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Sociedad

“No podíamos salir de allí, nos tenían completamente controladas, era como una cárcel”

La explotación sexual es un delito que tiene lugar dentro y fuera de nuestras fronteras, es también una de las peores caras de la trata de personas. Abordamos este tema con una víctima.

Trata de mujeres con fines de explotación sexual

Trata de mujeres con fines de explotación sexual

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“No nos daban apenas de comer. Teníamos que trabajar todos los días sin descanso, incluso estando enfermas nos obligaban a atender a los clientes”. Así explica Miriam (nombre ficticio) el infierno que sufrió en el prostíbulo en el que estuvo cautiva durante un año y que truncó sus sueños.

Tenía un reto y emprendió un viaje. Soñaba con tener una vida mejor y ganar dinero para, entre otras cosas, ayudar a su madre enferma. “Abrirse camino allí era muy complicado, la falta de trabajo, la delincuencia y la inseguridad hacen que sea muy difícil prosperar”. Tenía 18 años. Llegó a España en 2013 procedente de El Salvador pero los planes no salieron como había previsto. Una vez aquí empezó a trabajar cuidando niños pero aquello le duró poco así que comenzó a buscar entre los miles de anuncios que circulan en internet hasta que encontró uno que encajaba en su perfil: “Se necesita chica para limpieza”. Aquella oferta era una trampa, el anzuelo de una red de explotación sexual.

“Nos citaron en un piso, nos quitaron la documentación y después nos montaron en un vehículo que nos trasladó directamente a un prostíbulo fuera de Madrid”. La trata de personas es una forma moderna de esclavitud que constituye una violación de los derechos humanos. Consiste en el reclutamiento, transporte y tenencia de personas recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza para lograr un total control sobre ellas. Una realidad a menudo invisibilizada que se nutre de la desigualdad, la pobreza y la impunidad. Los tratantes aprovechan la situación de vulnerabilidad que rodea a las víctimas para obtener un beneficio, normalmente, económico gracias a su explotación. Se calcula que cada año hay unos 2,5 millones de víctimas, de ellas, el 75% son mujeres.

La explotación sexual es una forma de trata pero no la única. Las cifras que se desprenden del último estudio realizado por la ONU deberían escandalizarnos: alrededor del 39% de los hombres han pagado en alguna ocasión por mantener relaciones sexuales. España es el país europeo que más prostitución consume y ocupamos el tercer puesto en el ránking mundial, también somos uno de los principales destinos del tráfico de mujeres y uno de los principales puntos de tránsito. En la vida las cosas más terribles ocurren en silencio y de manera natural y esto es lo que ocurre con la explotación sexual. Muchas víctimas ejercen la prostitución en pisos pequeños o en prostíbulos y la mayoría lo hacen coaccionadas y amenazadas por unos tratantes que convierten sus vidas en una fábrica de horrores: “No podíamos salir de allí, nos tenían completamente controladas, era como una cárcel”, explica Miriam. Estas mujeres son la punta del iceberg de una realidad invisibilizada a la que nos cuesta mirar pero que se ha convertido en un sórdido negocio que mueve en el mundo más de cuatro mil millones de euros al año superando a la venta ilegal de armas.

Su cautiverio finalizó gracias a un cliente que le ayudó a escapar del burdel y, después de abandonarlo, pudo acudir a la Policía, todo un acto de valor si tenemos en cuenta que la mayoría no denuncia a sus tratantes por temor a que la red les haga daño a ellas o a sus familiares. Otra de las causas de la invisibilidad de estas mujeres es que muchas ni siquiera se reconocen como víctimas o nunca han estado en contacto con alguien que les explique sus derechos. Esto último es lo que hacen en Proyecto Esperanza, una entidad especializada en apoyo a mujeres víctimas de trata con fines de explotación que surgió en Madrid en 1999. Desde sus inicios hasta 2021 han atendido a 1.285 personas de 74 nacionalidades. "No hay un único perfil de víctima, pueden ser mujeres con un nivel educativo y cultural bajo pero también atendemos a universitarias. Las redes saben adaptarse perfectamente al tipo de persona que tienen delante, a la que quieren captar", afirma Marta González Manchón, coordinadora del área de sensibilización de dicha entidad.

El día en el que Miriam entró en contacto con esta oenegé su vida cambió, ahora mira al futuro con optimismo, ha conseguido un nuevo trabajo como encargada en una tienda, está estudiando y ha podido traer a su madre a España. Tiene la ilusión de seguir construyendo su futuro y de ayudar a mujeres que han vivido el mismo infierno y lo está haciendo. Actualmente “lidera” un grupo de terapia para mujeres víctimas de explotación sexual que tienen en marcha en Proyecto Esperanza. A pesar de todo “hay que mirar la vida de frente”, comenta. Mientras tanto, no deja de sonreír.

 
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