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Trapalanda: la ciudad de los Césares

“Existiría en el sur de Chile, en un lugar de la cordillera de los Andes que nadie puede precisar, una ciudad encantada, fantástica, de extraordinaria magnificencia. Estaría construida a orillas de un misterioso lago, rodeada de murallas y fosos, y asentada entre dos cerros, uno de diamante y otro de oro. Posee suntuosos templos, innumerables avenidas, palacios de gobierno, fortificaciones, torres y puentes levadizos. Las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, lo mismo que el pavimento de la ciudad, son de oro y plata macizos. Una gran cruz de oro corona la torre de la iglesia”. Así empieza el relato que proporciona el folclorista chileno Oreste Plath sobre esta leyenda

Mapa del Atlas Miller (1519) donde se observa la costa de Brasil y la desembocadura de los ríos Amazonas y De la Plata

Es un claro ejemplo en la historiografía de lo que se ha dado en llamar el "imaginario americano". Un acontecimiento histórico se va transformando poco a poco en mito para reconvertirse luego en una fantástica utopía. El padre Guevara hablaba de Trapalanda, otro de los nombres que recibe, como un quimérico territorio "cuyo descubrimiento nunca efectuado, fue polilla que consumió buenos caudales sin ningún fruto". Gracias a que se enviaron varias expediciones a la búsqueda de esta ciudad "de oro macizo", se fueron descubriendo otros lugares más reales y comprobables y se fue definiendo así la historia de las colonizaciones en Argentina. Lo mismo se puede decir con la frenética busca de El Dorado.

Entre los orígenes "históricos" de este neblinoso reino hay que hablar del navegante Sebastián Caboto que pidió autorización al rey Carlos I para buscarlo. En 1529, catorce soldados al mando de Francisco César, encontraron un enclave que pronto recibió el nombre de "Ciudad de los Césares", según cuenta el cronista Ruy Díaz de Guzmán. Este lugar era una especie de "Jauja", donde todo el que llegase podría conseguir riquezas sin esfuerzo. Otros relatos hablan de la "Ciudad del Rey Blanco", situada en algún lugar de los confines sureños del reino incaico en la que gobernaba un legendario y todopoderoso Señor, denominado el rey "Blanco”, no por su piel, sino porque los indios decían que estaba cubierto de láminas de plata.

Y otras leyendas, nacidas en torno a náufragos europeos llegados a las costas de la Patagonia, hablan de que se abrieron paso hasta la cordillera andina para, una vez allí, erigir una maravillosa ciudad plena de riquezas y felicidad. Nació así la leyenda de "la Ciudad de los Césares Blancos", que tiene dos variantes claramente definidas: en una, los náufragos se casaron con mujeres indias generando un reino mestizo y, en la otra, los náufragos llegaron con sus mujeres e hijos, creando una nación "blanca" en el interior ignoto de la cordillera de los Andes.

Un dato más. El 9 de marzo de 1914, un pionero de la aviación chilena, el teniente Alejandro Bello, despegó del aeropuerto Lo Espejo y desapareció en algún lugar de dicha cordillera, sin encontrarse ningún rastro suyo. El escritor Hugo Silva publicó en el año 1945 la novela Pacha Pulai, en la que exponía que el aviador realmente sobrevivió al accidente aéreo, siendo acogido por los habitantes de la Ciudad perdida de los Césares. Y, claro, se reavivó el mito...

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