Hora 25El análisis de Xavier Vidal-Folch
Opinión

Por qué hay que acatar al árbitro

Pese a las prisas del aspirante al título, el partido no ha terminado. Hay tiempo. Tengan paciencia. Las precipitaciones no son buenas consejeras

Por qué hay que acatar al árbitro

Por qué hay que acatar al árbitro

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Barcelona

¿Por qué hay que acatar las decisiones del árbitro? Aunque uno piense que sean injustas; aunque pueda estar corrompido; aunque se equivoque, en una democracia es básico aceptar el juego normal de las instituciones. De lo contrario, acabaríamos en el caos, en la ley de la selva, en la ley del más fuerte. Porque lo que se respeta, lo que se acata, aunque no se comparta, es la función del arbitraje, las competencias de cada institución. Y eso es diferente a la calidad de las decisiones que adopten. O de la credibilidad o catadura de las personas que las encarnan en cada momento. Con las instituciones, siempre. Con las conductas de quienes las conducen, dependerá de cada caso.

No es imprescindible que quien esté en desacuerdo o se sienta maltratado por el arbitraje se resigne pasivamente al mismo. No es obligatorio. Puede buscar compensación, siempre que sea por las vías legales: o en las jerarquías superiores, o promoviendo reglas mejores, o por otros procedimientos, si están contemplados en el ordenamiento. Un Estado de derecho no tiene vacíos. Siempre se pueden rellenar.

Alguien ha dicho hoy que se criticaba al árbitro porque tenía el mandato caducado. Pues claro. En otros casos también ocurrió y no ocurrió nada. Pues claro, pero no sirven de precedente útil, porque entonces el árbitro no estaba en cuestión. Nadie lo había discutido por mantener un interés particular en prorrogar ilegítimamente su mandato. Ahora sí, y procede rectificar el desafuero.

Pese a las prisas del aspirante al título, el partido no ha terminado. Hay tiempo. Tengan paciencia. Las precipitaciones no son buenas consejeras.

 
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