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Benito Arias Montano: El extraño bibliotecario

En una carta dirigida a Gabriel de Zayas, secretario de Felipe II, Arias Montano describía su lugar de retiro y meditación, la Peña de Alájar (Huelva), en estos términos: «Estancia es, que por ninguna ciudad la trocaría por no haber visto en cuanto he andado en España ni aún en otras provincias, un sitio semejante a éste de la Peña de Aracena en el cual concurren muchas cosas naturales (…) Porque perpetuamente tiene verdura de monte, y pasto de yerba y diversos frutos que caen de las matas, y es caliente, donde jamás cuaja nieve y abunda en muchas partes de agua (…) Juntas todas las bellezas naturales que este lugar posee no creo haya pieza en Europa que le lleve ventaja…»

Benito Arias Montano / GETTY IMAGES

Nacido en Fregenal de la Sierra (Badajoz), fue un poco de todo: humanista, hebraísta, biólogo, traductor, teólogo, filólogo, matemático, poeta y políglota del que se dice que llegó a dominar, aparte del español y el latín, once idiomas. También fue editor de la controvertida Biblia Regia (o Biblia políglota) publicada en Amberes en ocho volúmenes (1568-1572), lo que le acarreará algunos problemas con la Santa Inquisición. En esa ciudad formó parte de un grupo o secta semi secreta y mística llamada Familia Charitatis (la familia del amor o de la caridad).

Arias Montano tras ingresar en la Orden de Santiago, acompaña en 1562 al obispo de Segovia, Martín Pérez de Ayala, al Concilio de Trento. El prestigio que le conceden algunas de sus intervenciones en el Concilio le convierten en una de las personalidades intelectuales del momento, hasta el punto de que en 1566 es nombrado capellán y confesor de Felipe II. Además, quiere que sea consejero suyo sobre asuntos de política exterior, especialmente en las cuestiones de Flandes y le encomienda la organización y catalogación de la biblioteca del monasterio de El Escorial que hace por temáticas y por idiomas.

El trabajo filológico y teológico de Arias Montano le cuesta una denuncia a la Inquisición por parte del catedrático salmantino León de Castro, el mismo que denunció a Fray Luis de León, por considerar que su interpretación del texto bíblico no guarda la suficiente fidelidad con las sagradas escrituras. La Inquisición lo exculpa finalmente y, tras renunciar a un obispado y a otras dignidades, se escapa siempre que puede a la Peña de Alájar.

Murió en una propiedad adquirida en Campo de Flores, Sevilla, el 6 de julio de 1598 a las tres y media de la madrugada. Dos meses después moría su mentor Felipe II que también había nacido en el mismo año.

A Benito Arias Montano no lo dejaron tranquilo sus enemigos ni después de muerto. Sus obras aparecieron en el Index Librorum Prohibitorum y su gran amigo y discípulo Pedro de Valencia hubo de emplearse a fondo en defender la memoria de su maestro de las impugnaciones de heterodoxia promovidas contra él. Hoy nadie duda que fue un auténtico sabio.

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