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Cannes 2022 | Kore-Eda y Lukas Dhont apelan a la emoción y la ternura

Los directores han coincidido presentando 'Broker', una historia sobre familias y adopciones en la Corea actual, y 'Close', sobre el duelo y la amistad de dos niños belgas

Cannes (France), 27/05/2022.- (L-R) Emilie Dequenne, Gustav De Waele, Lukas Dhont, Eden Dambrine and Lea Drucker attend the photocall for 'Close' during the 75th annual Cannes Film Festival, in Cannes, France, 27 May 2022. The movie is presented in the Official Competition of the festival which runs from 17 to 28 May. (Cine, Francia) EFE/EPA/GUILLAUME HORCAJUELO / GUILLAUME HORCAJUELO (EFE)

Cannes

Con solo 31 años, el director belga, Lukas Dhont se ha convertido en uno de los favoritos para llevarse la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes. Descubierto aquí, con su anterior película Girl ganó en Una cierta mirada, el director ha presentado Close, una historia autobiográfica y tierna que ha emocionado a la crítica y que apela a uno de los temas más actuales en las sociedades modernas.

Close es la historia de dos amigos de trece años. Son mejores amigos, están todo el tiempo juntos, lo que suscita que en el colegio piensen que son novios. Risas, miraditas, críticas y uno de ellos, en una sociedad que sigue siendo homófoba, decide reafirmarse y distanciarse de su amigo. Se apunta a hockey para que vean lo fuerte que es, empieza a hablar de futbol con el resto de amigos, y a dejar de lado a su antiguo compañero. Hasta que un suceso trágico cambia las vidas de las dos familias y de estos niños.

Lukas Dhont muestra de manera sutil las dinámicas de la presión social en el mundo de los adolescentes, la homofobia, sin grandes peleas, ni insultos. Muestra cómo la usamos la violencia y lo físico como elemento para superar aquello que no entendemos. Los niños no hablan, pelean. No es una violencia que se ensañe la que ejercen, pero no saben canalizar lo que les pasa, tan solo se pelean. El deporte y el trabajo familiar, recolección de flores, sirve para exorcizar los demonios de este joven que se siente culpable, que ha madurado de repente y que ha comprendido que los actos tienen consecuencias. El director es elegante y luminoso, atardeceres, luz solar acompañan los rostros heridos de estos niños en una película donde el silencio, los gestos y la naturaleza son importantes.

El tema conecta con una problemática cada vez más desbordada en las sociedades actuales, como es el suicidio infantil y la homofobia. Junto a eso, está la poderosa interpretación de los actores -entre ellos Léa Drucker y Emilie Dequenne-, y su puesta en escena. Por todo ello, Close recibió una calurosa acogida en su estreno mundial en Cannes.

También emociona lo nuevo del japonés Kore Eda, Broker. El director, apodado el Spielberg japonés, vuelve a hablar de la familia, en este caso la familia elegida, de segundas oportunidades y de pillos que se redimen. Broker es una historia que moralmente puede llegar a ser confusa. Dos tipos se dedican a robar niños de un orfanato y venderlos a las familias adecuadas. Ellos fueron niños abandonados y creen que el orfanato es el peor de los lugares. Y así hasta que topan con una madre joven y triste que se arrepiente de haber dejado a su bebé en la calle.

Casi sin esfuerzo, con unos personajes de los que el director se enamora y hace que se enamore el espectador, Kore Eda transita por las razones del perdón y la redención, en un road trip en el que el director introduce una investigación policial y una parte de thriller. Broker no es tan perfecta como Un asunto de familia, película en la que consiguió la Palma de Oro hace unos años. En esta ocasión se acerca peligrosamente a algunos a cuestiones morales bastante reprochables, pero tiene la habilidad de surfearlas y hacer que sigas queriendo a sus personajes, liderados por el actor coreano Song Kang Ho, el protagonista de Parásitos. Una visión algo idealizada e irreal del mercado negro de adopciones que será difícil que logre repetir la Palma de Oro.

Por último, con una emoción más contenida está Showing Up, de Kelly Reichardt. La directora americana, por primera vez en competición oficial, se marca una defensa del arte, de la creación en una historia en la que vuelve a trabajar con Michelle Williams, una de las mejores actrices de Hollywood a la que Reichartd le ha dado sus mejores papeles. Es una escultura que tiene que acabar sus esculturas para una reciente exposición. En medio del trabajo se dedica a lidiar con su vecina, una artista más reconocida y ególatra, con su padre, y con su hermano, un ex artista a la deriva psicológicamente.

Una historia llena de dulzura, cocinada a fuego lento, como esas esculturas que el personaje de Williams prepara, que nos habla de compaginar trabajo, en este caso arte, y vida. ¿Dónde acaba uno y empieza el otro? Más allá de debatir sobre horarios, lo que hace la directora es hablar de cómo el caos vital ayuda a la creación. Una película sobre los cuidados, una mujer con necesidad de cuidar a quien nadie cuida. Tremenda la escena en la que vuelve sola a casa mientras sus compañeros están en una fiesta.

El cine de Reichardt se centra en historias pequeñas, anodinas, de gente a la que no le ocurren grandes cosas, pero cuyas vidas son universales, nos hablan de nuestro día a día, nos hablan a nosotros. Una historia intimista que es, de alguna manera, una reflexión sobre el propio cine de la directora, sobre seguir adelante cuando nadie te reconoce, cuando no sabes si saldrá bien, cuando todo a tu alrededor parece ir mal.

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