Internacional

Lula da Silva toma posesión como presidente de Brasil y arranca una nueva era con retos pendientes y Bolsonaro fuera del país

El dirigente izquierdista ha estado rodeado de líderes internacionales en la que ha sido la última investidura en 1 de enero tras el cambio introducido en la Constitución

El dirigente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva se ha convertido este domingo de nuevo en presidente de Brasil, en un regreso largamente anticipado a la primera línea política que su predecesor, Jair Bolsonaro, seguirá desde la distancia, ya que no cumplirá con los trámites protocolarios en Brasilia al estar fuera del país.

El presidente electo ha llegado este domingo a la Catedral de Brasilia, donde los actos de su investidura han comenzado con un desfile entre una multitud de miles de personas que le aguardaban desde hace horas. Al llegar a la Catedral, junto a su esposa, Rosângela Janja da Silva y el vicepresidente electo, Geraldo Alckmin, también con su esposa, Maria Lucia Ribeiro, Lula ha subido a un Rolls Royce Silver Wraith sin capota de la Presidencia brasileña, en el que ha recorrido unos dos kilómetros hasta la sede del Parlamento, donde ha prestado juramento.

Las ceremonias se han concentrado en la Explanada de los Ministerios, una avenida donde se sitúan todos los edificios del poder público nacional y que desde las primeras horas de este 1 de enero ha sido ocupada por decenas de miles de personas, en su mayoría vestidas con el color rojo del Partido de los Trabajadores (PT).

AME3718. BRASILIA (BRASIL), 01/01/2023.- Miles de seguidores del presidente electo de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, se reúnen hoy en la plaza de los tres poderes para celebrar la posesión presidencial de Lula, en Brasília (Brasil). EFE/ Antonio Lacerda

AME3718. BRASILIA (BRASIL), 01/01/2023.- Miles de seguidores del presidente electo de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, se reúnen hoy en la plaza de los tres poderes para celebrar la posesión presidencial de Lula, en Brasília (Brasil). EFE/ Antonio Lacerda / Antonio Lacerda

El rey de España, entre los presentes

En la sede del Legislativo, además de todo el poder político, aguardan delegaciones de más de medio centenar de países que se han desplazado a Brasil para las ceremonias de investidura. Entre ellos, una veintena jefes de Estado y de Gobierno, que incluye al rey de España y a los presidentes de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Alemania y Portugal.

El rey de España, Felipe VI, durante la investidura de Lula da Silva, en Brasil.

El rey de España, Felipe VI, durante la investidura de Lula da Silva, en Brasil. / MAURO PIMENTEL

Después de prestar juramento, Lula pronunciará en el Parlamento su primer discurso en condición de nuevo presidente y luego se dirigirá al vecino Palacio de Planalto, sede del Gobierno, donde saludará a la multitud congregada en la Explanada. Las ceremonias oficiales concluirán con una recepción que será ofrecida por Lula a las delegaciones extranjeras en el Palacio de Itamaraty, sede de la cancillería, situada a unos quinientos metros de la sede de Gobierno.

Desde horas antes de la ceremonia, en la Explanada se celebra el llamado Festival del Futuro, un concierto que reúne a medio centenar de artistas populares y cuyo telón se prevé que bajará ya entrada la madrugada del lunes.

El regreso de la 'era Lula'

Lula ya gobernó Brasil entre 2003 y 2010, años durante los cuales elevó la presencia internacional del gigante sudamericano, simbolizada en unos inéditos Juegos Olímpicos, y adoptó medidas para tratar de combatir la pobreza y reducir la desigualdad.

Los numerosos escándalos de corrupción, en su mayoría vertebrados por la trama de la constructora Odebrecht, marcaron sin embargo, su legado en años posteriores. El propio Lula llegó a estar preso, tras una condena que la Justicia anuló 'a posteriori' por irregularidades y en un contexto donde la polarización política se había contagiado ya a todos los poderes del Estado.

Tanto Lula como el país en general han cambiado en estos últimos, aunque no así retos como la lucha contra la pobreza, ya que los datos demuestran que más de 33 millones de personas pasan hambre en Brasil, según la Red Penssan. Solo cuatro de cada diez familias pueden cubrir plenamente sus necesidades alimentarias y la ONG Oxfam estima que el país ha retrocedido a la década de los noventa.

La inseguridad y la inflación, retos pendientes

Brasil debe hacer frente también a lacras como la inseguridad y, en términos económicos, una inflación volátil --del 6 por ciento en noviembre-- y una desaceleración del crecimiento aún por concretar. El Banco Central estimó este diciembre que el PIB crecerá un 2,9 por ciento en 2022 y que, en 2023, se quedará en el entorno del 1 por ciento.

En términos políticos, Lula estará obligado a atender a una ciudadanía que está dividida, en la medida en que su victoria en las últimas elecciones no fue tan abultada como cabía esperarse y hubo menos de dos puntos de diferencia con Bolsonaro. De hecho, el mandatario saliente obtuvo 58,2 millones de votos, más de los logrados cuatro años antes. Ha conformado un gobierno multipartidista, aunque reserva para el Partido de los Trabajadores (PT) puestos clave, y con mayor presencia de mujeres, si bien dista mucho de ser paritario ya que la balanza sigue decantándose del lado de los hombres con 26 puestos a once.

El Congreso estará dominado además por partidos conservadores, gracias al auge de la ultraderecha, lo que limitará el margen de maniobra del nuevo presidente, que ha prometido una mayor transparencia presupuestaria y recuperar las políticas medioambientales denostadas por Bolsonaro.

Distancias con Donald Trump

Lula ya ha comenzado a dejar claro que, en el ámbito internacional, también marcará distancias con su predecesor, aliado del expresidente Donald Trump y crítico con el multilateralismo. Bolsonaro se quedó prácticamente solo a nivel mundial durante la pandemia de COVID-19, criticando las restricciones y difundiendo bulos sanitarios.

El dirigente ultraderechista pondrá fin a su mandato con un nivel de aprobación del 39 por ciento, mientras que el 37 por ciento de los ciudadanos reprueban su gestión, según la encuesta final de Datafolha. Son los peores resultados al término de un primer mandato desde la llegada de la democracia a Brasil.

Tensión social tras la derrota de Bolsonaro

El silencio de Bolsonaro tras el cierre de los colegios electorales dio pie a una ola de protestas marcadas por el bloqueo de carreteras. Pasaron varios días hasta que el presidente saliente se comprometió a iniciar la transición, aunque lo hizo con la boca pequeña y sin reconocer abiertamente que había sido derrotado --en los últimos años ya había dado pábulo a teorías conspirativas sin pruebas sobre fraude electoral.

Lula ha prometido que en los primeros compases de su mandato tomará medidas contra quienes siguen negándose a reconocer su victoria, en un momento en que sigue habiendo grupos de 'bolsonaristas' reclamando frente a los cuarteles una potencial intervención de las Fuerzas Armadas. También se han llevado a cabo operaciones para desarticular supuestos planes violentos.

Bolsonaro, sin embargo, no solo no ha dado muestras de suavizar su posición sino que ha completado su lista de desplantes con una sonada ausencia en la investidura de su sucesor. Según el portal G1, los abogados de Bolsonaro le han aconsejado que esté fuera de Brasil antes del 1 de enero por el temor a ser detenido.

El temor a posibles actos violentos ha llevado asimismo a movilizar un amplio dispositivo de seguridad, tanto en la ceremonia de investidura en sí como en las calles de distintas partes del país. El equipo de Lula ha organizado un concierto al que podrían asistir cientos de miles de personas.

La última investidura del 1 de enero

Es tradición que la investidura presidencial en Brasil ocurra el 1 de enero, ya que así lo establecía la Constitución, pero la de este 2023 ha sido la última ocasión en que la ceremonia coincida con el Año Nuevo. En 2021, se aprobó una enmienda constitucional que retrasa "al 5 de enero del año siguiente a su elección" la toma de posesión del nuevo presidente, algo que ya se aplicará en 2027.

 
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