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'La maternal', retrato de la maternidad adolescente en la periferia

La ganadora del Goya con 'Las niñas' debuta en San Sebastián con 'La maternal', una indagación de la maternidad en chicas menores de edad sin recursos

Fotograma de 'La maternal' / BTEAM PICTURES

San Sebastián

Hay dos tendencias en el cine español este año. La mirada a la tierra, a lo rural frente a una sociedad marcada por la neurosis urbanística y la crisis -que reflejan películas como Alcarràs, As bestas, Suro, y la mirada a la maternidad y a la descomposición familiar. Una idea que inició Cinco lobitos, ópera prima de Alauda Ruíz de Azúa, que aparece también en el filme de Carla Simón, y que se mantiene en otras de las películas que hemos visto aquí en San Sebastián. Lo ha hecho, desde su posición masculina Jaime Rosales, en concurso con Girasoles silvestres. Y lo hace Pilar Palomero, que debuta en este festival, con La Maternal, después de ganar la Biznaga de Oro en Málaga y el Goya con Las niñas, su ópera prima.

Para La Maternal, Palomero usa conceptos que le salieron bien en su ópera prima, pero da un paso más en su puesta en escena, abriéndose a nuevas maneras de contar la realidad y de fusionar la ficción con el relato documental de los hechos. Historias reales e historias ficcionadas conviven para confeccionar un retrato global de lo que supone ser madre siendo menor de edad, sin trabajo, sin recursos y sin apoyos. Dice la directora que fue documentándose para Las niñas, donde la protagonista era una hija de madre soltera y joven en los años noventa, cuando encontró esas casas de acogida para madres adolescentes. En esos centros se documentó para el guion de su segunda película que comparte con su ópera prima el deseo de romper prejuicios hacía las mujeres de clase obrera.

La película se abre con una escena que marca el tono y la cercanía con el personaje protagonista. Una menor de edad, una joven alborotadora, hija de una familia desestructurada que se queda embarazada y es internada en una casa de acogida para madres con problemas. Un personaje tosco, antipático al que Palomero propone acercanos y del que va despojando de prejuicios. A la directora zaragozana se le da bien lograr naturalidad, verdad y ternura de las jóvenes actrices, algunas de ellas madres jóvenes reales que compartireron con la directora sus vivencias, su forma de hablar y también sus sentimientos. Eso ya lo consiguió en su anterior trabajo y aquí vuelve a quedar latente. Quizá una de las enseñanzas de Palomero de su maestro, el cineasta húngaro Béla Tar.

La película tiene una de las escenas que se quedan grabadas en la retina, la de esas chicas contando sus historias a cámara, que está en todo el metraje al servicio de las protagonistas y sus necesidades. Historias llenas de maltrato, violencia, abandono, falta de recursos. Circunstancias atravesadas por una maternidad no deseada a una edad temprana que les produce ser víctimas de prejuicios sociales y de mayor discriminación social.

Las película aborda las relaciones entre madres e hijas. Aborda también aquellos espacios que quedan al margen de todo. Aborda la adolescencia rota o, al menos, quebrada y el peso de la herencia familiar, de cómo la historia se repite generación tras generación. La de Ángela Cervantes -la madre- y la de Carla Quílez -la niña protagonista. Dos trabajos que elevan el nivel de una sección oficial donde las actrices de nuestro cine están ganando posiciones en el palmarés. Va a estar difícil colarse en la categoría de mejor actriz novel este año, según el nivel de las nuevas interpretaciones que estamos viendo en este festival. Carla Quílez se emociona y se vuelca en un personaje lleno de rabia, miedo, ternura y también desesperación. Y Ángela Cervantes demuestra la naturalidad con la que puede interpretar cualquier papel.

Palomero vuelve a usar la música para ubicar emocionalmente a sus personajes. Si en Las niñas, Bunbury nos situaba en esa infancia marcada por la Superpop, en La Maternal son las letras de Estopa las que nos sitúan en el extrarradio español, con un bonito gesto que une a madre y a su hija que no se llevan especialmente bien.

Ese extrarradio simboliza en el cine de Palomero un lugar fronterizo a su manera donde las mujeres tratan de sobrevivir contra los elementos y la incomprensión de los servicios sociales. La crítica a estas organizaciones es más laxa que la que plantea, por ejemplo, Botto con En los márgenes. Pero sí está la incomprensión de unas niñas que apenas han pasado a la edad adulta y tienen que enfrentarse a un embarazo, a un parto, a la crianza y a un cambio radical de sus vidas sin ningún anclaje familiar, laboral o económico. Quizá se echa en falta algo más sobre educación sexual, principal problema de las jóvenes, o un debate más amplio sobre el aborto.

Uno de los grandes aciertos de La maternal es proponernos a una protagonista antipática, que es la que debe -y lo consigue- emocionar y guiar al espectador por ese periplo vital que atraviesa. No es el retrato habitual de personaje sin recursos, víctima del sistema. Todo eso está, pero el relato de Palomero es duro y no condescendiente. La cámara acompaña a esas niñas, enfoca sus teléfonos móviles y encuadra un contexto de urbe que refleja la realidad cotidiana de muchos barrios y ciudades.

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