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El cambio climático acelera la inversión para conseguir nuevas variedades de alimentos vegetales

La Región de Murcia pasa por ser un “laboratorio mundial” en el trabajo de investigación de cultivos mejor adaptados a un escenario de calentamiento global

El cambio climático acelera la inversión para conseguir nuevas variedades de alimentos vegetales

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Murcia

En Cieza está en marcha, a pleno rendimiento, la campaña de la fruta de hueso, con el melocotón como una de sus variedades más emblemáticas. Para encontrar el origen de ese melocotón que se recoge en la Región de Murcia en 2022, sin embargo, hay que irse hasta la década de los años 50 del siglo XX, al estado de Florida, en Estados Unidos, y allí encontraremos los ensayos que lo hicieron posible al mezclarlo con otra variedad procedente de la isla de Okinawa, en Japón.

Así de largo es el camino que permite el desarrollo de nuevas variedades de cultivos, ya sean frutales, hortícolas, verduras o plantas ornamentales. Pero esa ruta que trajo las variedades de melocotones a Cieza ahora emprende el sentido de vuelta. El reto que encara el sector de los obtentores vegetales, el de encontrar variedades mejor adaptadas al cambio climático, ha convertido a la Región de Murcia en un laboratorio mundial en este terreno.

"El proceso para obtener nuevas variedades es muy largo y ahora estamos tomando decisiones sobre las que saldrán dentro de diez años. Tenemos que hacer de adivinos sobre cómo serán entonces esas condiciones. Y el principal reto es la adaptación al cambio climático", explica Antonio Villarroel, el presidente de ANOVE, la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales.

Durante esta semana, ANOVE ha acompañado en una visita a la Región de Murcia a Francesco Mattina, el nuevo presidente de la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales, una institución dependiente de la Unión Europea. No en vano, en esta comunidad, además de centros públicos como el IMIDA, existen 14 centros de investigación de nuevas variedades pertenecientes a socios de ANOVE.

Un sector estratégico para Europa

Cada año se registran en España unas 400 variedades nuevas de las 3.500 que se dan de alta en toda Europa a través de esta oficina. España es el quinto país en este sector a nivel comunitario, por detrás de Hola, Alemania, Francia e Italia, pero los avances conseguidos en la Región de Murcia y Almería hacen que sea considerado un “polo de investigación más importante a nivel mundial”, como considera Antonio Villarroel: “Las variedades se desarrollan aquí, pero luego se mandan a California, a México, a Australia, a Sudáfrica…”, explica.

Un ejemplo está en la investigación en torno a la uva de mesa, cuyas variedades ITUM han atraído el interés de otros países dispuestos a pagar los royalties para su cultivo, pero también en frutales y hortícolas como lechuga o tomate.

Variedades más resistentes a los termómetros altos, que demanden menos agua, con un ciclo productivo más corto y que así eviten los meses de más calor... son sólo algunas de las características que entran en juego a la hora de plantear cómo adaptarse al calentamiento global

Con una población de millones de habitantes y que no deja de crecer, con tensiones geopolíticas y crisis alimentarias en el horizonte, para la Unión Europea es estratégico proteger desde el punto de vista intelectual estas variedades. Porque sin eso, no hay valor, y si no hay valor, no hay investigación que mejore los cultivos, detalla Francesco Mattina durante su visita a la Región de Murcia.

Más inversión que otros sectores tecnológicos

De media, pueden tardarse diez años en este proceso, a lo que hay que sumar también el proceso administrativo para registrar estas variedades en las oficinas nacionales acreditadas o en la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales. Se trata, al fin y al cabo, de conseguir cultivos que respondan a las necesidades de toda la cadena de producción y que, al mismo tiempo, atienda a las demandas específicas de cada uno de sus eslabones.

Según los datos de la Oficina, a nivel comunitario el sector destina entre un 13% y un 20% de su actividad a invertir en innovación. “Es un porcentaje superior al de otros sectores tecnológicos como el farmacéutico, el aeronáutico, el informático o el de automóvil”, según Villarroel.

A pesar de esto, la imagen que se puede tener del sector está muy alejada de la actividad vinculada a grandes compañías. Dice Mattina que “el 90% de empresas de mejora de semillas en la Unión Europea son pequeñas y medianas empresas (pymes)”. A ellas corresponde el 60% de los títulos otorgados de propiedad intelectual.

Variedades más adaptadas… y más verdes

La industria que hace posible esta aparición de nuevas variedades de cultivos de alimentos no sólo debe tener en cuenta cuánto van a subir los termómetros en las próximas décadas. La Unión Europea tiene sobre la mesa la hoja de ruta marcada por el European Green Deal o la estrategia Farm To Fork, además de las líneas de la Política Agraria Comunitaria que pasan por las restricciones al uso de pesticidas y fertilizantes y la reducción de superficie dedicada a producción agrícola. Es en este contexto, donde según Mattina, “tenemos que seguir innovando y buscando alternativas para que los agricultores puedan emplear otros sistemas de producción sostenible”. Por ejemplo, buscando variedades con más rendimiento o más resistentes a plagas, de forma que se reduzca ese uso de pesticidas.

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