se imaginaba encontrárselo. “Sentí mucho miedo, lo creo capaz de cualquier cosa”.

Desde que Paula interpuso la denuncia comenzó a acudir al Centro de Atención a Víctimas de Violencia de Género y a Salud Mental. “Acudo a salud mental, al psicólogo y al psiquiatra. Desde entonces tengo un tratamiento”, dice.

Informe clínico de la víctima de violencia de género / CADENA SER

Para ella ir al psicólogo es necesario. Durante todos estos años, apenas concilia el sueño, se siente anulada y ha intentado quitarse la vida en varias ocasiones. “No soy capaz de ir al parque con mi hija. No soy capaz de dar un paso atrás y mirar por si él estuviera”, confiesa y asegura que no tiene la fuerza de ponerse a trabajar- “En dos ocasiones he intentado trabajar, cuando estaba en un almacén, la madre de mi maltratador acudió a mí puesto de trabajo”, indica este testimonio que comenta que tuvo la opción de irse a una casa de acogida, pero no cree que la solución sea que la víctima tenga que encerrarse, en lugar del maltratador.

Isabel, su madre: sus manos y sus pies durante todos estos años

¿Cómo se siente una madre cuando maltratan a su hija? Isabel Ruiz lleva 8 años siendo madre, abuela y psicóloga de su niña.

“Vivo con impotencia, y siento rabia de ver que no ha existido justicia en este caso. Veo como este maltratador se pone en una pasarela en frente de la ventana de mi hija y también veo como se acerca con su perro de grandes dimensiones a su casa para asustarla”, cuenta esta madre.

Sobre la condena del agresor, esta madre asegura sentirse “indignada” y no entiende porque la justicia solo le impuso 60 días de trabajos a la comunidad y una orden de alejamiento de 300 metros durante dos años y medio. “Mi hija no tiene vida y no va a mejor porque el maltratador sigue acosándola y su familia estamos de guardia para que ella no haga una tontería”, cuenta Isabel y explica que su hija es como una niña pequeña. “Llevo a mis nietos al colegio, le hago la compra, le llevo la compra a casa y estoy pendiente de ella para todo. No entiendo a esta justicia, le ha salido muy barato esta situación a este sujeto”, asegura.

La madre de Paula también ha relatado que en 2019 desahuciaron a su hija porque no podía pagar el alquiler. “Nadie hizo nadie en ese y momento y tampoco tuvieron compasión”.

El Defensor del Pueblo recomendó una vivienda para esta víctima de violencia de género

El Defensor del Pueblo es conocedor de la situación de vulnerabilidad Paula y el pasado 19 de octubre de 2021 emitió una recomendación pidiendo a la Comunidad Autónoma de Murcia que adopte medidas para garantizar el derecho al a vivienda de las víctimas de violencia de género. La madre de la víctima se puso en contacto con esta institución porque en 2019, cuando su hija solo recibía una ayuda de los servicios sociales de 200€ y no podía pagar el alquiler, fue desahuciada. “Nadie hizo nada en ese momento. Ahora gracias a Dios le pagan el alquiler”.

Recomendación del Defensor del Pueblo / CADENA SER

8 años de amenazas, acosos y vejación. La última vejación ocurrió a mediados de abril cuando el presunto agresor la grabó por la calle y la amenazó, la joven denunció, emitieron una orden de búsqueda y captura, hasta que la madre en un acto de la Semana Santa lo vio por la calle y avisó al a policía y lo detuvieron. Finalmente archivaron el caso por ser "flojo". Madre e hija solo quieren que se haga justicia y que este caso de maltrato físico y sobre todo, psicológico no quede en vano.

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