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Política

Rendidos ante el emir de Catar

Los méritos del emir son los del poderoso caballero de toda la vida: no solo tiene mucho dinero sino que ha decidido invertir en España

Madrid

La noticia me sonó a chiste pero era cierta: al emir de Catar se le ha otorgado la Gran Orden de Isabel la Católica. Bin Hamad la aceptó con satisfacción, no sabemos si bien informado de la política que llevó a cabo la de Castilla en relación a moros y judíos. No fue la única medalla que se llevó. No quiero ni pensar en lo que le habrá costado atravesar el arco de seguridad del aeropuerto.

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Los méritos del emir son los del poderoso caballero de toda la vida: no solo tiene mucho dinero sino que ha decidido invertir en España una cantidad que desborda por completo mi capacidad para imaginar riqueza. ¡Bienvenido Mr. Bin Hamad II! La necesidad de gas y la geopolítica justifican todo tipo de ceremonias, genuflexiones serviles incluso por parte de un país europeo que tiene como pilares fundamentales la igualdad y la libertad. Hacer compatible el republicanismo con la monarquía no es tarea fácil, pero siendo la nuestra constitucional, nos dijeron, los valores de ambos pueden ir a la par.

Sin embargo, a mí me parece que cuando se recibe tan hospitalariamente a los jefes de reinos absolutos y absolutistas, más parecidos a los medievales, la monarquía se aleja peligrosamente de los valores que compartimos todos. También el rey que, como representante de todos los españoles, incluidas las mujeres, debería defender: igualdad, libertad y respeto a los derechos humanos. Nada de esto hay en Catar y ninguna razón económica y diplomática justifican nuestra indiferencia cómplice con quienes ostentan el poder en un régimen en las antípodas de lo que es una democracia.

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